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3/8/26

LOCOS POR UN ECLIPSE



Los medios de comunicación y los influencers de las redes sociales no dejan de hablar del eclipse de Sol total del próximo 12 de agosto.

Se esperan millones de observadores; los alojamientos más modestos se ofrecen a precios astronómicos, las administraciones habilitan aparcamientos para que la gente se agolpe por centenares y contemple el acontecimiento astronómico del año, mientras que "reputados" astrólogos (y sus crédulos seguidores) advierten de que, si vas a verlo, aflorará tu oscuridad interior y tu vida se convertirá en un desastre.

Personas que jamás han presenciado un eclipse total hablan como si fueran expertas en televisiones, radios y pódcasts; se ofrecen innumerables cursos para fotografiarlo, y periódicos y redes sociales publican infinidad de artículos y mapas con las que, según ellos, son las mejores localizaciones para conseguir la fotografía perfecta.


Un eclipse total del 100 % es un fenómeno raro y mágico, no hay duda (¡ojo, uno del 99 % no tiene nada que ver!). Yo tuve el privilegio de contemplar uno hace años y fue una experiencia absolutamente asombrosa.

Esta obsesión colectiva por comercializarlo todo y convertir cualquier acontecimiento en un espectáculo, esa necesidad casi enfermiza de conseguir «la foto», puede arruinar una experiencia única. Yo, sin duda, volveré a verlo, pero, a pesar de las peticiones que he recibido, he decidido no organizar ningún curso ni ninguna salida. Iré a contemplarlo con mi compañera y un par de amigos.


¿Quieres hacer una foto? Hazla. Pero no hace falta que dispares quinientas. Tendrás poco más de un minuto para disfrutar de la totalidad. No te pierdas el instante más emocionante: el comienzo de esa fase. El cielo se oscurece, se levanta una brisa suave, desciende la temperatura, los pájaros empiezan a cantar y el Sol se transforma en un disco negro rodeado por una delicada corona de luz. Contémplalo. Disfrútalo. Después ya harás alguna fotografía, probablemente muy parecida a la que tomarán millones de personas en todo el mundo.

Que conseguir una fotografía de recuerdo no te impida llevarte un recuerdo eterno grabado en la memoria.


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Si, de todos modos, quieres llevarte alguna fotografía de recuerdo, ESTE ARTÍCULO que publiqué en 2015 quizás pueda ayudarte.


12/3/26

NUEVO CURSO DE FOTOGRAFIA DE NATURALEZA




En los años 80 cree los primeros cursos de fotografía de naturaleza que se realizaron en España y, durante años, impartí muchos de ellos. En 1997, recopilé mis enseñanzas en el libro “Fotografiar la naturaleza, hoy en día agotado, pero del que se vendieron cuatro ediciones y que durante años fue considerado el manual básico para cualquier aficionado a esa disciplina fotográfica. Luego publiqué dos manuales más de fotografía: Viajar con tu cámara (2001) y Fotografía en tus viajes (2013)

 

Como actividad complementaria a mi trabajo como fotógrafo profesional, en el aspecto educativo estos últimos años me he centrado más en la realización de talleres prácticos y viajes fotográficos, dejando un poco de lado la divulgación teórica. 

 





Pero ahora, por iniciativa del Centre de Formació del Laberint d’Horta, en Barcelona, estoy creando un completo curso teórico-práctico, totalmente nuevo, con siete sesiones de tres horas cada una (21 horas lectivas en total). 


Me hace ilusión condensar todos mis años de experiencia trabajando como fotógrafo de la naturaleza en esas sesiones, que pretenden enseñar, motivar e inculcar conocimientos y respeto por una naturaleza cada vez más comprometida.


Puedes encontrar información y detalles sobre este nuevo curso en este ENLACE.










 

 

2/11/23

NUEVO CANON RF 200-800mm F6.3-9 IS USM



El nuevo potente y estilizado Canon RF 200-800 mm F6.3-9 IS USM


El fabricante de productos fotográficos Canon acaba de presentar varios objetivos para sus cámaras mirrorless de la serie R: Un RF-S 10-18 mm F4.5-6.3 IS stm destinado a los usuarios de cámaras de formato APS-C, un RF 24-105 mm F2.8 L IS usm Z para profesionales que combinan fotografía con video, y uno especialmente destinado a nosotros, los fotógrafos de fauna salvaje: el RF 200-800 mm F6.3-9 IS USM.

A lo largo de los años, el teleobjetivo preferido por los fotógrafos de fauna salvaje ha ido evolucionando: En la última década los clásicos, voluminosos, pesados y costosos 500 y 600mm F4 fueron dejando paso a los más ligeros, versátiles y relativamente más económicos 100-400mm. Debo decir que, aunque soy un fan de mi actual zoom Canon EF 100-400 mm F4.5-5.6, no por ello he dejado de utilizar mi EF 500 mm F4, una verdadera joya que a esa gran abertura imprime un carácter especial a las fotografías, y que combina de maravilla con los teleconvertidores 1.4x y 2x.

