26/6/15

• Canon EF 11-24 mm f:4L, el gran angular más extremo


Una enorme lente frontal domina el aspecto del nuevo 11-24mm f:4L
© Oriol Alamany


El pasado mes febrero Canon añadió a su ya extensa gama de objetivos para cámaras réflex un nuevo zoom ultra gran angular: el Canon EF 11-24mm f:4L USM.

Desde que en el año 2007 Nikon comercializó el AF-S Nikkor 14-24 mm f:2.8G ED ese afamado zoom fue adoptado por gran número de fotógrafos de paisaje diurno y nocturno. Incluso algunos usuarios de cámaras Canon EOS o Sony A7 lo acoplaron a sus cuerpos mediante adaptadores para aprovechar sus buenas cualidades. Las peticiones a Canon para que desarrollara una óptica similar no han cesado y al fin la respuesta se ha producido... aunque con algunas sorpresas y quizás alguna decepción.

Y es que, aunque aparentemente parecidos, ambos objetivos son notablemente distintos. Tanto en la gama de distancias focales abarcada, como en su luminosidad máxima, lo que cambia bastante el perfil de su usuario de destino. En un golpe de efecto los ingenieros de Canon han optado por demostrar sus habilidades extendiendo el zoom hasta una focal de nada menos que 11 mm rectilínea. Eso significa que abarca sin distorsión un ángulo de 126º cubriendo el formato completo de 24x36 mm, una proeza óptica jamás antes lograda. Hasta el momento el más amplio gran angular rectilíneo para formato Full Frame era el Sigma 12-24 mm f:4.5-5.6 DG II HSM, más pequeño y económico pero también menos luminoso y no de igual calidad. 

Alguien pensará que existen focales rectilíneas más cortas, como los Canon EF-S 10-18 y 10-22 mm, o el Tokina 11-16 mm f:2.8 AT-X Pro DX II. Pero sus círculos de imagen tan sólo cubren el formato  más pequeño APS-C, por lo que en realidad encuadran como un gran angular de 16 o 17 mm y no son comparables a la nueva óptica.

Este impactante objetivo incorpora numerosas características técnicas para ofrecer al profesional un rendimiento óptico de alta gama: dos lentes asféricas, cristales Super UD y UD, modernos revestimientos antireflejos y antimanchas, protección todotiempo, motor ultrasónico, etc. Pero para lograr mantener el objetivo dentro de un precio y volumen relativamente comedido (¡3.220 € y 1,18 kg de peso!), Canon ha debido sacrificar su luminosidad máxima reduciéndola a f:4. Eso limita bastante su utilización en uno de los campos en que la versión Nikon f:2.8 excele: la fotografía nocturna. Sin duda eso va a desanimar a buen número de usuarios potenciales.





La pregunta que se me ocurre es: ¿a cuantos fotógrafos los 14 mm existentes les parecían insuficientes y habían tenido la necesidad imperiosa de poseer o habían pedido a Canon un 11 mm rectilíneo? ¿Era esta una carencia real en el mundo de la fotografía? Para la fotografía de naturaleza mi opinión personal es que no. Su escasa luminosidad, peso elevado, y dificultad para montar filtros debido a la ausencia de rosca y su enorme lente frontal bulbosa, le hacen poco adecuado para nuestra disciplina en concreto. 

Pienso que esta es una herramienta notable, muy especializada, que destacará en otros usos específicos, como la fotografía industrial, de arquitectura o de interiores. 


Interior de la enorme central térmica del Besòs
Canon EOS 5D MkIII, EF 11-24 mm f:4L a 11 mm
© Oriol Alamany

El 11-24 mm f:4L en la fotografía de naturaleza

Cuando empecé a hacer fotos en los años 70 se consideraba un gran angular fuerte a un 24 o a un 20 mm. Mi focal gran angular extrema ha sido casi siempre un 17 mm de luminosidad f:4. Y en bien pocas ocasiones he sentido la necesidad de ir más allá trabajando con una cámara de película de 35 mm o una digital de Formato Completo. Tan sólo en 2013 incorporé al equipo el más amplio Samyang 14 mm f:2.8, casi exclusivamente para hacer fotografía nocturna debido a su mayor luminosidad, a la calidad en los bordes y a la nula aberración de coma, cualidades necesarias para captar cielos estrellados.

Pero durante el día uso el 14 mm en contadas ocasiones, ya que en fotografía de paisaje es frecuente que en el encuadre aparezca mi propia sombra, en especial al amanecer o al atardecer. Tan sólo en días nublados, en fotografías a la sombra, en interiores o en imágenes a contraluz se mitiga este inconveniente. 

Otra contrariedad es la frecuente aparición en la parte baja del encuadre de alguna de las patas del trípode, en especial en las tomas verticales. Eso obliga a montarlo en posiciones un tanto acrobáticas, con una pata más extendida dirigida hacia el fotógrafo y las otras dos más cortas, inclinadas hacia delante. Con el 11 mm he comprobado que el problema se recrudece.

