12/4/14

• Libros: El Kalahari fotografiado por Hannes Lochner


© Hannes Lochner

Durante el Viaje fotográfico a Namibia que Eulàlia y yo organizamos el pasado mes de octubre, encontré en una librería de la ciudad de Swakopmund un libro que me impactó por sus imágenes: The Dark Side of the Kalahari. Hacía un tiempo había visto en internet un video sobre este libro, pero con la obra entre las manos a fin podía valorarlo en su justa medida. Resulta refrescante cuando descubres a un autor que desconoces y cuyo trabajo te impacta tanto.

Se trata de una edición a gran formato, de 200 páginas, presentada dentro de una caja protectora. Muchas de las imágenes publicadas me parecen magníficas, con luces crepusculares y nocturnas tremendamente evocativas de lo que representa vivir la experiencia africana y, en algunos casos, encuadres muy arriesgados obtenidos mediante una cámara dirigida por control remoto.

La fotografía de naturaleza ha evolucionado mucho técnicamente con la introducción de la tecnología digital y es en libros como este donde se aprecia la diferencia: fotografías obtenidas en condiciones de luz residual, de noche, disparos a alta velocidad, control remoto... Sin olvidarnos de una impresión de notable calidad. 

El libro es un conjunto de imágenes de algunos de mis animales favoritos (Leopardo, león, guepardo, búhos) fotografiados con aquellas luces extremas que tanto me apasionan (ver esta entrada sobre las Luces extremas que escribí en este blog). Leones posando ante una tormenta nocturna, un león durmiendo mientras una lechuza vuela por encima de él con un fondo de estrellas, leopardos con la Vía Láctea de fondo... Situaciones mágicas que uno puede soñar con ver pero ni se le pasa por la cabeza que, además, se puedan registrar con una cámara. Por criticarle algo, tan sólo le hecho en falta algunas imágenes más de paisajes que nos sitúen en el escenario donde sucede toda esta acción.



El autor, Hannes Lochner, es un fotógrafo sudafricano nacido en Ciudad del Cabo. Desde su infancia viajó con sus padres a numerosas reservas naturales de Sudáfrica. De allí le vino su pasión por la fotografía de naturaleza. Estudió Diseño gráfico en la Universidad, luego trabajó como guía fluvial en Namibia y, a partir de 2007, acabó dedicándose por completo a la fotografía.





© Hannes Lochner


© Hannes Lochner

© Hannes Lochner


Durante los últimos cuatro años y medio Lochner ha trabajado en dos libros sobre el Kalahari, uno de mis enclaves favoritos al que he viajado un par de veces. Uno de los problemas con que nos encontramos en el Kgalagadi Transfrontier Park fue que no concedían autorizaciones para fotografiar tras la puesta del sol, perdiendo así muchas oportunidades de captar la hora de máxima actividad de la fauna. Lochner sí gozó de una autorización especial y ademas también fotografió con libertad en una reserva privada cercana. 

Su primer libro sobre este enclave fue Colours of the Kalahari (2010) y el segundo y más reciente es The Dark Side of the Kalahari (2013). En el segundo se centra en la vida nocturna de este desierto, siguiendo las peripecias de la leopardo Luna y sus crías.

Lochner trabaja con diversas cámaras Nikon con ópticas 12-24 mm f/4, 24-85 mm f/2.8-4, 105 mm f/2.8 macro, 70-200 mm f/2.8, 300 mm f/2.8, 600 mm f/4. En el libro recalca que sus fotografías no son fruto de montajes ni de dobles exposiciones, algo que proporciona aún más valor a la obra.

Ambos volúmenes forman parte ya de mi biblioteca de grandes obras de la fotografía de la naturaleza.






No te pierdas el video promocional. Y si quieres adquirir alguno de estos dos libros puedes hacerlo a través de estos enlaces:

   


5/4/14

• Los halcones peregrinos cumplen diez años nidificando en Barcelona


Halcón peregrino hembra en su nido, enclavado en lo alto de una de las torres del templo de la Sagrada Familia, Barcelona, 2014
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L
© Oriol Alamany

Estos días se cumple el décimo aniversario desde que el Halcón peregrino (Falco peregrinus) vuelve a nidificar en Barcelona y quince del inicio del proyecto de reintroducción que fue promovido por el Ajuntament de Barcelona y diseñado y ejecutado por la empresa Thalassia Estudis Ambientals. Hoy en día lo lleva a cabo la asociación Galanthus. *

Los halcones urbanos de Barcelona y, en concreto, la pareja que se reproduce en el templo de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí, representan uno de mis trabajos fotográficos más prolongados en el tiempo. Hace quince años ya que, codo a codo con los biólogos responsables, intento dejar testimonio con mi cámara de esta apasionante reconquista de la ciudad.