El progresivo cambio a los 100-400 se produjo en parte porque el precio de los grandes teleobjetivos se ha duplicado (o más) en pocos años, llegando a cotas difícilmente asumibles, ya sea por aficionados como por profesionales. Por ejemplo, hoy en día el RF 600 mm F4L IS de Canon supera los 14.000 €. O el RF 800 mm F5.6L IS los 20.000 €. Y, por otra parte, porque viajar en aviones por el mundo con los grandes y pesados teleobjetivos se ha convertido en una pesadilla.


Los teleobjetivos zoom de 100-400 mm se hicieron omnipresentes entre los fotógrafos de naturaleza gracias a su ligereza y versatilidad. En la imagen, un compañero y yo estamos usándolos en una expedición a la Antártida.
Foto © Eulalia Vicens

Tras unos años donde han reinado los Canon, Nikon o Sony 100-400 mm (acompañados de los Sigma y Tamron algo más ambiciosos de focal,  que llegan a los 500 o 600 mm), en 2019 Sony presentó un 200-600 mm F5.6-6.3 cuyo éxito fue inmediato. Hoy en día muchos fotógrafos de naturaleza de Sony lo están utilizando, relegando al 100-400. 

En 2020 Canon presentó el RF 100-500 mm F4.5-7.1 L IS, algo más corto de focal y menor luminosidad, pero mucho más ligero y pequeño. Una atractiva opción intermedia entre los 100-400 y los 200-600 mm. 

En 2022 Fujifilm anunció el XF 150-600 mm F5.6-8 R LM OIS WR para sus cámaras de sensor más pequeño, APS-C. A título comparativo, este objetivo equivale a un 230-914 en el formato Full Frame.

Y este 2023 Nikon presentó su Nikkor Z 180-600 mm F5.6-6.3 VR, que está gozando de gran aceptación entre los usuarios de la marca.

Hace tiempo que se especulaba con una respuesta de Canon a estos, cada vez más usados, 200-600. Y hoy ha presentado su alternativa, aunque con características propias y un tanto inusuales.



CANON RF 200-800 mm F6.3-9 IS USM: MIS PRIMERAS IMPRESIONES

En primer lugar, Canon sube la apuesta por la focal hasta los 800 mm, superando en este aspecto a sus competidores. Otro debate sería si eso era realmente necesario o no, pero opino que lo han hecho para distanciarse tanto de aquellos, como de su propio RF 100-500.  También iguala así el aumento que marcas que usan sensores más pequeños, como Fujifilm o OM System, consiguen mediante teleobjetivos de focales menores.

A pesar de estos inusuales 800 mm, nos encontramos con un teleobjetivo de aproximadamente el mismo tamaño e incluso menor peso que otras marcas. ¿Cómo han logrado eso? Pues decidiéndose por una luminosidad algo más limitada. A su focal más corta (200 mm) este zoom tiene una abertura máxima de F6.3, 1/3 de diafragma más oscuro que los Nikon y Sony F5.6. A la focal de 600 mm es F8, 2/3 de diafragma menos luminoso que los F6.3 de la competencia. Y a 800mm es F9, igual que si a los Nikon y Sony les añadimos un teleconvertidor 1,4x. Podría decirse que el Canon es como si llevara un teleconvertidor ya incorporado, lo cual lo hace algo más versátil.

Hablando del tema de la escasa luminosidad, leeréis por internet bastantes opiniones respecto a que, con los sensores de imagen actuales y sus elevadas sensibilidades ISO, eso ya no tiene importancia alguna. Vamos a ver, una escasa abertura no afecta tan sólo la entrada de luz en el sensor, también a la profundidad de campo y al bokeh. En este sentido ninguno de estos teleobjetivos zoom F6.3, 7.1 o 9 pueden competir con la belleza de los desenfoques de un 400 mm F2.8 o un 600 mm F4. Pero está claro que en algo hay que ceder si no dispones de 14.000 €. Cada objetivo tiene su público.

Por cierto, que este zoom acepta los teleconvertidores RF 1.4x y 2x sin problemas, y sin las limitaciones que tiene su hermano menor, el RF 100-500. ¡Las focales máximas resultantes son nada menos que 1120 mm F13 y y 1600 mm F18!

Otra diferencia importante con Nikon y Sony es que este Canon tiene un sistema de enfoque interno, pero no el movimiento del zoom. Al aumentar la focal, se alarga el tamaño del barrilete del mismo modo que también sucede en las versiones Sigma, Tamron y OM System. Eso permite replegarlo y que quede más compacto al llevarlo colgando al hombro o al guardarlo en la mochila, pero con el tiempo podría hacerlo más sensible a la entrada de polvo. De todos modos, Canon afirma que el objetivo es sellado contra el polvo y la humedad, o sea que el tiempo ya dirá si eso resulta un problema o no.

Sí que es una pena que Canon siga empeñada en diseñar sus monturas de trípode sin incluir el estándar de montaje Arca-Swiss, el más utilizado en el mundo. Algo que la mayoría de marcas ya han ido introduciendo en estos últimos años. Habrá que comprar y añadirle una placa accesoria que lo único que hará es aumentar el peso y coste de la lente.

