25/5/18

PITO NEGRO CONTRA TREPADOR AZUL: OKUPAS EN LA ALAMEDA




Pito negro hembra en la alameda, Pirineos
DSLR full frame a ISO 800, 500 mm f/4 +1.4x, trípode, red de camuflaje
© Oriol Alamany


En un barranco olvidado de los Pirineos crece una arboleda formada por bellos álamos temblones. Gracias a la presencia de una fuente de agua, en primavera y en verano es una isla de sombra y frescor en un valle soleado dominado por bosques de robles, encinas y pinos. Ruiseñores, chochines, carboneros, herrerillos, trepadores, currucas, picos picapinos y otras aves animan con sus voces ese grupo de árboles. Y en otoño el color rojizo de su follaje es una mancha de alegría entre el verde impasible de su entorno. 

Durante años un Pito negro (como le llamamos todos) o Picamaderos negro (como se supone que debemos llamarle oficialmente ahora), o también Dryocopus martius para los científicos, pasó allí los inviernos, instalándose cada anochecer en una de las varias cavidades que a lo largo del tiempo había ido excavado en esos árboles. 


Algunas primaveras los inquietos trepadores azules Sitta europaea escogían alguna de estas cavidades para nidificar, taponando la entrada con barro hasta dejar tan sólo una pequeña abertura justo de su reducido tamaño para protegerse de los predadores, tal y como es su costumbre.


Pero el año 2013 el Pito negro se emparejó y ambos decidieron nidificar allí por vez primera, usando una de sus cavidades para sacar adelante a su familia.


Álamos temblones en otoño, Pirineos
DSLR APS-C a ISO 100, 17-40 mm f/4
© Oriol Alamany


La siguiente Semana Santa regresé a ese enclave y Julià Vidal, un amigo que vive en el pueblo cercano me comentó una curiosidad: llevaba varios días viendo tanto a los trepadores como a los pitos entrar de la misma cavidad donde estos nidificaron la primavera pasada. ¿Qué estaba sucediendo en la alameda?

Tras esconder un hide de lona disimulado con una red de camuflaje entre la vegetación de la vertiente boscosa y con mi teleobjetivo de 500 mm montado en la cámara, me dispuse a pasar unas horas de observación para dilucidar el conflicto. Y así fue: durante la tarde fui testimonio de cómo la pareja de trepadores azules estaban afanados en ir cerrando con bolitas de barro la entrada de la cavidad de los pitos, acondicionándola para poner en ella sus preciados huevos.



Trepador azul taponando la cavidad del Pito negro con barro, Pirineos
DSLR full frame a ISO 1600, 500 mm f/4, trípode, hide
© Oriol Alamany



Pero con el paso de las horas el sol fue escondiéndose tras las montañas sumiendo el bosque en la sombra. Y de repente se oyó el evocativo grito de vuelo del Pito negro: El dueño del lugar regresaba a sus aposentos. ¿Qué sucedería ahora?

El imponente macho se posó en el tronco con su bello plumaje negro ensuciado de tierra, señal de que el conflicto ya se arrastraba desde hacía días. Miró a su alrededor y ascendió hasta su hogar encontrándolo reformado con el barro que los trepadores habían aportado durante todo el día. Molesto por semejante atrevimiento de los okupas la emprendió a picotazos contra la nueva construcción. Acostumbrado a perforar madera dura aquel barro seco era una nimiedad para él, destrozándolo todo en unos instantes. Mientras, los trepadores azules le atacaban indignados al ver desechos sus esfuerzos de todo el día.


Durante un buen rato el pito estuvo ocupado vaciando el fondo de su cavidad de los restos de barro que habían caído al fondo. O bien se los llevaba volando en su pico, o bien los tiraba con desprecio por la ventana. 


Luego, finalizada la tarea, entró y se sentó en la entrada como suele hacer cada crepúsculo. Desde allí observó cómo la oscuridad envolvía la alameda y los sonidos del bosque al anochecer. Me recordó la estereotipada imagen del hombre que regresa a su casa tras un día de trabajo y se sienta en su butaca a descansar. Y al fin se retiró a dormir. Ya a oscuras, con sigilo y un tanto anquilosado tras horas de observación salí del escondite y lo dejé descansar.



Pito negro descansando en su dormidero al anochecer, Pirineos
DSLR full frame a ISO 1600, 500 mm f/4, trípode, hide
© Oriol Alamany


Álamos negros al anochecer, Pirineos
DSLR APS-H, 70-200 mm f/2.8
© Oriol Alamany

Pero el trabajo del pito no había terminado: al dia siguiente ví otra vez como los trepadores azules volvían a rellenar de barro la abertura del nido. La guerra estaba declarada.



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Al cabo de un par de semanas mi amigo me llamó por teléfono para contarme el desenlace de la historia: un enjambre de abejas había decidido ocupar la cavidad y contra ellas ni los trepadores ni los pitos se habían atrevido. Un final inesperado que nos demuestra que la lucha por conseguir una vivienda también tiene lugar en la naturaleza.




Pito negro macho, Pirineos
DSLR full frame a ISO 1600, 500 mm f/4, trípode, hide
© Oriol Alamany


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6 comentarios:

  1. Ja ja boníssima la història, decisió salomònica de la natura! 😁

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  2. Increíble la naturaleza y sus sorpresas!
    muy buenas fotos y un gran relato

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  3. Molt bona l’historia i molt ben il·lustrada.

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  4. La natura és savia.
    El Creador no es va equivocar!

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