Año 1999: Joven Halcón peregrino reintroducido en la Sagrada Familia, Barcelona
Canon EOS-3, Fujichrome Sensia 100,500 mm f:4.5L + 1,4x
© Oriol Alamany

Año 2005: Un hito histórico: primera reproducción de Halcón peregrino en la Sagrada Familia, gracias al proyecto de reintroducción, Barcelona
Canon EOS-1Ds Mark II a ISO 200, 17-40 mm f:4L
© Oriol Alamany

Ayer ascendimos por enésima vez los aproximadamente cuatrocientos escalones en espiral que discurren por el interior de una de las torres de la Sagrada Familia, que conducen hasta la caja nido que se instaló allí hace ya más de una década. Hacerlo con la pesada mochila fotográfica a la espalda no resulta fácil, pero de nuevo la pareja de halcones me regaló con una inolvidable experiencia. 

Esta vez subíamos a controlar el nido e instalar una cámara infrarroja para el estudio de la actividad nocturna de esta pareja. Al abrir el portón de la caja, la hembra (un ejemplar absolutamente salvaje) nos regaló con su presencia a escasa distancia de nosotros, sin marcharse, tan sólo vigilando lo que hacíamos. ¡Qué maravilla observar un halcón de tan cerca! Una vez acabada nuestra labor y cerrar la puerta la hembra volvió a sentarse a incubar en su pequeño apartamento, desde el que disfruta de una envidiable vista de la ciudad a sus pies. 

En las próximas semanas, una vez nazcan sus polluelos, voy a estar con ella bastantes horas, intentando fotografiar su ciclo reproductivo mediante una cámara remota. ¡A ver si hay suerte!

El veterano macho de Halcón peregrino, de 13 años de edad proveniente de un hacking en el Port de Barcelona, sobrevolando la Sagrada Familia, Barcelona, 2014
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 500 mm f:4L
© Oriol Alamany


Los halcones urbanos de Barcelona en Internet:

Otros artículos en este blog sobre los halcones peregrinos urbanos de Barcelona: 

22.10.08: Halcones urbanos.

A lo largo de su historia el proyecto Falcons de Barcelona ha contado con el soporte del Departament de Medi Ambient de la Generalitat de Catalunya, el Institut Català d'Ornitologia (ICO), SEO-Birdlife, DEPANA y WWF-ADENA. 

28/3/14

• Els viatgers de la Gran Anaconda - 30 març 2014 - Omàn 2

Dhow amb arc de Sant Martí a la regió de Ash-Sharkiyah, Omàn
DSLR a ISO 200, 70-200 mm f:2.8, 1/640 a f:4.0
© Oriol Alamany

Aquesta fotografia feta durant un viatge a Omàn és la que comentem amb el periodista Toni Arbonés el diumenge 30 de març 2014, de 16 a 17h, al programa "Els viatgers de la Gran Anaconda" a Catalunya Ràdio. Aquest és l'audio del programa emès:


El relat del viatge d'un mes i mig per Omàn es perllongarà al llarg de quatre programes dels quals aquest n'és el segón. Si vols escoltar el primer capitol que es va emetre al mes de febrer pots fer-ho AQUÍ

Recordeu que la meva secció de fotografia de viatges està en antena el darrer diumenge de cada mes.

Si vols llegir les histories que hi ha darrera les meves fotografies llegeix el meu llibre: Fotografía en tus viajes, Inspiración y técnica para conseguir fotos espectaculares.

I si vols sortir a fer fotografies amb mi i aprendre fotografia, mira les activitats a Cursos y viajes fotográficos.

18/3/14

• Cuarenta y cinco noches en Omán



Automóvil al crepúsculo en las montañas Al Hajar, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 1600, 70-200 mm f:2.8L IS II, 1/8 a f:2.8, filtros polarizador y degradado neutro, trípode
© Oriol Alamany

EN BUSCA DE NUEVOS HORIZONTES

Siempre he dicho que es parte de la tarea creativa de un fotógrafo investigar y encontrar sus propios temas, sujetos y localizaciones. Cierto que en la fotografía de naturaleza o viajes hay destinos que parecen ineludibles por más que otros muchos autores los hayan plasmado ya con sus cámaras. Pero nada iguala la satisfacción de descubrir por uno mismo un enclave poco conocido. Y plasmarlo con la cámara basándose tan sólo en la inspiración personal, no en imágenes preconcebidas debido a las que ya habías visto que otros fotógrafos habían realizado antes en aquel mismo lugar.

En los últimos años internet y las redes sociales no han hecho más que magnificar esta cuestión de manera vertiginosa. Cada día vemos más y más fotografías de las mismas rocas, de las mismas montañas, de las misma calas, repetidas con las mismas miradas, técnicas y luces. Parece que no haya nada nuevo por hacer.

Por eso, aunque no quiero dejar de viajar a parajes tan bellos y apasionantes como Kenia, Islandia o Patagonia por más fotografías que haya visto de ellos, de vez en cuando tengo la imperiosa necesidad de indagar destinos menos hollados donde aún pueda experimentar esa sensación de “descubrimiento”. Algunos de los lugares que hemos visitando como la isla de Socotra en 2009, el Reino de Mustang o Zambia en 2011, Zimbabwe en 1997, algunas zonas remotas de Australia o de Canadá, u otros, son fruto de esa inquietud: viajar a un sitio del que lo desconoces casi todo y del que no tienes una idea predeterminada.