Aunque sea de color blanco, este 200-800 no pertenece a la serie L, la gama de objetivos más elevada de Canon. El precio recomendado en USA es de 1900 USD, unos 1800 €. En España se dice que costará en torno a los 2.500 € (21% de IVA incluido), esperemos que sea algo menos. Para mantener el precio en un rango razonable, el fabricante ha recortado algunas prestaciones: el aro de enfoque es muy estrecho (viendo las fotos yo diría que demasiado para tener una utilidad real) y comparte función como Anillo de control. Y se ha reducido la variedad de interruptores para las funciones de estabilizador y de enfoque automático. No hay limitador de enfoque (algo que pienso que es importante para ayudar a la rapidez del AF en los grandes teleobjetivos). Y sólo ofrece una posición para el funcionamiento del estabilizador. Según Canon, el propio objetivo detecta el uso que se le está dando, y ajusta las posiciones del estabilizador de manera automática. 

Que no sea de serie L no significa que sea un mal objetivo, ni mucho menos. De hecho, aunque yo aún no lo he probado (ni visto siquiera), las primeras pruebas que leo delatan una calidad óptica muy elevada, digna de haber incluido el anillo rojo de los L. Pero hay muchas lentes en la gama Canon que no lo llevan y con ellas se obtienen excelentes resultados. Simplemente se pretende ampliar el público al que va orientado, ajustando prestaciones y precio. 

Con su peso y precio razonables, y su focal de 800mm, este teleobjetivo zoom es ideal para los aficionados a la fotografía de animales salvajes y para los observadores de aves, no específicamente orientados a la fotografía. Y, pendiente de constatar su calidad de imagen real, estoy seguro que unos cuantos profesionales también lo utilizarán para captar en imágenes la vida de los seres con los que compartimos este planeta.


(ATENCIÓN, LA FECHA DE COMERCIALIZACIÓN PREVISTA EN ESPAÑA ES ABRIL DE 2024).


COMPARATIVA DE CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS 



CANON RF 200-800 mm F6.3-9 IS USM

Peso: 2050 gr

Distancia mínima de enfoque: 0,8 m (200mm) / 1,8 m (400mm) / 2,8 m (600mm) / 3,3 m (800mm).

Longitud: 31,4 cm (Zoom extensible)

2.579 € (Precio oficial de la web de Canon España)





NIKON Z 180-600 mm F5.6-6.3 VR

2140 gr

Distancia mínima de enfoque: 1,3 - 2,4 m.

Longitud: 31,6 mm (Zoom interno)

2.100 €




SONY FE 200-600 mm F5.6-6.3 G OSS

Peso: 2115 gr

Distancia mínima de enfoque: 2,4 m.

Longitud: 31,8 cm (Zoom interno)

1.700 €





SIGMA 150-600 mm F5-6.3 DG DN OS Sports

Peso: 2100 gr

Distancia mínima de enfoque: 0,58 m.

Longitud: 26,6 cm (Zoom extensible)

1.400 €





SIGMA 150-600 mm F5-6.3 DG OS HSM Contemporary

Peso: 1930 gr

Distancia mínima de enfoque: 2,8 m.

Longitud: 26,1 cm (Zoom extensible)

990 €




TAMRON 150-500 mm F5-6.7 Di III VC VXD

Peso: 1880 gr

Distancia mínima de enfoque: 0,60 m.

Longitud: 20,9 cm (Zoom extensible)

1.150 €



FUJIFILM XF 150-600 mm F5.6-8 RLM OIS WR

(Exclusivo para cámaras de formato APS-C, distancia focal equivalente 230-914 mm)

Peso: 1605 gr

Distancia mínima de enfoque: 2,40 m.

Longitud: 31,5 cm (Zoom interno)

2.100 €




OM SYSTEM M. ZUIKO ED 100-400 mm F5-6.3 IS

(Exclusivo para cámaras de formato Micro 4/3, distancia focal equivalente 200-800 mm)

Peso: 1120 gr

Distancia mínima de enfoque: 1,3 m.

Longitud: 20,6 cm (Zoom extensible)

1.100 €

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Escribir estos artículos y realizar pruebas de material fotográfico, es un proceso laborioso, que me lleva muchas horas de documentación y trabajo. Si este artículo te ha gustado, te ha entretenido un rato, o te ha sido de utilidad, puedes invitarme a un café.


16/11/18

SIGMA 135MM F:1.8 DG ART, UNA MANERA DISTINTA DE MIRAR LA NATURALEZA

Elefante de sabana al anochecer, iluminado por la penumbra crepuscular, Namibia, septiembre 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 3200, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART a f:1.8, trípode Benro Mach3.
© Oriol Alamany

(Haz clic en las fotos para apreciarlas mejor a mayor tamaño y fondo oscuro)


135 mm, ¡qué focal fija más inusual y poco utilizada hoy en día! Al menos en el mundo de la fotografía de la naturaleza y viajes en el que me muevo yo, donde el que menos lleva un objetivo zoom de 70-200 mm y el que más un 100-400 o un 150-600 mm. Y si hay alguna focal fija suele ser un monumental 500 o 600 mm.

