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13/1/13

• Terra Infinita 4: Papagayos, ballenas y la isla K'Gari

IMPRESIONES DE UN VIAJE POR AUSTRALIA



Un macho de Papagayo Australiano (Alisterus scapularis) en las montañas Lamington (Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 70-200 mm f:2.8L IS II
© Oriol Alamany

OTRA VEZ HACIA EL NORTE

Tras ocho apasionantes días en la isla de Lord Howe, Eulàlia y yo regresamos al continente. El avión De Havilland de hélices aterrizó en la ciudad de Brisbane, la capital del estado de Queensland, bajo la lluvia. Cogimos un taxi y fuimos a recoger la pequeña campervan Toyota 2WD que ya teníamos alquilada para proseguir la ruta. 
          La mayor parte del itinerario que íbamos a recorrer a partir de ese momento —exceptuando la isla Fraser— no requería de un vehículo de tracción a las cuatro ruedas, así que habíamos escogido esta furgoneta para ahorrar algo en el coste del viaje. Debido a las quejas que presentamos por el mal estado del vehículo anterior, en Cheapa Campa/Apollo Motorhomes nos aseguraron que este estaría perfecto. Cuando vimos que para cerrar la nevera había que quitar y poner un tornillo cada vez, que detrás del asiento del conductor habían restos de un pack de cervezas de algún usuario anterior, y que al cerrar el portón lateral se caían las gomas que aguantan el cristal, pensamos que mejor eso que un motor que se parara en los lugares más insospechados como habíamos tenido hasta entonces. ¡Estábamos hartos de discutir con esta empresa y ya sabíamos donde nunca jamás íbamos a volver a alquilar un vehículo!


Este fue nuestro transporte, restaurante, hotel y oficina durante el recorrido por el estado de Queensland.
Acuarela sobre papel Fabriano acquarello 300 g
© Oriol Alamany

          El plan para las tres siguientes semanas era ir viajando hacia el noreste del continente fotografiando costas y selvas, explorando distintas localidades. Algunas ya las habíamos visitado en nuestra primera estancia en Queensland veinte años atrás, pero otras no. El único compromiso en firme era estar el 14 de noviembre en la zona de Cairns para poder fotografiar el eclipse solar total.


Cascada en las montañas Lamington (Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode, panorámica
© Oriol Alamany

          El primer destino previsto eran Hervey Bay —localidad costera de gran fama para la observación de ballenas— y la isla Fraser, quizás el mejor sitio de Australia para fotografiar dingos. Pero como para los próximos días había previsión de lluvias, decidimos retrasar nuestra llegada allí adentrándonos primero hacia el interior para ver las montañas Lamington. El lugar es conocido como un buen sitio para observar algunas especies de aves propias de la selva húmeda, y sabía que la luz tamizada por las nubes y la llovizna sería perfecta para fotografiarlas.
          Reconozco que antes de viajar a Australia mi pasión por las cacatúas y papagayos era nula. Pero verlos desenvolverse en libertad en un árido desierto, en la selva tropical o en un bosque de montaña no tiene nada que ver con la idea que tenemos de ellos como animales de jaula. ¡Qué preciosidad de aves! Desde el primer viaje a Australia ahora les tengo gran cariño y me dan mucha pena cuando aquí les veo enjaulados y tan lejos de su hábitat natural. 
          En Lamington volvimos a topar con el rígido sistema de reservas que se está imponiendo gradualmente en muchos parques nacionales de Australia, en especial en Queensland: el Centro de Información estaba cerrado y para poder acampar había que hacer una reserva por internet o teléfono. Y ninguna de las dos cosas funcionaba allí. O sea que acabamos durmiendo furtivamente en el parking de un mirador, donde estaba prohibido pernoctar. Empezábamos a estar hartos de un sistema que no te permite viajar libremente, si no que te obliga a tener un itinerario absolutamente rígido y planeado, sin espacio para la improvisación.