DESEANDO OMÁN

Esta fue una de las motivaciones del trabajo que hemos realizado sobre Omán, sultanato de la península arábiga del que Eulàlia y yo regresamos el pasado diciembre tras explorarlo durante un mes y medio.

La primigenia belleza de los paisajes desérticos con sus wadis y djebels (Jabals en Omán), su esquiva pero fascinante fauna adaptada a la aridez, la animación de los souks, el aroma y sabor de las especias, la llamada del muecín al anochecer, la amabilidad de sus gentes… me encantan los países árabes.


Alondra ibis (Alaemon alaudipes) en la isla de Masirah, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 500 mm f:4L IS + 1.4x-III, 1/500 a f:5.6 a mano alzada
© Oriol Alamany

La semilla de fotografiar Omán quedó plantada precisamente en 2009 en Socotra (Yemen), cuando nuestro amigo Ahmed nos habló con admiración del sultanato. Al parecer era el único de las países de la península arábiga que había sabido conservar parte de su patrimonio natural y cultural a pesar de los petrodólares. Al año siguiente la casualidad me llevó a conocer a un biólogo que había viajado varias veces a Omán para realizar estudios de sus reptiles. Sus conocimientos sobre el país nos orientaron en la preparación de este proyecto fotográfico. Tras un primer intento en 2010, finalmente pospuesto, tuve que esperar tres años para que de nuevo se dieran las circunstancias adecuadas.

Para que os hagáis una idea general del país, la población de Omán es de 3,3 millones de personas, una tercera parte de ellos provenientes de la India, Pakistán o Bangladesh. Con 309.500 km2 de extensión es un poco más grande que Italia, pero su densidad de población es veintiuna veces menor (o nueve veces menor que España). Situado a orillas del estratégico Golfo Pérsico, ha sabido mantenerse alejado de las convulsiones bélicas de la zona, siendo un país tranquilo sin conflictos manifiestos.

Su paisaje es principalmente desértico, con interminables llanuras de grava que se extienden hasta el infinito, bellos mares de dunas, muchos kilómetros de atractivas costas, y altas montañas que alcanzan los 3.050 metros de altitud. Al sur, en la frontera con Yemen, se encuentra la peculiar región de Dhofar donde gracias a los monzones abunda el agua y la vegetación.


Wadi en la región de Dhofar habitado por Leopardo árabe, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L, 8 segundos a f:11, trípode
© Oriol Alamany

La fauna presenta una curiosa mezcla entre elementos africanos y euroasiáticos: aquí conviven leopardos, hienas  y chacales, con lobos y zorros, ballenas, delfines y tortugas marinas. Además es un paso muy importante para las especies de aves migradoras, una de las razones por las que fuimos allí en octubre-noviembre-diciembre. 

Otra de las razones de nuestro viaje era fotografiar las restos de antiguas civilizaciones que, poco a poco, van aflorando a medida que los arqueólogos se interesan por esa región. Hay bellísimos fuertes que los particulares o la Administración omaní se afanan en restaurar. Algunos lugares son sorprendentes, aunque a veces de acceso extremadamente difícil, como algunas de las bellas torres-tumba datadas en la Edad de Bronce que hay desperdigadas por las montañas y sobre las que espero poder publicar algo más adelante.

Puerta de chapa pintada en el pueblo de Misfat, en las montañas Al Hajar, Omán
Rotulador y acuarela en mi diario de viaje
© Oriol Alamany


DIFICULTADES ORGANIZATIVAS 

Omán ha sido una apuesta fotográficamente arriesgada y que presentaba ciertas dificultades, ya que no es un país preparado para recibir turismo excepto en unas pocas localidades del norte algo más conocidas.

A nivel de alojamiento hay muy pocos hoteles y tan sólo en las ciudades de cierta entidad. Hoteles que, por otra parte, son caros para lo que ofrecen. Tampoco hay cámpings y nadie alquila autocaravanas, el que suele ser nuestro modo de viajar favorito para mantenernos alejados de la civilización y en pleno contacto con la naturaleza.

Exceptuando unas pocas noches en algún hotel urbano, a lo largo de estos cuarenta y cinco días Eulàlia y yo hemos vivido en un automóvil 4x4, durmiendo casi siempre en su interior. Para ello alquilamos un Nissan Pathfinder, el único todo-terreno disponible en Omán cuyo maletero puede albergar a dos personas durmiendo al plegarse las hileras de asientos traseros. También llevábamos una tienda de campaña, pero lo abrupto y rocoso del terreno hizo que la utilizáramos en contadas ocasiones.

Al llegar a la capital Mascate compramos unas cajas de plástico para guardar la comida, bidones para almacenar agua y gasolina, unas sillas y una mesa de camping para disponer de un mínimo de comodidad, y un hornillo para cocinar ya que no encontramos recargas de gas para el que habitualmente usamos y traíamos desde España. Encajarlo todo en el interior del vehículo era como montar un puzzle cada mañana.