Sin embargo hubo un tiempo en que los 135 mm fueron el teleobjetivo medio más comúnmente usado. En los años 70 el equipo básico de un fotógrafo solía consistir en un gran angular de 35 mm, un objetivo "normal" de 50 mm, y un teleobjetivo de 135 mm. 
Pero entrados los años ochenta la moda cambió y pasó al triunvirato del 28, 50 y 200 mm. 

Hoy en día parece que el más pringado tiene un 16-35, un 24-70 y un 70-200 mm. En la actualidad los 135 mm fijos parece que han desaparecido o bien están relegados a algunos fotógrafos especializados de retrato o de bodas.

Sigma 135 mm f:1.8 DG ART.
© Oriol Alamany


SIGMA Y OTRAS MARCAS INDEPENDIENTES

Cuando empecé a dar cursos de fotografía de la naturaleza en el año 1980, había tres consejos que siempre daba a mis alumnos para que obtuvieran la máxima calidad en sus fotografías. Que conste que eran tres consejos que ahora no tienen ningún sentido y que yo mismo ya no cumplo: No usar objetivos zoom, no usar duplicadores de focal, y jamás comprar un objetivo de las llamadas "marcas independientes" (que en aquel tiempo eran Vivitar, Sigma, Tamron, Tokina y Cosina). 

Siempre que fuera posible recomendaba no comprar ningún objetivo que no fuera de la marca original de la cámara. Tanto por la mediocre calidad óptica de aquellos objetivos alternativos, como por lo endeble de su construcción. Eran tiempos en que sólo los profesionales comprábamos grandes teleobjetivos de buena marca y los aficionados nos miraban con envidia. Resulta sorprendente como hoy en día suele suceder al revés.

Desenfoques suaves en una adelfa (Nerium oleander) en flor, Barcelona, agosto 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 100, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART, a f:1.8.
© Oriol Alamany



NACEN LAS SERIES ART Y SPORT

O sea que en los años 80 Sigma era sinónimo de objetivos baratos, construcción endeble y calidad óptica discutible. De ahí mi antigua recomendación de evitarla en lo posible. Pero con el paso de los años la empresa japonesa fue evolucionando, comercializando algunas ópticas que no estaban nada mal, a las que bautizó como serie EX. 


Pero fue en el año 2012 cuando Sigma hizo una maniobra estratégica que descolocó al mundo fotográfico: presentó un objetivo gran angular de 35 mm de gran luminosidad f:1.4 de una nueva serie denominada ART. El objetivo era grande, pesado y con un precio más elevado de lo habitual para la marca. Pero cuando los medios publicaron las primeras pruebas, desvelaron que no tan sólo se acercaba a la calidad de sus similares de Nikon o Canon, si no que incluso los superaba por un precio algo menor. Aquello fue una revolución: ¿cómo se atrevía Sigma a desafiar a los grandes? No en precio como hasta entonces, si no también en calidad óptica.

A aquel 35 mm le siguieron varias ópticas fijas de la serie ART, de 14 a 135 mm de distancia focal, la mayoría de ellas ultraluminosas f:1.4, así como diversos zooms. En cuanto a los grandes teleobjetivos, Sigma creó otra serie distinta, la SPORT, también de alta calidad y gran robustez. 

ART y SPORT se caracterizan, además de por su elevada calidad óptica, por ser más voluminosos y pesados que los objetivos originales de las grandes marcas. Algún sacrificio debe hacer el fotógrafo que quiere disfrutar de ópticas excelentes a precios relativamente mesurados. La miniaturización no es una de las características de estos objetivos Sigma.



Y LLEGA EL SIGMA 135 MM F1.8 DG HSM | ART


En 2017 Sigma presentó el objetivo de mayor distancia focal de la Serie ART: el Sigma 135 mm f:1.8 DG HSM ART. Una óptica destinada a ofrecer una resolución elevadísima, adecuada para las nuevas cámaras de sensores de en torno a 50 MP, y unos desenfoques (o bokeh, como se le llama ahora) espectaculares. Este teleobjetivo es un pequeño monstruo de 1,14 kilos de peso (1,21 con el parasol) y un precio incluso superior a su equivalente Canon (1.340 € contra 1.093), ¡sacrilegio!

Pero los test empezaron a publicarse y la óptica resultó ser una de las de mayor resolución del mundo, incluso a su máxima abertura f:1.8, superando de nuevo en este aspecto concreto a las marcas oficiales.


León con un kudu recién cazado, iluminado por los primeros rayos de sol, Namibia, agosto 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 400, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART a f:2, beanbag.
© Oriol Alamany


BUSCANDO NUEVAS ESTÉTICAS


Para el verano de 2018 Eulàlia y yo estuvimos preparando un viaje a Namibia. Durante dos semanas guiaríamos un tour fotográfico, y luego nos quedaríamos solos tres semanas más para realizar un trabajo sobre los elefantes de Etosha.

