22/5/20

ENTREVISTAS EN CONFINAMIENTO





Llevamos ya dos meses de confinamiento sin poder salir a la montaña ni viajar, las actividades que mueven nuestra vida como fotógrafos de la naturaleza. En el tiempo de encierro muchos hemos reemprendido proyectos pendientes, ordenado nuestra casa, limpiado el archivo fotográfico y la actividad de moda ha sido lanzarse a hacer intervenciones en directo o entrevistas a través de las redes sociales.

Ante la avalancha de intervenciones diarias de fotógrafos, yo he procurado dosificarme un poco, no he realizado ninguna y sólo he aceptado algunas invitaciones a participar.

Si os apetece ver algunas de estas charlas o entrevistas, os dejo aquí los enlaces:


17 de mayo
PODCAST DE "FOTOGRAFIANDO LA NATURALEZA" Entrevista con Xavi Vicient (1h 24min).

16 de mayo
DIRECTO DE INSTAGRAM EN VOORPRET.ES Entrevista (1h).

13 de mayo
DIRECTO DE INSTAGRAM EN LIEBANAFOT Sesión de responder preguntas de los asistentes (1h).

30 de abril
DIRECTO DE INSTAGRAM EN LIEBANAFOT Entrevista (1h) (Pasadas las primeras 24h desaparece).

20 de abril
MEMORIAS CAPÍTULO 4 DE EGOITZ IKAZA Yo aparezco a partir del minuto 10.

14 de abril
DIRECTO DE INSTAGRAM EN AEFONA Debate con el fotógrafo Òscar Domínguez sobre "El papel de la fotografía en la conservación de la biodiversidad" (1h).

11 abril
WEBMINAR FOTOGRAFÍA EN TUS VIAJES Webminar con Mario Rubio (2h15) (Es necesario suscribirse a La Academia de Fotografía).

Por otra parte, sigo participando en el grupo WILD CONFINEMENT, donde siete fotógrafos profesionales de la naturaleza mostramos nuestras fotos realizadas durante el confinamiento. Y en mi INSTAGRAM profesional he puesto varias series de fotografías de trabajos personales.






1/4/20

WILD CONFINEMENT, 7 FOTÓGRAFOS DE LA NATURALEZA CONFINADOS POR COVID-19


    



Los fotógrafos que nos dedicamos a realizar imágenes de la naturaleza somos personas habituadas a estar al aire libre. Nuestro trabajo, los días que no estamos encerrados en casa intentando comercializar nuestras fotografías a empresas y clientes, consiste en pasar horas y horas en la montaña. Ya sea recechando a los esquivos animales salvajes, fotografiando paisajes con las primeras luces del amanecer, o echados en el suelo entre la hierba húmeda y musgos encuadrando una pequeña flor.


Sin embargo, desde mediados del mes de marzo, con la declaración del Estado de Alarma en España, nos hemos visto obligados a permanecer encerrados en nuestros hogares, colaborando con nuestra reclusión en la lucha contra la pandemia Covid-19. Además ha sido justo al inicio de la primavera, la estación del año con más trabajo, cuando la naturaleza explosiona de vida. Siempre digo que cada uno de nosotros tiene un número de primaveras limitadas para disfrutar a lo largo de su vida. Por ello  resulta muy triste perderse una. Esta reclusión forzada será un golpe durísimo que tambiñen hará que nuestras pérdidas económicas serán considerables.

Pero los fotógrafos de la naturaleza estamos acostumbrados a pasar horas o incluso días esperando, ya sea recluidos en un diminuto escondite para captar la imagen de un ave esquiva, o bien un rayo de buena luz para plasmar mejor un paisaje. Así que aquí estamos todos, pacientemente encerrados y alejados del mundo natural que tanto amamos y necesitamos. 


Pero incluso en la más inerte de nuestras ciudades, por la abertura de una ventana puede verse un atisbo de vida: gorriones, palomas, gaviotas o vencejos, un árbol, unas nubes bonitas o un día de lluvia nos recuerdan que el mundo natural sigue vivo allí fuera. Es por ello que siete fotógrafos de la naturaleza hemos abierto una cuenta de Instagram –la red social fotográfica por antonomasia–, con el nombre Wild Confinement. Ahí compartiremos cada día de la semana imágenes de naturaleza realizadas desde nuestras casas durante estos días de encierro.



Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) observando unas obras detenidas por el Estado de Alarma, Barcelona, marzo 2020.
©Oriol Alamany



Otra visión bien distinta de unas gaviotas, plasmadas de manera indirecta y en blanco y negro, Molins de Rei, marzo 2020.
©Joan Gosa Badia


La idea partió del fotógrafo Òscar Domínguez, quien fue invitando a unirse a este reducido grupo a algunos profesionales cuya filosofía fotográfica se basara en la autenticidad y en el respeto y conocimiento de la naturaleza.  Su idea era limitar el número a siete, los necesarios para publicar, al menos, una fotografía a la semana cada uno. El objetivo es mantenernos activos (ya que no podemos trabajar en nuestro medio) y mostrar al público imágenes positivas de nuestro entorno más cercano.


Aunque todos trabajamos en la fotografía de la naturaleza, como guías naturalistas, o incluso realizando estudios científicos de especies, l
a mayoría de miembros de Wild Confinement vivimos en pisos dentro de ciudades, sin más aberturas al exterior que una ventana que da a la calle o a un patio interior. Otros tienen un pequeño balcón y alguno incluso un jardín. Todos vamos a exprimir nuestras capacidades fotográficas y nuestra creatividad para mostrar que, incluso durante este largo y forzoso encierro, la naturaleza está cerca de nosotros. Y la esperanza de volver a disfrutarla estará siempre presente.



Palomas torcaces (Columba palumbus) apareándose, Berlín, marzo 2020.
©Jon A. Juárez


Escena de cómo se hizo la fotografía de las palomas torcaes, Berlín, marzo 2020.
©Jon A. Juárez




Lágrimas de la Virgen (Allium neapolitanum), Barcelona, marzo 2020.
©Oriol Alamany



Fotografiando las flores en mi estrecho balcón, Barcelona, marzo 2020.
©Oriol Alamany


En esta panorámica realizada con mi teléfono móvil, se aprecia la vista que tengo desde mi galería hacia el interior de una isla de casas del barrio de Poblenou. Habrá que ver qué fotografías de naturaleza logro hacer desde aquí,
Barcelona, marzo 2020.
©Oriol Alamany


Los siete fotógrafos miembros de Wild Confinement son:

Òscar Domínguez (Barcelona) @deepwildphoto
El impulsor de la idea, fotógrafo profesional especializado en vida salvaje y conservación. Con sus historias trata de mostrar la vida salvaje y su entorno así como las personas que viven cerca de ella. Considera de vital importancia tener en cuenta a las poblaciones locales e involucrarlas en la protección de especies y espacios. Está especialmente interesado en fotografiar sujetos poco documentados y en estado salvaje. En 2016 recibió el premio “Fotógrafo Conservacionista del año” de AEFONA por su trabajo sobre el sisón común y su estado de conservación en Cataluña.

Joan Gosa (Molins de Rei) @joangosaphoto
Fotógrafo profesional freelance multidisciplinar. Se considera un viajero apasionado de las culturas del mundo y las relaciones del hombre con la naturaleza, prefiriendo los ambientes montañosos.
Combina su gran pasión viajera con la labor de foto-periodista deportivo y actualidad para una importante agencia de noticias y tiene su propio estudio fotográfico donde desarrolla sus proyectos personales y profesionales junto con sus clientes.

Marcos G. Meider (Benalmádena) @marcosgmeider
Fotógrafo profesional especializado en fotografía de naturaleza, vida salvaje y viajes nacido en Inglaterra en 1969. Poco después, se mudó al sur de España con su familia y desde pequeño siempre sintió una atracción especial por la naturaleza y la vida silvestre, encontrando en el campo y el mar su terreno de juegos perfecto. Autodidacta como muchos otros fotógrafos, escogió la fotografía como su profesión. Hoy en día trabaja como fotógrafo freelance y combina sus imágenes con artículos y textos escritos por él mismo para diferentes editoriales y revistas, intentando mostrar al público la importancia de la naturaleza y la vida salvaje en nuestras vidas, así como lo frágil que puede ser si no las cuidamos como se merecen.