Nuestro solitario campamento en el desierto en la región de Ash-Sharkiyah, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 70-200 mm f:2.8L IS II, 1/200 a f:9,filtro degradado neutro
© Oriol Alamany

Cada noche vaciábamos el maletero de todo el equipaje y lo dejábamos en los asientos delanteros (equipo fotográfico y ropa) y en el suelo fuera del coche (Cajas con comida, equipo de acampada, bidones de agua y de gasolina…). Por fortuna los omaníes son gente encantadora, que no se meten con lo que estas haciendo y no tienen intención alguna de robarte nada. La sensación de seguridad en el país es total, dejando en muchas ocasiones el ordenador o incluso el teleobjetivo de 500 mm dentro del coche para irnos de excursión. Tan sólo se acercaban a nosotros cuando nos veían parados en algún lugar remoto en el desierto, preguntándonos enseguida si nos pasaba algo por si necesitábamos ayuda.

Habitación doble en el hotelito Nissan Pathfinder, tras vaciarlo de equipaje y material: dos colchonetas autoinchables Therm-A-Rest, dos sacos de dormir The North Face emparejables... ¡y a la cama!, Oasis de Muntasar, Omán
© Oriol Alamany

Acampados en una glorieta en una playa de la costa de Dhofar, Omán
© Oriol Alamany

Otro problema era la comida: un mes y medio viviendo en un automóvil sin disponer de nevera nos obligó a una dieta un tanto espartana de arroz, pasta, latas de ensaladilla de verduras, de atún, de salchichas de Frankfurt, quesitos en porciones, etc. Los días que pasábamos por algún supermercado comprábamos comida fresca para un día, pero a temperaturas de 35-40º nada se conservaba por muchas horas. Algunos días de carretera o urbanos recurríamos a los pequeños restaurantes hindúes que abundan por todo el país. Una opción económica si nuestro estómago resiste el picante de sus platos: básicamente grandes raciones de arroz biryani con pequeñas trozos de pollo, cordero o pescado aderezado con chile. No apto para estómagos delicados.


Nada como una opípara cena de sopa de noodles y salsichas de frankfurt (¡de pollo, que estamos en un país musulmán!) tras un árduo día recorriendo las montañas Al-Hajar, Omán
© Oriol Alamany

En los años 70 Omán tenía menos de diez kilómetros de carreteras asfaltadas, pero desde que el Sultán Qaboos subió al poder su red de carreteras se extendió con gran rapidez. Hoy en día una buena parte del país podría visitarse en un vehículo normal. Pero un 4x4 resulta indispensable para recorrer las arenosas pistas en los desiertos, o llenas de piedras y enormes agujeros en las montañas. Eulàlia y yo llevamos muchos años recorriendo pistas en malas condiciones en lugares remotos, pero ambos coincidimos en que jamás habíamos conducido por pistas tan terribles como en las montañas de Omán. Algunas veces acabamos pasando porque no había vuelta atrás y proseguir adelante era la única opción. Por fortuna el Pathfinder se comportó de maravilla.


Imposible continuar en una carretera devorada por las dunas de arena, Omán
© Oriol Alamany

En otros viajes hemos tenido que enfrentarnos a inundaciones en parajes aparentemente áridos (ver esta entrada sobre Australia). En Omán nos sucedió algo parecido: un día de lluvias en las montañas fue suficiente para inundar wadis, llevarse coches por delante, provocar varias víctimas y destrozar las carreteras con su fuerza inusitada. Y eso que no era la temporada de los Monzones. Una pista de alta montaña al límite de lo aceptable que habíamos recorrido un día con gran cuidado, se convirtió en un infierno tras esa tormenta y fuimos los únicos que circulamos por ella. Y eso porque no teníamos más remedio si no queríamos quedarnos aislados en las montañas durante días.


Salamanquesa (Ptyodactylus orlovi) en las ruinas de un antiguo fuerte en las montañas, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 70-200 mm f:2.8L IS
© Oriol Alamany


FOTOGRAFIAR EN OMÁN

Omán cuenta con paisajes de gran belleza, pero la intensa luz o la calima no le ponen la tarea fácil al fotógrafo. Y eso que viajamos allí en la época “fría” de octubre a diciembre. Tan sólo durante una hora por la mañana y otra por la tarde la luz proporcionaba unos colores y sombras agradables para trabajar. El resto del día el paisaje se desdibujaba en el sofocante calor y en la densa calima. A lo largo de este mes y medio pasamos por lugares impresionantes, pero muchas veces a horas inadecuadas. El reto era recalar en alguno de ellos al atardecer y pernoctar allí para aprovechar las luces.