Dándole vueltas a cómo plasmar en imágenes a estos animales, se me ocurrió la idea de experimentar con algún tipo de óptica distinta de mis habituales para obtener una mayor separación entre el sujeto y el fondo. Desde el inicio de la fotografía digital he sido un fan declarado del formato Full Frame, tanto por la peculiar calidad y textura de los archivos resultantes, como por la posibilidad de usar sensibilidades ISO muy elevadas cuando fotografío fauna salvaje. Y también porque a igual encuadre y luminosidad del objetivo usado, con ese formato obtengo unos desenfoques más pronunciados, un punto más que con cámaras de formato APS-C y dos puntos más que con las de sensor Micro 4/3.

Fue por ello que decidí experimentar con un objetivo ultraluminoso. Habría sido ideal el voluminoso Canon EF 200 mm f:2L (2,52 kg), pero con mis EF 500 mm f:4, EF 100-400 mm f:4.5-5.6 y EF 70-200 mm f:2.8 ya iba al límite de teleobjetivos a cargar. Las compañías aéreas y yo no nos llevamos bien en el tema del peso del equipaje de mano, y no era cuestión de provocar más conflictos.

Y aquí surgió la idea de probar el más contenido Sigma 135 mm f:1.8 Art. Tampoco es que sea pequeño ni ligero, pero para obtener un encuadre y bokeh similares a los obtenidos en Full Frame con este teleobjetivo de 135 mm a f:1.8, se requeriría un 85 mm f:1.2 en formato APS-C, o bien un 70 mm f:0.9 (que no existe) en cámaras de Micro 4/3.

Así que gracias a Sigma Photo Spain pude llevarme un objetivo de estos a pasear por tierras africanas.


Sigma 135 mm f:1.8 DG ART.
© Oriol Alamany


IMPRESIONES


Ya de regreso y tras unas semanas de uso ¿cuales son mis sensaciones sobre esta óptica?.

Al coger el 135 mm Sigma ART lo primero que llama la atención es el peso: es un objetivo contundente y pesado. Pero ello contribuye también a la sensación de extrema solidez. Nada que ver con aquellos zoom Sigma de plástico de hace dos décadas. La construcción óptica es de nada menos que 13 elementos en 10 grupos, algo que sería normal en un zoom, pero no lo es tanto en una focal fija. La enorme lente frontal requiere el uso de filtros de 82 mm de diámetro.

Las especificaciones técnicas nos dicen que tiene una construcción resistente al polvo y las salpicaduras. Pero parece que esto se limita al aro de goma para impedir la entrada de polvo u agua por la montura.

El aro de enfoque manual es muy grande, lo que facilita agarrarlo con la mano. Y muy suave, sin juego alguno: enfocar manualmente es un placer. La distancia mínima de enfoque marcada es de 88 cm (en realidad llega a 84), lo que permite realizar fotografía de aproximación hasta la relación 1:5. Más aún si usamos tubos de extensión. Con él pueden realizarse fotografías de flora o de detalles de la naturaleza con unos desenfoques muy atractivos.

Los cursores del AF y del limitador de enfoque son grandes, lo que facilita su uso con guantes.


Elefantes de sabana peleándose al anochecer, Namibia, septiembre 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 3200, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART a f:1.8, trípode Benro Mach3.
© Oriol Alamany


Lo que más he echado en falta es un estabilizador óptico de imagen, para usarlo a mano alzada en condiciones de muy poca luminosidad. Este objetivo ha nacido para estas situaciones de luz escasa, y cuando disparas a f:1.8 o 2 es una pena tener que subir la ISO para conseguir una velocidad de obturación más elevada. De todos modos, su contundencia física me ha parecido que contribuye a que las imágenes no salgan movidas incluso a velocidades de obturación algo bajas. Por otra parte cada vez más cámaras actuales incorporan la estabilización en el cuerpo de la cámara (IBIS: In Body Image Stabilization), lo que solventa este problema. Lamentablemente eso no sucede en mis Canon réflex, ni incluso en la nueva mirrorless Canon EOS R.

(P.D. Agosto 2020: Con la aparición de las Canon EOS R5 y R6, con IBIS en el cuerpo, este objetivo adquiere aún más interés para los usuarios de Canon).

El segundo "defecto" para mí es la ausencia de un aro de montura para trípode (desmontable si fuera necesario). Al usar el teleobjetivo en la cámara montada en una rótula de bola, el cabeceo frontal es muy notorio. A veces cuesta componer la fotografía porque a la que aflojas algo la rótula para afinar el encuadre, el peso del conjunto le hace caer hacia adelante. Con un aro de trípode en el centro de gravedad eso no sucedería.

(P:D. Marzo 2021: iShoot ofrece una fantástica montura de trípode especial para este objetivo en concreto. Entre el IBIS de algunas cámaras y esta fantástica montura de trípode, el objetivo se vuelve aún más atractivo.