Jon A. Juarez (Berlín) @jonjuarez.photo
Biólogo sobre el papel pero fotógrafo de corazón, trabaja para acercar a las personas a la naturaleza y crear conciencia sobre la problemática ambiental. Coordina y dirige el grupo de la Sociedad Alemana de Fotógrafos de Naturaleza (GDT) de Berlín y Brandeburgo, y ha ganado varios premios, entre ellos dos 2º premios en el European Nature Photographer of the Year.
Sus talleres de fotografía para niños le han permitido abordar temas como la contaminación, el peligro que corren los insectos y el cambio climático. También participa en proyectos con niños refugiados, lo que le llevó a ganar el 3º premio al Voluntario del Año en Alemania. “The Heart of the Barracks”, es la historia de un grupo de niños refugiados que aprendieron a respetar la naturaleza a través de la fotografía.

Ugo Mellone (Granada) @ugomellone
Naturalista y fotógrafo profesional. Italiano afincado en Granada, trabaja especialmente en entornos mediterráneos, así como en el Sáhara y en Patagonia. Ganador de la beca Montphoto / WWF de fotoperiodismo de conservación. Es doctor en biología y ha desarrollado investigaciones sobre migración de aves rapaces.

Edgar Madrenys (Corbera) @madrenys
Fotógrafo profesional, técnico de fauna y guía de naturaleza. Enamorado de los ecosistemas fríos, en particular los Pirineos, donde le gusta perderse tras los rastros de cualquier animal. Lleva años trabajando y estudiando la fauna de alta montaña, especialmente las tetraónidas.
Como fotógrafo le mueve el desafío de fotografiar y filmar la fauna en su estado más salvaje. En sus trabajos intenta dar a conocer la esquiva y maravillosa fauna salvaje que nos rodea.


Oriol Alamany (Barcelona) @oriolalamany
Fotógrafo profesional de naturaleza y viajes, naturalista y escritor de diversos libros. Le gusta de manera especial fotografiar en los desiertos, las montañas y las islas. Y si son localidades poco frecuentadas, mucho mejor. Fundador de DEPANA (Lliga per a la Defensa del Patrimoni Natural) y AEFONA (Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza). Realizó estudios sobre fauna en los Pirineos, y con asiduidad trabaja en colaboración con científicos en proyectos de fotografía de conservación, como la pardela balear, el leopardo de las nieves, los halcones peregrinos urbanos o el oso pirenaico. Le encanta narrar esas historias a través de sus imágenes y textos en revistas, libros, conferencias, radio, TV o en su blog.


Paloma torcaz (Columba palumbus)) en un árbol brotando, Barcelona, marzo 2020.
© Òscar Dominguez


Jabalí (Sus scrofa) easomando por la verja del jardín, Corbera, marzo 2020.
© Edgar Madrenys


Si te gusta el proyecto, puedes seguirnos y comentar las fotografías en:



@wildconfinement





16/3/20

YO ME QUEDO EN CASA #3 - EMPIEZA EL CONFINAMIENTO




Supermercados vacíos, consecuencia del pánico de la población.
Huawei P10
© Oriol Alamany



El sábado 14, antes de la publicación del Estado de Alarma por la pandemia del Coronavirus, fue un día muy extraño. 

En primer lugar intentando reclamar o recuperar todo lo pagado para el cancelado viaje a la Ántártida: vuelos, hoteles, alquiler de automóvil, parking, alojamientos, barco... Por fortuna, ante la magnitud de la situación algunos de los servicios nos ofrecieron cambiar la fecha, o bien recuperar todo o parte de lo pagado. Las pérdidas económicas de este viaje en concreto tampoco van a ser tan catastróficas como esperábamos. De todos modos, nuestros próximos viajes fotográficos con clientes sí que empiezan a peligrar.