Eclipse parcial de sol al atardecer en el desierto de Rub' al-Khali, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 500 mm f:4L IS + Extender 2x-II
© Oriol Alamany


Mi caballo de batalla ha sido la cámara Canon EOS 5D MkIII, que ha trabajado sin problemas en condiciones de mucho calor, polvo y baches, en combinación con mis habituales Canon EF 17-40 mm f:4L y 70-200 mm f:2.8L IS II. Al contrario de lo que me esperaba, la fauna no es abundante ni nada confiada en ese país y hace necesario el uso de un potente teleobjetivo. Yo utilicé el EF 500 mm f:4L IS casi siempre con teleconvertidores 1,4x-III o 2x-II. Para fotografía nocturna recurrí al Samyang 14 mm f;2.8 y el Canon EF 28 mm f:1.8. La cámara EOS-1D MkIV con su factor de reencuadre 1,3x y ráfagas de 10 img/segundo la reservé para algunas fotografías de fauna. El equipo que usaba habitualmente lo tenía a mano, bien protegido de polvo y baches, dentro de una mochila fotográfica Lowepro Pro Runner 450 AW de Disefoto.


Oriol fotografiando una tortuga marina al amanecer en una playa, Omán
Teléfono HTC Desire
© Eulàlia Vicens

En fotografía digital es difícil sobrevivir un mes y medio sin disponer prácticamente de tomas eléctricas. Pero el Pathfinder disponía de multitud de tomas de encendedor, a las que siempre teníamos conectados los cargadores de 12 v. de los teléfonos móviles o de la 5D MkIII. Para la 1D MkIV o el MacBook Pro utilizaba sus cargadores convencionales conectados a un Convertidor de corriente CC (12 v) a CA (220 v). Aunque llevaba un panel solar de 14 w y una batería tampón PowerGorilla, en este viaje los usé en contadas ocasiones.


Tortuga verde tapando su nido con arena al amanecer, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, 17-40 mm f:4L, trípode
© Oriol Alamany


Un problema adicional fueron la obtención de algunos permisos para fotografiar en ciertas reservas. Tras semanas enviando e-mails y llamadas telefónicas y no obtener respuesta (algo que también nos sucedió con la empresa de alquiler de coches), algunas veces obtuvimos el permiso para fotografiar justo el día anterior a llegar al lugar en cuestión. Algo como para poner de los nervios al fotógrafo más relajado. Al parecer a los musulmanes no les gusta demasiado el frío trato por e-mail.


- Entrevista sobre el viaje a Omán en Radio Euskadi (Castellano, 7 febrero 2014).

- Primer programa de una série de cinco sobre el viaje a Omán en Catalunya Radio (Catalán, febrero 2014)

- Segundo programa de una série de cinco sobre el viaje a Omán en Catalunya Radio (Catalán, marzo 2014)


14/3/14

• Entrevista sobre el viaje a Omán en Radio Euskadi


Acampados en el desierto en la región de Ash-Sharkiyah, durante nuestro viaje a Omán
© Oriol Alamany


Entrevista sobre nuestro viaje a Omán que me hizo el periodista Roge Blasco el pasado 7 de febrero de 2014 en el programa La casa de la palabra, de Radio Euskadi (a partir del minuto 00:35).





7/3/14

• Oriol Alamany, fotógrafo total: entrevista publicada en el blog Fuji-Xperience



FUJI-Xperience es un interesante blog creado por Javier González Damlow que, aunque inicialmente centrado en las cámaras fotográficas Fujifilm de la serie X, va mucho más allá y trata temas fotográficos diversos, incluyendo entrevistas. La semana pasada publicó una entrevista al fotógrafo David Airob, y esta semana a mí.

Este es el enlace a la ENTREVISTA.

6/3/14

• Taller de fotografía de naturaleza "Luces extremas en Cap de Creus" 2014



De aquí a dos semanas nos vamos a Cap de Creus a dejarnos la piel y el sueño en el curso-taller: "Luces extremas en Cap de Creus", una excitante experiencia fotográfica.

Con conferencias sobre los ciclos diarios de la luz, los secretos de la fotografía nocturna, y diversas salidas prácticas a horarios intempestivos para captar las luces magistrales de este espacio natural. 


¡Todavía nos quedan algunas pocas plazas disponibles! 

4/3/14

• Diez años de fotografía digital


28 febrero 2004, mi primer disparo con una cámara digital:
Halcones peregrinos en el templo de la Sagrada Familia, Barcelona
Canon EOS 10D a ISO 100, Canon 500 mm f:4.5L + 1,4x, trípode, 1/350 f:8
© Oriol Alamany

Esta semana se han cumplido diez años desde que realicé mi primera fotografía digital, ese disparo en concreto que aquí os muestro. Después de una treintena de años fotografiando con películas fotográficas esta década digital me ha pasado volando. La fotografía a base de píxeles sigue siendo una parte relativamente reducida de mi trayectoria como fotógrafo.

MI PRIMERA IMAGEN DIGITAL
Aquella primera fotografía digital la realicé en el templo de la Sagrada Familia. Hacía ya unos años que seguía el proyecto de reintroducción del Halcón peregrino en la ciudad de Barcelona y por vez primera una pareja iba a criar en el emblemático edificio del arquitecto modernista Antoni Gaudí. Pero para fotografiarlos el mejor lugar era desde la terraza de un edificio bastante lejano. Ni tan siquiera con el potente teleobjetivo de 500 mm sería posible obtener alguna imagen decente de la pareja en mi Canon EOS-3 equipada con la "rápida" película de diapositiva Fujichrome Sensia 100 ISO. 