Elefantes de sabana, Namibia, septiembre 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 100, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART a f:1.8, beanbag.
A pesar de estar cerca del animal y usar esta focal relativamente corta, la abertura f:1.8 permite desenfocar el fondo.
© Oriol Alamany


Jirafa en Damaraland, Namibia, septiembre 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 100, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART a f:1.8.
La abertura f:1.8 permite separar algo a la jirafa del fondo, a pesar de estar esta un poco lejana.
© Oriol Alamany


Pero estas dos ausencias (ausencia de IBIS y de aro de trípode) no me hacen repensar mi opinión: El 135 ART es una lente magnífica, tanto usada a su máxima abertura, como diafragmando. En Namibia lo utilicé casi siempre a f:1.8 o f:2, tanto para fotografiar con luces crepusculares, como a pleno sol para sacar provecho de su reducida profundidad de campo. El diafragma circular de 9 láminas crea un atractivo desenfoque en las zonas fuera de foco.

La resolución es plenamente aprovechable desde f:1.8, aunque cerrando la abertura a f:2 o f:2.2 mejora un poquito, algo tan sólo apreciable al visionar las fotografías al 100% en un monitor. El resto de aberturas son buenas.

Usar este teleobjetivo a f:1.8 en mi cámara Canon EOS 5D Mk IV Full Frame y disparar a ISO 3200, 6400 o incluso 12800, fue una gozada. Soy un amante de los crepúsculos, de las luces límite, momentos en que la fauna salvaje se encuentra más activa. Estas escenas son muy difíciles de captar, pero la tecnología progresa y ahora nos permite realizar tomas imposibles. Disfruté como un enano fotografiando en estas difíciles condiciones.


Rinocerontes negros vigilando a una hiena moteada, de noche, en una charca tenuemente iluminada, Namibia, agosto 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 6400, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART, 1/25 a f:1.8, trípode Benro Mach3.
Combinando el f:1.8 con una elevada sensibilidad permite obtener fotografías en situaciones de luz muy escasa.
© Oriol Alamany


Elefantes de sabana peleándose en plena noche, en una charca tenuemente iluminada, Namibia, agosto 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 12800, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART, 1/50 a f:1.8, trípode Benro Mach3.
© Oriol Alamany


CONCLUSIÓN

Si yo fuera un fotógrafo de retratos, de bodas o de animales domésticos, es muy probable que este objetivo estuviera ya en mi mochila fotográfica. Y más si trabajara con una cámara dotada de estabilizador IBIS en el sensor.

Pero para un fotógrafo de la naturaleza su utilidad es más esporádica y, dado su peso y precio, habría que plantearse bien la inversión. Sin embargo los resultados son excelentes y permite realizar tomas imposibles de obtener con los clásicos 70-200 mm f:4 o 100-400 mm f:5.6.

En nuestra disciplina fotográfica, la naturaleza, en España o incluso Europa su uso se limitaría a la realización de paisajes de gran calidad (en especial en cámaras FF de alta resolución) y a la fotografía de flora jugando con el bonito bokeh que proporciona su gran abertura, ya que raramente la fauna salvaje se acerca a tan escasa distancia.

Sin embargo, en ciertos destinos del extranjero donde los animales son más confiados, como en África o Sudamérica, el 135 ART permite obtener fotografías únicas, si sacamos partido de su gran luminosidad y reducida profundidad de campo. Incluso la fotografía nocturna de paisajes estrellados, tradicionalmente limitada a los gran angulares, adquiere una nueva perspectiva con el uso de este teleobjetivo.

Y para el fotógrafo de viajes con componentes humanos, el 135 aportará una gran calidad y suaves desenfoques, haciéndolo ideal para retratos de personas y captar detalles.

Los fotógrafos de exteriores ya sabemos que todo se reduce al peso que estamos dispuestos a cargar a nuestra espalda, y a decidir si vale la pena gastarse el dinero en una óptica cuyo uso no va a ser frecuente. Si estas dos limitaciones no existieran, estoy seguro que le daría un buen uso a este Sigma 135 mm f:1.8 ART dadas sus tan peculiares características.


Árboles en el lecho del río Aba-Huab, Namibia, septiembre 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 100, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART, 1/8. a f:16, trípode Benro Mach3.
No es habitual que un teleobjetivo proporcione una estrella tan perfecta con el sol.
© Oriol Alamany


Hojas de Mopane (Colophospermum mopane) en Damaraland, Namibia, septiembre 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 200, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART,  a f:1.8, trípode Benro Mach3.
Desenfoques a máxima abertura.
© Oriol Alamany


Noche estrellada en Spitzkoppe, Namibia, agosto 2018.
Canon EOS 5D IV a ISO 800, Sigma 135 mm f:1.8 DG ART, 4 seg. a f:2, trípode Benro Mach3.
La fotografía nocturna suele limitarse al uso de gran angulares luminosos. Ahora es posible usar también este teleobjetivo.
© Oriol Alamany


VENTAJAS E INCONVENIENTES


+ Calidad óptica impecable.

+ Gran luminosidad f:1.8, inhabitual en esta focal.

+ Excelentes desenfoques debido a la gran abertura y sus 9 palas de diafragma.

+ Calidad de construcción.