Cómo debíamos haber marchado varias semanas, nuestra nevera estaba vacía y las reservas alimenticias bajo mínimos, así que debimos salir a abastecernos. Y lo que nos encontramos nos dejó alucinados: los supermercados llenos de gente, las estanterías vacías y la ya tan comentada e incomprensible paranoia con el papel higiénico. Y eso sí, todo el mundo agolpado sin respetar la distancia de seguridad que por las televisiones estaban repitiendo machaconamente una y otra vez.

Mientras tanto, las maletas del viaje seguían en el comedor, repletas de ropa de abrigo. No nos veíamos con ganas de deshacerlas. A modo de consuelo Eulàlia y yo estrenamos los calcetines de pingüinos que nos habíamos comprado para la ocasión.


Con pingüinos, pero muy lejos de la Antártida.
Huawei P10
© Oriol Alamany


Si el sábado 14 fue raro, el domingo 15 fue surrealista. Tras la declaración de confinamiento obligatorio para intentar frenar la expansión de la Covid-19, por la mañana bajé un instante a tirar la basura al contenedor y lo que vi me sorprendió: la calle llena de gente. A media mañana me asomé de nuevo al balcón de nuestra casa en Barcelona y allí estaban: centenares de personas rondando por la calle. Pero no haciendo cosas urgentes o imprescindibles, si no paseando, con los niños, haciendo deporte,  un grupo de ancianos charlando sentados en un banco, otro grupo de jóvenes sentados juntos tomando cervezas... Seguro que mucha de esa gente había arrasado ayer con el papel de water en el supermercado o aplaudido por la noche desde sus ventanas en el homenaje al personal sanitario, y ahora ahí estaban, paseando tranquilamente la mañana del domingo incumpliendo la petición de reclusión, soltando virus por todas partes. Ni asomo de la Guardia Urbana, los Mossos d'Esquadra o la Policía para mandar la gente a casa.

Y las noticias nos contaban la multitud de personas de las comunidades de Madrid, Catalunya o Euskadi (y me imagino que de otros sitios) que habían aprovechado el fin de semana para irse de fin de semana o vacaciones a contaminar las zonas rurales aún no infectadas.


Primera mañana de confinamiento obligatorio, las calles llenas de gente.
Panasonic Lumix TZ200
© Oriol Alamany


A veces se dice que vivimos en un país de pandereta y no hay duda de que es cierto. La estupidez no tiene fronteras. En este blog no quiero meterme en política, pero ni las medidas tomadas por los distintos gobiernos, ni el comportamiento de los ciudadanos y empresarios parece que vayan a lograr parar esta enfermedad con rapidez. Esperemos que sea la misma naturaleza la que decida reducir la presencia o contagio del virus, porque si tenemos que confiar en nosotros mismos vamos apañados.





15/3/20

YO ME QUEDO EN CASA #2 - SIN VIAJES

Todo listo para viajar a la Antártida. O no.
Huawei P10 Monochrome
© Oriol Alamany


El momento de deshacer la maleta al finalizar un viaje siempre resulta triste. Es el instante en que te das realmente cuenta de que todo acabó y que no queda más remedio que regresar a tu vida habitual: hay que lavar la ropa y guardarla, recoger el equipo fotográfico, y también todos esos artilugios que te llevaste a recorrer mundo pensando que te resultarían imprescindibles... la mitad de los cuales no has utilizado para nada y que ahora deben volver, uno a uno, a su sitio. Y también algún libro, mapa o recuerdo que has comprado al que ahora deberás buscar un emplazamiento en tu ya repleto hogar. Y una vez vaciada, guardarla y volver al trabajo cotidiano en espera de tiempos mejores que nos permitan escaparnos de nuestra rutina.

Pero hay algo aún más triste que eso: tener que deshacer la maleta sin tan siquiera haber hecho el viaje. Este pasado viernes 13 de marzo, Eulàlia y yo debíamos haber embarcado en una más de nuestras aventuras por tierras lejanas: nos íbamos a la Antártida, un destino largamente ansiado. Pero la pandemia de Coronavirus Covid-19 ha trocado nuestras semanas entre hielos, ballenas y pingüinos por una monótona reclusión en nuestra casa en Barcelona.