Las primeras cámaras réflex digitales tenían todas un factor de recorte de 1,5x o 1,6x respecto a las de película de formato 135. Así que un amigo me prestó por unos días su Canon EOS 10D de 6,3 MP. Combinada con el 500 mm y un teleconvertidor de focal de 1,4x, obtuve una focal equivalente a 1.120 mm que me facilitó el trabajo. Hoy en día me sorprende constatar que la disparé a una sensibilidad de tan sólo 100 ISO, cuando en la actualidad una imagen de este tipo la dispararía sin duda a 400 ISO. Pero en una época en que la sensibilidad "normal" eran los 50 ISO del Fujichrome Velvia, los 100 ISO se consideraban una sensibilidad medio-alta.

Curiosamente aquel primer disparo digital se convirtió en una de las fotografías más emblemáticas de mi trabajo sobre los halcones de Barcelona, y acabó publicada a doble página en la revista National Geographic.




UN MUNDO NUEVO
Tras este primer experimento pasarían aún unos meses hasta que me decidiría a invertir en una cámara digital: sería en junio de 2004, cuando adquirí una Konica-Minolta A2 para investigar en el nuevo medio. Tras un par de meses de practicar con ella llegó la primera réflex, una Canon EOS-1D Mark II de 8 MP.  



La genial Minolta A2, mi primera cámara digital en 2004

En aquel momento todo era nuevo incluso para los fotógrafos profesionales que llevábamos años de oficio. Todos tuvimos que aprender la nueva tecnología desde la base, comprar costosas cámaras y a veces objetivos nuevos. También adaptar nuestras oficinas a las nuevas necesidades: ordenadores más potentes, monitores de retoque de alta calidad, sistemas de almacenamiento y copias de seguridad, sistemas de envío para los clientes... Y aprender las técnicas del revelado de Raws, el funcionamiento de los programas, la gestión de color... Por suerte muchos profesionales nos apoyamos mútuamente, intercambiando información de lo que íbamos descubriendo de ese nuevo mundo.

El cambio fue complejo en algunos momentos: las editoriales no nos aceptaban las fotografías digitales argumentando que jamás proporcionarían la calidad de reproducción de las diapositivas. ¡Si, esas mismas publicaciones que ahora no aceptan diapositivas! El mundo de las Artes Gráficas sufrió una tremenda sacudida y algunos profesionales se quedaron por el camino: fotógrafos, fotomecánicas, imprentas... 

Antes del digital las editoriales nos pagaban XX dinero a los fotógrafos por los derechos de reproducción de nuestras diapositivas y luego pagaban XXX adicionales a una fotomecánica para que las reprodujeran mediante un escáner para poder imprimirlas. Aún recuerdo conversaciones con compañeros profesionales en las que comentábamos que, como con la fotografía digital se traspasaba al fotógrafo la tarea de preparar los originales digitales para imprenta (el trabajo habitual de las fotomecánicas), las editoriales nos pagarían ambos trabajos: XX + XXX. Eso compensaría en parte la gran inversión que estábamos realizando. ¡Qué ilusos fuimos! 

Si alguien sacó beneficios económicos del cambio no fueron ni las fotomecánicas, que se vieron obligadas a cerrar prácticamente todas, ni los fotógrafos, a quien se nos siguió pagando igual a pesar del mayor trabajo implicado en la entrega de originales.

Luego no tardarían en llegar las rebajas de tarifas: que si con las cámaras digitales los fotógrafos no gastamos en película..., que si ahora nos resulta muy fácil hacer fotos..., que si ahora cualquier aficionado quiere venderlas..., etc. Fue el principio del hundimiento de un oficio.

FIN DE UNA ETAPA
En abril de 2004 Eulàlia y yo estuvimos en Córcega. Un día estaba fotografiando el pueblo de Bonifacio cuando, al llegar a la fotografía 36, la Canon EOS-3 rebobinó el carrete estrepitosamente ante la sorprendida mirada de una niña, que llevaba observándome desde hacía un rato. Cuando abrí la tapa trasera y saqué la película la niña dijo con un tono condescendiente: 

– Ah, è peliculina!—

Como si al fin hubiera comprendido cual era el extraño artilugio que aquel hombre estaba usando. En aquel momento me sentí anticuado. Las nueva generaciones ya miraban sorprendidas las cámaras que habíamos usado durante décadas. Para algunos la fotografía ya era sólo digital. De hecho, hoy en día me sorprende cuando en los talleres de fotografía que imparto constato que la mayoría de asistentes jamás han realizado fotografías con película.

Mi último trabajo en fotografía química fue sobre la sierra de Guara para una revista francesa y lo realicé aquel junio. Aunque mantuve mis cámaras antiguas durante un par de años más pensando que algún cliente quizás querría trabajos sobre película, lo cierto es que ya no hubo vuelta atrás. Los precios de las diapositivas se dispararon y las emulsiones fueron desapareciendo del mercado. Las cámaras analógicas no valían nada en el mercado de segunda mano. La nueva tecnología digital se impuso con apabullante velocidad.