+ Distancia mínima de enfoque (84 cm).

+ Aro de enfoque manual excelente.

+ Buen parasol.


- Objetivo grande y pesado (1,2 kg).

- Ausencia de estabilizador óptico de imagen (Solventable si se usa una mirrorless con IBIS).

- Ausencia de montura para trípode (Solventable con la montura de iShoot).

- Requiere grandes filtros de 82 mm.

- Poco aumento para fotografía de fauna salvaje.

- Precio algo elevado (1.299 €, a marzo 2021).


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(Haz clic en las fotos para apreciarlas mejor a mayor tamaño y fondo oscuro)

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14/9/17

VIVE TUS FOTOGRAFÍAS





Reflejos en un lago, Parque Nacional de Aigüestortes, Pirineos, 2001
@Oriol Alamany

Hola. 


Sí, tú, fotógrafo de la naturaleza. Déjame hacerte una pregunta: ¿tú fotografías lo que vives, o lo que te imaginas que vives? 

O dicho de otra manera: ¿Fotografías el mundo en el que físicamente habitas, o prefieres crear un mundo ficticio que solo existe en tu imaginación?

¿Que a qué viene este interrogatorio? Pues porque vamos a meternos en un berenjenal y así sabemos de qué lado te inclinas: de los “fotógrafos puristas” "retrógrados" o “faltos de evolución” (como los califican los partidarios del retoque fotográfico a ultranza), pero que también podrían denominarse “auténticos”, “veraces” o “documentalistas”. Aunque en este último calificativo no estoy muy de acuerdo, ya que una fotografía no manipulada no significa que sea simplemente documental. 

O bien te inclinas del lado de los “fotógrafos artistas” (como les gusta autodenominarse a ellos), aunque también podrían calificarse como "retocadores", “manipuladores” o “ilustradores digitales”. Sí, los que en el mismo momento que están realizando una foto ya te comentan que van a borrar con Photoshop esa rama que les molesta, en lugar de moverse un metro para buscar un encuadre alternativo. O quienes fabrican escenas inexistentes mezclando una montaña de ahí, con un suelo de allí y un cielo de otro país. 


El riesgo es que con el paso del tiempo, al manipulador fotográfico ninguna escena real le parezca ya apetecible. Cada vez va un poco más allá. Cada vez se aleja algo más de sus vivencias reales en la naturaleza. Y cierto tipo de público le jalea más y más en las redes sociales, arrastrándole a la exageración. 


(INTERLUDIO: Si eres adepto a realizar encendidos comentarios en las redes sociales o, simple y llanamente el típico “troll” de internet, te ruego que respires profundamente, cuentes hasta tres y, antes de correr a dejar directamente tu encendida opinión en la sección de comentarios, primero leas el artículo completo. O, al menos, el siguiente párrafo. 


Y si eres un defensor del retoque sin límite en pro de la libre creatividad fotográfica, tus comentarios y aportaciones al debate serán bienvenidos. La finalidad de esta entrada es expresar mi opinión y filosofía personal, pero también hablar y debatir este espinoso tema).




Una conocida imagen de Ted Gore, uno de los fotógrafos de paisaje más de moda en las redes sociales. Como él mismo explica, toda la vertiente en primer plano no corresponde a la fotografía del fondo, son dos imágenes captadas en dos momentos distintos. Y habiendo estado en este sitio de la Patagonia argentina, yo diría que las montañas del fondo también han sido estiradas para añadirles altivez.
@Ted Gore

Vamos a ver, aunque yo practico la primera opción, en realidad opino que ambas son respetables y existen todos los estadios intermedios imaginables. Pero para mí una cosa es fotografía y la otra ilustración digital. Todo es lícito... siempre que el autor no lleve a su público a engaño. Ahí radica el límite. En dar a entender a la gente que algo inexistente es real. Por poner un ejemplo práctico: no entiendo que se anuncie un viaje fotográfico a un destino ilustrándolo con una escena que los participantes jamás van a ver, porque ese lugar simplemente no existe como tal. Eso es engañar. Y también lo es explicar en un foro o en las redes sociales el enorme esfuerzo y la pericia sin par que te llevó a obtener una imagen fantástica que, en realidad, jamás viste ni existió.



Invierno en las islas Lofoten, Noruega, 2015
@Oriol Alamany


LA CULPA NO ES DEL PHOTOSHOP
Conviene aclarar que en toda la historia de la fotografía el retoque y la manipulación siempre han estado presentes. No, siento decepcionarte, la manipulación fotográfica existió mucho antes que el tan encumbrado por unos y denigrado por otros Adobe Photoshop. 

La culpa no es de Photoshop, que es una aplicación neutra, sin intelecto, opinión ni tendencia. Yo lo uso a diario para ajustar mis fotografías y no por ello parecen salidas del mundo fantástico de El señor de los anillos o  Juego de tronos, como algunas que se ven en las redes sociales o en portales como 500px. La culpa es de la manera en que algunos usan o abusan del Photoshop.