Tras el disgusto de la cancelación nuestras maletas se quedaron en un rincón, cerradas, repletas de forros polares, chaquetas de abrigo, camisetas y pantalones térmicos, gorros y todo tipo de guantes, etc. Hasta que al cabo de un par de días hemos tenido el valor para vaciarlas.

En el futuro ya habrá tiempo para otras aventuras. Ahora lo que toca es luchar contra este incordiante bichito que ha decidido poner en jaque a la humanidad entera. Si realmente su origen es debido al tráfico y consumo humano de especies animales salvajes como murciélagos y/o pangolines, la naturaleza nos está dando una justificada bofetada de aviso. "Ya que no hacéis nada con otras amenazas a largo plazo como la emergencia climática, el agotamiento de recursos, la extinción de especies, o vuestra apabullante superpoblación, o bien me respetáis u os enseño cómo soy capaz de cargarme toda vuestra orgullosa y opulenta sociedad en un par de semanas".

A ver si algunos toman buena nota del aviso cuando esto termine y la relación del hombre con la naturaleza cambia... aunque lo creo poco probable.

¡Feliz encierro!




14/3/20

YO ME QUEDO EN CASA #1



Para ayudar a los trabajadores de nuestra Sanidad Pública, para proteger a nuestros mayores y las personas más vulnerables, para hacernos un favor a nosotros mismos, por favor, ahora es momento de quedarnos en casa.

#YoMeQuedoEnCasa #Coronavirus

14/1/20

AUSTRALIA: LA CATÁSTROFE DE LOS INCENDIOS


Incendio provocado en la sabana del Parque Nacional Uluru-KataTjuta, Northern Territory, Australia, 2012
© Oriol Alamany


Australia es un país que mantiene una arriesgada relación con el fuego. 

Hace unos 70.000-40.000 años los aborígenes llegaron allí procedentes de las islas del sudeste asiático y colonizaron aquel continente. Durante milenios incendiaron bosques y sabanas con la intención de favorecer la caza de canguros, ualabíes y otras especies de las que se alimentaban.

"Aquí el fuego es nuestro amigo", dice en una entrevista el aborigen Noel Butler . "El fuego se ha utilizado para mantener, para cuidar todo este continente para siempre". "No se debe permitir que los eucaliptos dominen a los otros árboles. Si un arbusto comienza a invadir una pradera, debe ser quemado."


Con frecuencia se argumenta que todo lo que hacían las civilizaciones primigenias era bueno y en consonancia con la naturaleza, el mito del "buen salvaje". Yo siempre he tenido dudas sobre ello. Al no dejar evolucionar naturalmente los ecosistemas, los continuos incendios modificaron la vegetación de gran parte del Continente Rojo, favoreciendo a las especies pirófitas, altamente inflamables, las que necesitan del fuego para procrearse, y favoreciendo también a los animales propios de zonas abiertas.



Incendio forestal intencionado en el interior del Parque Nacional Kakadu, Northern Territory, Australia, 2012
Réflex digital FF a ISO 200, 70-200 mm f:2.8 a 130 mm
© Oriol Alamany


Tras la llegada de los europeos a partir del siglo XVII y su generoso aporte de armas de fuego, veneno, gatos, perros y zorros que diezmaron aún más la fauna autóctona, los nuevos "colonizadores" también provocaron más y más incendios para abrir el territorio a la agricultura y la ganadería.

Posteriormente la estrategia de quemar la vegetación se trasladó incluso a la gestión de las zonas protegidas como Parques Nacionales ya que sus gestores consideran que quemar es una gestión del territorio "tradicional". La justificación es "Más vale quemar controladamente ahora, que tener luego incendios incontrolables". Una estrategia sobre la que personalmente tengo mis dudas. Más cuando muchos de los incendios que vi allí no eran controlados por nadie. Me recuerda algo a la del ex-presidente norteamericano Bush cuando dijo que para evitar el peligro de los incendios forestales, lo que había que hacer era cortar todos los bosques. Inteligente solución.