LA ISLA FRASER O K'GARI, EL PARAÍSO DE ARENA

Charranes en la playa Este de la isla Fraser (Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 70-200 mm f:2.8L IS II
© Oriol Alamany

Un par de días más tarde y con una previsión meteorológica ya más favorable nos acercamos a Hervey Bay. Fuimos directos a reservar uno de sus famosos tours en barca para la observación de ballenas. Pero la desilusión fué total cuando nos dijeron que dos días antes habían visto marchar la última de ellas y ya no salían embarcaciones. ¡Había terminado la temporada de avistamientos!
          Así que no nos quedaba más remedio que olvidarnos de fotografiar las ballenas y cruzar el brazo de mar que nos separaba de Fraser, la isla de arena más grande del mundo. ¡Y vaya si tiene arena! Un lugar terrorífico para conducir, absolutamente inaccesible para los vehículos convencionales. Dejamos la furgoneta-vivienda en Hervey Bay, alquilamos a precio de oro un 4x4 algo desvencijado y un equipo de acampada y nos embarcamos en el ferry hasta la isla. 
          No se lo conteis a nadie, pero al cabo de quince minutos de desembarcar en Fraser nos habíamos perdido en sus laberínticas pistas y ya teníamos el Toyota Land Cruiser encallado en una pista que era un puro arenal. Eso a pesar de la tracción a las cuatro ruedas y la reductora. Creo que no había conducido por una pista tan intransitable desde que recorrimos Botswana en 2003.
          Tras sacar un montón de arena de debajo del coche y colocar ramas bajo las ruedas pudimos salir marcha atrás, reencontrar el buen camino y, dando bruscos saltos y sudando a borbotones, alcanzar la orilla Este de la isla, ¡buff! Habría que ir con muuucho cuidado para no quedar encallados.

Eulàlia buscando dingos en la playa Seventy Five Mile de la isla Fraser (Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L
© Oriol Alamany

Un Dingo inspecciona nuestra tienda de campaña instalada en una playa de la isla Fraser (Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 500 mm f:4L
© Oriol Alamany

          Por fortuna aquí empezaba lo bueno. Fraser puede recorrerse de abajo a arriba conduciendo a lo largo de su infinita playa Este, la Seventy Five Mile Beach, aunque tan sólo cuando la marea está baja. La superficie de arena húmeda es mucho más fiable que los profundos arenales de su interior. Cuando la marea sube hay que retirarse a las dunas litorales y esperar unas horas a que el agua vuelva a descender.
          Teníamos tres días por delante, así que buscamos un rincón solitario lejos de los turistas, montamos la tienda de campaña y dedicamos el tiempo a fotografiar el paisaje, calcular las mareas, encallar el 4x4, y también buscando y conviviendo con los dingos, los perros salvajes australianos. Fotografiar estos cánidos era mi principal objetivo en la isla ya que en Fraser conservan su raza más pura al no haberse mezclado con perros domésticos. A ellos dedicamos buen número de horas de trabajo en esta isla del Pacífico, cuyo nombre original en idioma batjala es K'Gari, que significa "paraíso".


Tres cachorros de Dingo comiendo una manta raya en la playa de la isla Fraser (Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 70-200 mm f:2.8L IS II + 1,4X
© Oriol Alamany

Restos del barco Maheno naufragado en la Seventy Five Mile Beach en 1935 la isla Fraser (Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 70-200 mm f:2.8L IS II + 1,4X
© Oriol Alamany


26/12/12

• Terra Infinita 1: Australia again

IMPRESIONES DE UN VIAJE POR AUSTRALIA

Atravesar Australia de norte a sur por tercera vez, uno de los objetivos de este nuevo viaje. En esta ocasión por pistas remotas.
Canon EOS 5D MkIII, 70-200mm f:2.8L IS II