También conviene no olvidar que hay otras muchas maneras de manipular la naturaleza o no contar la verdad al público sin recurrir al ordenador. Por ejemplo, fotografiando animales en cautiverio, amaestrados o rapaces de cetrería haciéndolos pasar por salvajes (Sobre ello Eulàlia y yo escribimos hace años un artículo en la revista IRIS de AEFONA). O bien colocando fondos falsos a las fotografías de insectos o flores silvestres. O utilizando cartulinas de colores delante del objetivo para simular nieblas inexistentes o desenfoques naturales. Todo ello y más constituyen distintos niveles de manipulación. O sea que no nos limitemos a culpar tan solo al Photoshop.


 
Este tipo de imágenes de ranitas con posturas irreales tienen mucho éxito en internet. Los animales son manipulados mediante hilos que luego son borrados en Photoshop.


Los partidarios de la segunda de las facciones, los creadores de imágenes de naturaleza oníricas, suelen responder a la pregunta de por qué manipulan tanto sus fotografías con un: "Es que ahora es más fácil hacerlo" o  la clásica: "Es que mis fotografías son arte, y al arte no se le pueden poner límites". Esto queda superchulo decirlo, pero es una sandez, ya que da a entender que toda fotografía realizada a lo largo de la historia antes del Photoshop, o bien en la actualidad pero sin manipulaciones, no debe ser arte.

Jirafa reticulada comiendo follaje, reserva Nacional de Samburu, Kenia, 2010
@Oriol Alamany


¿ES QUE NO TE GUSTA LA NATURALEZA?
Quizás es que mi pregunta inicial es equivocada. Quizás la pregunta correcta debería ser: ¿No te gusta el mundo en que vives? O bien ¿no te llena lo suficiente y piensas que con unos retoques aquí y allá vas a mejorarlo cual Dios Todopoderoso? Si prefieres deformar unas montañas estirándolas hacia arriba para que tu imagen tenga un mayor impacto, quizás es que no has sabido apreciar su belleza real. O también que no has sido capaz de captar correctamente ese paisaje con tu cámara. 

¿Qué sucede si un día la naturaleza no te concede una luz espectacular? ¿La suples con unos bits informáticos y Santas Pascuas? Cómo fotógrafos que somos, sabemos que la gracia y el valor de las luces inhabituales es precisamente eso: que no son habituales. Hay que esperar y hay días en que no aparecen. ¡Ahí está el reto, la grandeza de la fotografía de la naturaleza! No es malo salir al campo y volver sin la fotografía imaginada. No hay que sentirse frustrado, hay que sentirse más motivado si cabe.

Si cada vez que saliéramos al monte lucieran grandilocuentes cielos rojizos y púrpuras con voluptuosas nubes, los árboles y plantas fueran perfectos sin ramas u hojas rotas, los animales lucieran sus mejores galas, etc, todo eso ya no nos llamaría la atención. Que es precisamente lo que empieza a suceder cuando miras fotografías en ciertas redes sociales, donde los paisajes son siempre magníficos, espectaculares, sin fallo alguno... Pero que a mí, con 59 años a mis espaldas, bastante curtido en viajes y con miles de horas pasadas en la naturaleza, no me evocan las sensaciones verdaderas y tan satisfactorias que yo experimento en ella. No me emocionan, no transmiten autenticidad.



Vía Láctea en un macizo desértico, Namibia, 2013
@Oriol Alamany


¿INVENTAR O VIVIR?
¿Y si resultara que el fotógrafo de naturaleza verdaderamente artista es el que es capaz de obtener una buena fotografía sin necesidad de eliminar sus imperfecciones, sin manipularla excesivamente, sin exagerar la realidad? Hay que saber apreciar la belleza de una imperfección. Es como sucede con las personas: no todos somos agraciados y perfectos. Los/las supermodelos son minoría. ¡E incluso a ellos y ellas las retocan con Photoshop! Pero hay chicas con pecas que son un encanto, personas maduras fascinantes, hombres fofos atractivos… Eso lo han descubierto hace años los fotógrafos de retrato y algunos de ellos sí que saben sacar partido de esas imperfecciones en lugar de eliminarlas. Los fotógrafos de naturaleza deberíamos tomar buena nota de ello.

Tomar la decisión personal de mostrar en nuestras fotografías el mundo natural auténtico, parecido a la realidad, aunque sea a través del filtro de nuestra mirada personal de fotógrafo ¿es purismo? ¿No es arte? ¿Es cerrarse a las nuevas tecnologías? ¿Es ser retrogrado? Yo considero que en absoluto. Es una valiente y difícil apuesta personal como autor (o artista si prefieres llamarlo así), mucho más arriesgada que recurrir sistemáticamente a la fácil manipulación. 

Crear algo en casa, cómodamente sentado ante un ordenador con música de fondo y una cerveza fría al lado, es algo que no me interesa. En mi obra fotográfica deseo plasmar y transmitir a otras personas la naturaleza que amo, escenas que yo he vivido y experimentado, lo que me emociona, mostrar aquella imagen que creé cuando estaba agotado o helándome de frío Yo necesito VIVIR mis fotografías. Lo otro, insisto, no me interesa.


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