Incendio provocado en las llanuras desérticas de la región de Kimberley, Western Australia, Australia, 1999
Réflex de formato medio 4,5x6, 40 mm f:4, película Fujichrome Velvia 50, trípode
© Oriol Alamany


Eulàlia y yo hemos viajado tres veces a Australia, sumando un total de nueve meses en la carretera, recorriendo el país de cabo a rabo, viviendo en la naturaleza, fotografiándola. Y siempre nos ha sorprendido esa manía australiana de quemarlo todo, incluso en el interior de los parques nacionales donde pienso que el ser humano debería intervenir lo menos posible. Es algo que los australianos justifican con mil razones, pero cuando uno se encuentra el monte ardiendo en muchos lugares del país, se hace difícil de entender la estrategia. 

Supongo que no debo tener los conocimientos naturalistas suficientes para comprenderlo. A mí se me antoja como una práctica empobrecedora. Una cosa es un incendio natural de vez en cuando, que abre el bosque y favorece el crecimiento del pasto. Otra muy distinta es hacerlo de manera sistemática, incluso en zonas teóricamente protegidas. Si alguien quiere dejar su opinión en los comentarios, se acepta el debate.



Bosque quemado intencionadamente en el interior del Parque Nacional Tjoritja, Northern Territory, Australia, 2012
Réflex digital FF a ISO 200, 17-40 mm f:4 a 20 mm
© Oriol Alamany


Ahora los incendios de este verano austral superan todo lo imaginable: desde el pasado septiembre se han quemado cerca de 8 millones de hectáreas (y siguen), han muerto más de 1000 millones de animales vertebrados, destruido miles de casas y muerto 28 personas, muchos de ellos bomberos que luchaban heroicamente contra esta tragedia. Se está criticando mucho las medidas (o más bien falta de medidas) que ha tomado el gobierno. 

En el estado de New South Wales se dice que un tercio de los koalas han muerto. Estos animales también han resultado muy afectados por el fuego en la isla Kangaroo, un lugar aislado del continente donde los introdujeron precisamente para garantizar su persistencia en caso de epidemias con las poblaciones continentales.



Koala en la isla Philip, Victoria, Australia, 1992
Réflex 35mm, 300 mm f:2.8, diapositiva ISO 100
© Oriol Alamany


Seguramente algunos de los incendios no tienen relación con fuegos intencionados, si no que han sido consecuencia de la brutal ola de calor que ha batido records de temperaturas máximas, también de la inusual sequía que afecta al continente (parece que en parte relacionado con el cambio climático), por las tormentas de rayos, y a que la vegetación de la Australia actual es un polvorín. Sin embargo desde noviembre se han denunciado ya a 183 personas por encender fuegos. ¿En qué piensa la gente?

Los incendios siguen quemando a toda potencia, o sea que el desastre ecológico aún no ha terminado. Ojalá un inusual cambio de tiempo trajera algunas lluvias que de algún modo ayudaran a paliar la situación. Pero es difícil ya que, lamentablemente, el verano austral aún no ha alcanzado sus mayores temperaturas, que suelen darse en enero y febrero. 

Australia tiene un lugar muy especial en el corazón de Eulàlia y mío. Y ahora nos duele ver cómo se está destruyendo de manera tan devastadora e incontrolable.



Los árboles escasean en el desierto de Uluru, pero estos dos ejemplares murieron por un incendio en el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, Northern Territory, Australia, 2012
Réflex digital FF a ISO 100, 70-200 mm f:2.8 a 125 mm
© Oriol Alamany



Si quieres ayudar, pueden hacerse donaciones a varias ONG que trabajan en la ayuda a las víctimas como Australian Red CrossSalvation Army Australiathe NSW Rural Fire Service, y St. Vincent de Paul Society Australia.
También puedes ayudar a las devastada poblaciones animales donando a grupos de rescate de vida silvestre como WIRESPort Macquarie Koala Hospital, y Currumbin Wildlife Hospital

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Si queréis leer sobre nuestras experiencias en Australia, podéis consultar anteriores artículos sobre el Continente Rojo.