1992-2012, veinte años. Hace dos décadas que Eulàlia y yo viajamos por vez primera al continente rojo, Australia. El destino se repetiría ocho años después, en 1999. Esos habían sido nuestros dos viajes más largos hasta la fecha y al final del segundo dimos el país por visitado. Estábamos saturados del rojo de sus rocas, del verde de sus selvas y del azul de sus amplios cielos. 
     De regreso a orillas del Mediterráneo se sucedieron los reportajes en revistas, conferencias, una exposición fotográfica itinerante (Terra Australis)... Durante un tiempo Australia fue una parte importante y extremadamente vital de nuestra carrera de fotógrafos y viajeros. Pero un total de casi seis meses recorriéndola y fotografiándola cada día nos pareció que ya era suficiente. Había que dirigir nuestros objetivos hacia otros destinos, vivir nuevas aventuras. Y así lo hicimos.

          Pero claro, eso fue hace ya trece años.


REGRESO A AUSTRALIA

El mágico (y extremadamente remoto) macizo de Purnululu (Western Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 320, 70-200mm f:2.8L IS II

El tiempo pasó, los recuerdos se difuminaron. Pero cuando estoy en mi estudio cada día removemos fotografías archivadas en el ordenador y, de vez en cuando, una imagen aparecía en mi programa de gestión de imágenes: la roca roja de Uluru, las marismas tropicales de Kakadu, los salvajes bosques lluviosos de Tasmania... y parecía que el corazón me daba un vuelco: por unas décimas de segundo mi espíritu se iba hasta las antípodas para luego regresar abruptamente a la realidad para proseguir el monótono trabajo de oficina. 

     El virus del Continente Rojo estaba regresando.

     A veces los destinos de nuestros viajes los decidimos por razones muy meditadas. Y otras por corazonadas o hechos meramente circunstanciales. A mediados del año 2011 descubrimos que el 14 de noviembre de 2012 se produciría un eclipse total de sol en Cairns, localidad de la costa australiana. Coincidiría ese evento astronómico con que se cumplirían veinte años de nuestro primer viaje allí. No nos hicieron falta más razones para decidir volver a ensuciarnos la piel con el polvo rojo de las pistas de Australia. ¿A qué espíritu viajero no le habría bastado?
     Cuando hace algo más de un año, el 27 de septiembre de 2011, publiqué en este blog un amplio artículo relatando historias relativas a nuestros dos viajes anteriores a Australia, en realidad era porque ya estábamos trabajando de lleno en la preparación del tercero. Pero en aquel momento aún manteníamos un discreto silencio sobre ese nuevo proyecto profesional.
    La idea era regresar de nuevo a algunos de nuestros destinos más queridos, atravesar el continente de norte a sur por tercera vez (la ruta directa Darwin-Melbourne son 3.752 km, algo más que la distancia de Cadiz a Estocolmo), pero esta vez por rutas mucho menos transitadas. Y también indagar nuevas localizaciones que habían quedado fuera de ruta en las dos ocasiones anteriores. 
     Trazando sobre un mapa una linea que unía todos estos puntos surgió un itinerario que cada día que pasaba iba alargándose más y más. Así, nuestra breve ruta inicialmente prevista acabó prolongándose y exigiendo más y más días de viaje hasta alcanzar los dos meses y medio. ¡Australia no es buen país para pretender verlo en unos pocos días! El nombre Terra Infinita que hemos dado a este proyecto fotográfico viene precisamente dado por la inmensidad de este continente de interminables horizontes.