Junio 2004, uno de mis últimos disparos con una cámara de película:
Sierra de Guara, Aragón.
Bronica ETRsi de formato 4,5x6, Zenzanon PE 40 mm f:4, trípode, película Fujichrome Velvia 50
© Oriol Alamany


La diapositiva reproducida en la portada de una revista.
© Oriol Alamany


Lo cierto es que en el campo me permitía hacer lo mismo que antes, con la ventaja añadida de poder tomar fotografías a mayores sensibilidades ISO que las diapositivas en condiciones de luz escasa. Y sin tener que cargar con los carretes. Lo de ver la fotografía al acto nunca me impresionó demasiado: estaba acostumbrado a imaginarme los resultados.

Pero era en la oficina donde la fotografía digital ofrecía diversas ventajas funcionales para mi trabajo profesional. Se acabó mandar costosos mensajeros con los originales, reclamar la devolución de las diapositivas a los clientes, las fotografías perdidas o rayadas, los armarios llenos de miles de originales...

Para bien o para mal, el mayor cambio en la historia de la fotografía se había producido y nosotros habíamos tenido la fortuna de haberlo vivido de primera manoLa inversión en tiempo, dinero y reciclaje personal fue inmensa, pero al final nos acabamos adaptando al nuevo escenario.

Al fin y al cabo, una fotografía sigue siendo una fotografía. Es igual que sea obtenida en película o por medios digitales. Al final lo que importa es el impacto de la imagen, la composición, la luz y la visión y creatividad del fotógrafo. 


24/2/14

• ASFERICO 2014: interioridades de los concursos fotográficos



Hace años que más que participar en concursos fotográficos, vengo ejerciendo de jurado en buen número de ellos. Después de ser invitado por la asociación italiana AFNI a formar parte del jurado del certamen ASFERICO de ámbito internacional, se me ocurrió escribir unas palabras sobre las interioridades de una de estas competiciones de alto nivel.

En primer lugar debo decir que cuando se me solicita unirme al jurado de un concurso fotográfico lo primero que pido es ver las bases. Si existen cláusulas que considero abusivas para los derechos de los fotógrafos intento que se cambien o deniego mi participación en base a este argumento. No quiero ser cómplice de este tipo de abusos tan en boga. Ningún problema de este tipo en ASFERICO cuyas bases son ejemplares.

Al ver por las imágenes presentadas a un concurso de fotografía de la naturaleza siempre me sorprende (¡y mucho!) constatar que algunos participantes no saben leer: fotografías de geranios en un tiesto, de perros o gatos domésticos, del hijo o la novia posando en un trigal… son recurrentes en concursos cuyas reglas especifican con claridad meridiana que NO pueden presentarse fotografías de animales domésticos o que contengan elementos humanos. Parece que eso es mucho más complicado de entender de lo que aparenta. Por otra parte, se supone que si mandan esas fotografías a un concurso es que piensan que tienen posibilidades de ganar. La autocrítica es uno de los valores más escasos a la hora de seleccionar fotografías para un concurso: ¿son nuestras imágenes realmente buenas, técnicamente correctas, originales y sorprendentes? Y sobretodo: ¿se ciñen a las bases?

También sorprende encontrarse imágenes ya premiadas en otros concursos aunque las bases las limiten de modo expreso. ¿Piensa el participante que los miembros del jurado son tontos? ¿Que no se conocen los premiados de otros certámenes? A lo largo de mi trayectoria como jurado me he hartado de descalificar imágenes de esas.

Las fotografías que no cumplen las reglas y la gran cantidad de imágenes recibidas (en esta edición de ASFERICO fueron unas 11.000), hacen imprescindible un filtrado previo por parte de la organización antes de la intervención del jurado propiamente dicho. Resulta difícil que un jurado se trague más de 10.000 fotos de sopetón y luego aún le queden neuronas funcionales como para seleccionar premios entre ellas. Ese filtrado previo no tiene lugar en concursos más locales de reducida participación, pero es habitual en los grandes certámenes. Eso significa que gran parte de las fotografías ya no llegan a ser vistas jamás por los jueces. 

Reunión del jurado del concurso fotográfico ASFERICO 2014 en Padua, Italia

Un caso curioso que me sucedió hace unos años fue cuando en un conocido concurso español donde se presentaron unas 2.000 imágenes al jurado se nos enseñó online una selección de tan sólo cien que había realizado la misma organización. Al no encontrar en ellas ninguna imagen claramente ganadora pedí poder visionar el resto de las 2.000 presentadas y de allí recuperé varias. Una de ellas fue finalmente la escogida como ganadora por todo el jurado.

Por lo tanto, si tu foto no ha ganado ningún premio no maldigas directamente a los jueces: es posible que a ellos ni tan siquiera la hayan llegado a ver. 

A pesar del filtrado previo, durante nuestro encuentro de un fin de semana en la ciudad italiana de Padua para ASFERICO 2014, los fotógrafos Theo Bosboom (Holanda), Claudio Gazzaroli (Suiza), Alessandro Bee (Italia), el periodista científico Marco Ferrari (Italia) y yo mismo tuvimos que lidiar con nada menos que unas 1.600 imágenes pre-seleccionadas. 

También sorprende ver que, de las fotografías presentadas, una parte considerable de ellas giran en torno a los mismos sujetos que se repiten una y otra vez. A mi modo de entender esta tendencia "social" de fotografiar todos lo mismo (y con frecuencia del mismo modo) es una de los principales problemas para la evolución de la fotografía de naturaleza actual.

A modo de referencia, me apunté los sujetos que vimos repetidos una y otra vez en ASFERICO 2014:

CATEGORÍA "LANDSCAPE"
- Islandia (en especial sus cascadas y los bloques de hielo de la playa de Jokulsarlon).
- Auroras boreales.
- Paisajes nocturnos con la Vía Láctea.
- El Parque Nacional de Yellowstone (USA).
- Las Tre Cime de Lavaredo en las Dolomitas (Italia).

CATEGORÍA "UNDERWATER WORLDS"
- Tortugas marinas nadando. 
- Delfines. 
- Macros de invertebrados varios. 

CATEGORÍA "MAMMALS"
- Oso pardo desde los aguardos de pago existentes en Finlandia.
- Oso polar en Alaska, Canadá y Svalbard.
- Ciervos y cabras monteses.
- Zorros comunes y zorros árticos. 

CATEGORÍA "BIRDS" 
- Martín pescador.
- Águilas, pigargos o ratoneros peleándose cebados en una carroña, preferiblemente en la nieve.

CATEGORÍA "OTHER ANIMALS"

- Libélulas.
- Escarabajo Ciervo volante.
- Víboras.
- Mariposas.

CATEGORÍA "PLANTS AND FUNGI"
- Orquideas, en especial Zapatitos de Venus como para aburrir al botánico más pintado.
- Fritillaria.
- Helechos.
- Setas de diversas especies.

CATEGORÍA "COMPOSITION AND FORMS" 
- Detalles de hielo en todas sus formas y variedades.
- Fotografías aéreas abstractas.
- Landmanalaugar en Islandia.
- Riotinto.
- Estorninos.

CATEGORÍA "MAN AND NATURE": 
- Animales atropellados en la carretera, todos ellos tomados con gran angular a ras de suelo y un coche en el fondo, hasta lograr el sopor del jurado.
- Animales cazados colgados en cercas.
- Submarinistas interactuando con ballenas. 

O sea, que la mayoría de las miles de imágenes presentadas a ASFERICO giraban una y otra vez sobre los mismos temas. La falta de originalidad en los destinos y las especies en los certámenes fotográficos actuales es apabullante.

Fotografía de Richard Packwood ganadora en la edición del año anterior de ASFERICO

ESCOGIENDO LOS GALARDONES
En lo concerniente al funcionamiento interno, en ASFERICO nos proyectaban al jurado unas 200 fotografías pre-seleccionadas para cada una de las ocho categorías. Evidentemente de modo anónimo, sin conocer los nombres de los participantes.

En una segunda proyección el jurado iba descartándolas hasta llegar a una selección de unas treinta por categoría. En una tercera proyección se llegaba a una decena, de donde salían luego las ganadoras de cada sección tras no pocos debates y discusiones. Entre las ganadoras de las categorías se escogió al ganador absoluto.

Un problema personal que se te puede presentar si ejerces de jurado es cuando reconoces la fotografía de un amigo o conocido. ¿Qué hacer? Si antes ya has pactado con él un buen soborno este es el momento de votarla...  ;-)  ¡És broma!, en mi caso me considero suficientemente experimentado en estas lides como para ser imparcial y, aunque conozca al autor, votar la foto fríamente en función de su calidad fotográfica.


Reunión del jurado de un concurso fotográfico en Berga, Catalunya

Una interioridad que quizás pueda sorprender a quien jamás haya ejercido de jurado en un concurso fotográfico es que las fotografías galardonadas no siempre gustan por igual a todos los miembros. A veces el veredicto es claro e unánime, pero en algunos de los concursos en que he participado como jurado se han seleccionado o premiado imágenes que en mi opinión no merecían un galardón y a veces se han quedado en el tintero otras que sí. Eso suele suceder cuando para valorar fotografías se incluye en el jurado un escritor o un pintor local (hecho bastante común) que no tiene conocimientos de fotografía. No creo que en los jurados de los concursos de literatura o pintura incluyan a fotógrafos. Entonces ¿porqué sí al contrario?

Así que cuando un jurado está integrado por varios miembros (en el caso de ASFERICO fuímos cinco), hay que debatir, argumentar, y también saber claudicar para llegar a un resultado negociado. Son cosas del consenso y la democracia.

NO DEJÉIS DE LEEER LOS COMENTARIOS, DONDE SE DEBATEN EN PROFUNDIDAD LOS TEMAS AQUÍ TRATADOS.

(Gracias a los miembros de AFNI por escogerme para formar parte del jurado de su prestigioso concurso. Y al resto de miembros del jurado, por el placer de debatir con ellos tantos aspectos de la fotografía de la naturaleza).