MAL COMIENZO

El Parque Nacional de Kakadu, en pleno cinturón tropical (Northern Territory)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 70-200mm f:2.8L IS II

Septiembre 2012: En el primero de nuestros viajes nuestro punto de entrada fue Sidney. En el segundo, Perth. En esta ocasión fue la ciudad de Darwin, en el Top End tropical australiano. Y empezamos con mal pie: la compañía Qantas y/o su concesionaria Jet Airways perdieron nuestras maletas y nos encontramos con casi tres meses por delante sin ropa que ponernos y sin gran parte del equipo necesario para la realización del proyecto fotográfico (trípode, flash y numerosos accesorios). El recuento de lo perdido y el cálculo de lo que nos costaría volver a comprar en Australia lo más imprescindible nos hizo pasar dos días angustiosos. Por fortuna, y a pesar de la pésima atención recibida por el personal de la compañía aérea, las maletas acabaron apareciendo tras un par de días de espera. Nuestro viaje podía empezar.
     Ese fue el primero de los dos notorios cambios que notamos en el continente y que luego acabaríamos confirmando a lo largo del resto de viaje: respecto a nuestra estancias anteriores constatamos que (salvo excepciones) la tradicional simpatía de los australianos por el viajero de poco presupuesto parece haber desaparecido. Eso lo constatamos especialmente con el personal de dos grandes compañías, la línea aérea Qantas y la empresa de alquiler de autocaravanas Apollo, que también nos ofreció un servicio lamentable.
     Y eso nos lleva al segundo gran cambio: al hablar de nuestras estancias anteriores en Australia siempre decíamos que era un viaje costoso debido al precio del largo desplazamiento en avión, pero que una vez allí el coste de la vida era similar o incluso inferior al de España. Pues bien, a pesar del notable incremento de los precios que hemos sufrido en España, para nosotros ahora la vida diaria allí es extremadamente costosa. Eso lo descubrimos cuando entramos en el primer supermercado dispuestos a cargar de comida el vehículo 4x4-vivienda que habíamos alquilado. Con la fruta y las verduras a precios rondando los 4-5 € el kilo o incluso los tomates a 6-7 €, vimos que nuestra alimentación en los próximos meses debería ser de supervivencia. Se habían acabado antes de empezar los restaurantes, bares y otros "lujos" similares. 
     Además, los precios de los servicios turísticos (vuelos panorámicos, excursiones en barcas, alojamientos, etc) cuestan ahora el doble, el triple o incluso más de lo que costaban hace unos años. Por lo tanto tuvimos que hacer bastantes sacrificios a cambio de poder realizar un viaje tan prolongado. 

NUESTRO HOGAR EN LAS ANTÍPODAS


Acampados con la autocaravana 4x4 a centenares de kilómetros de la localidad más cercana (Western Australia)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 320, 17-40mm f:4L

En cualquier viaje los tres gastos principales una vez ya llegados al país de destino son los desplazamientos, el alojamiento y las comidas. Es por ello que, si ello es posible, Eulàlia y yo solemos alquilar una autocaravana que cubre las tres necesidades y, además, te proporciona una libertad inigualable que como fotógrafo valoro mucho. Y también es la solución más económica.
          Para la parte más dura de la ruta a través del árido interior del continente alquilamos un Toyota 4x4 con un habitáculo añadido encima de una ergonomía terrible debido a un diseño interior que parecía hecho por un aficionado. Por fortuna Eulàlia y yo tenemos la experiencia de años viajando en este tipo de vehículos así que, en unas horas y con unos apaños hechos con unas cajas cogidas de un supermercado nos lo adaptamos a nuestras necesidades.
          Para las últimas tres semanas en el más civilizado estado de Queensland, lo cambiamos por una furgoneta Toyota más pequeña y económica, ya que no necesitábamos las características todo-terreno.



Exterior e interior de la furgoneta 4x4 que alquilamos para la primera parte de nuestro tercer viaje por Australia.

CONTINUARÁ

En un viaje tan largo se ven y viven muchas cosas, así que de momento lo dejamos aquí. Pronto os hablaré de la ruta que hicimos, de los aspectos fotográficos del proyecto Terra Infinita y también de algunas de las localizaciones en las que estuvimos trabajando.


Un macho de King Parrot (Papagayo australiano) coqueteando con Eulàlia en los bosques de montaña del Parque Nacional Lamington (Queensland)
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 70-200 mm f:2.8L IS