La propia sombra del fotógrafo acaba siendo un problema muy frecuente en los encuadres a 11 mm, isla de Formentera
Canon EOS 5D MkIII, EF 11-24 mm f:4L a 11 mm
© Oriol Alamany

Así que si un 14 mm tiene poco uso para mí en la fotografía de naturaleza y viajes que normalmente realizo, la idea de un 11 mm debo reconocer que no me apasiona. Por ello, cuando abrí la caja que Canon España me envió para realizar esta prueba y saqué la "bestia" de 11-24 mm ya vislumbré que aquel pesado gran angular que me prestaban por unos días no iba a ser objeto de mis deseos (Al contrario de lo que sucedió con mi test del 16-35 mm f:4L IS, que acabé comprando tan sólo terminar mi prueba). Tan sólo montar el 11-24 en la cámara EOS 5D MkIII el conjunto queda tan descompensado de peso que ya se ve que es una óptica para fotografía predominantemente reposada y con trípode.

Hay que tener presente que en cámaras de formato de sensor más reducido APS-C este objetivo cubre el campo equivalente a un 18-40 mm. Pero sería una pena usar una herramienta tan poderosa en cuanto a focales y distorsión en una cámara así.

Aproveché mi participación en el festival de fotografía Formentera Fotográfica 2015  para probar el objetivo en los amplios paisajes de esta isla mediterránea. 

Lo primero que constaté es la imposibilidad de montarle filtros convencionales de rosca debido a la ausencia de la misma y a su enorme lente frontal bulbosa. Pueden usarse filtros de gelatina en su ranura para filtros trasera, pero Canon nos avisa de que ello tampoco es posible a su mínima focal, ya que la lente posterior es móvil y al desplazarse a 11 mm toca el filtro. El uso de un polarizador de rosca para eliminar reflejos, saturar los colores o oscurecer los cielos no es posible, aunque este tipo de filtro plasma efectos molestos si incluimos el cielo en el encuadre con cualquier gran angular extremo. 

LucrOit acaba de presentar una versión de portafiltros para este objetivo que usa enormes filtros rectangulares de 165 x 200 mm (165 Pro L) y está desarrollando un polarizador. Y al parecer la firma Lee está trabajando en adaptar su gran portafiltros SW150 de 150 mm a esta óptica. Benro también tiene su portafiltros FH-150 para gran angulares extremos y no sería extraño que acabara con un adaptador para utilizarlo en el 11-24 mm.

Dado el gran tamaño de los filtros capaces de cubrir el ángulo de un 11 mm, ninguna de estas soluciones será ni especialmente portátil ni económica, pero al menos será posible modelar la luz a estas focales extremas.


Portafiltros LucrOit 165 Pro L adaptado al 11-24 mm, hasta la fecha el único sistema de filtros disponible para esta lente.
© Oriol Alamany

Una precaución que destaca Canon en el manual de instrucciones es que hay que tener mucho cuidado con el polvo o la suciedad en la lente frontal, ya que debido a la enorme profundidad de campo, esta será visible en la fotografía final. Esto lo he podido comprobar en la práctica, ya sea polvo o una salpicadura de agua, por lo que hay que ser meticuloso con la limpieza.

Pero estas pegas en su uso no pueden esconder que el objetivo tiene una fabricación espectacular característica de la serie L, a prueba de entrada de polvo y salpicaduras, excepto en su lente frontal, que se mueve al enfocar. La distancia mínima de enfoque varia según la focal utilizada: 32 cm en la posición 11 mm y 28 cm en la de 24 mm. Y el rendimiento óptico es de elevadísimo nivel, con excelente resolución, una leve aberración cromática en los extremos de la imagen, aberración en coma no apreciable y la distorsión geométrica muy bien corregida. Sorprende fotografiar en estos angulos extremos, aunque al fotografiar edificios hay que nivelar bien la cámara para evitar la fuga de lineas.  


Sabina en la isla de Formentera
Canon EOS 5D MkIII, EF 11-24 mm f:4L a 11 mm
© Oriol Alamany

Tal y como he constatado en cada una de sus nuevas ópticas comercializadas en los últimos tiempos, en el 11-24 mm Canon ha mimado un aspecto tan sutil como el número y forma de las hojas del diafragma. Como resultado, el 11-24 mm plasma el sol como una preciosa estrella de 18 puntas que da gusto incluir en el encuadre. Y los nuevos revestimientos limitan en gran medida la aparición de flares.


Captando el amanecer en la isla de Formentera
Olympus OM-D E-M1, 40-150 mm f:4-5.6R
© Oriol Alamany



Antigua torre en la isla de Formentera
Buscando encuadres similares con el 11-24 mm y con el 16-35 mm, resituando la cámara. Obsérvese la pequeña variación de la perspectiva entre el primer plano y la torre del fondo según la focal utilizada.
Canon EOS 5D MkIII, EF 11-24 mm f:4L a 11 mm y 16-35 mm f:4L IS a 16 mm
© Oriol Alamany



En resumen, estamos ante una óptica excelente, pero de uso muy especializado, no apta para todos los públicos. En mi opinión el reciente Canon EF 16-35 mm f:4L IS (ver amplio test en este mismo blog) resulta muchísimo más versátil, ya que ofrece la misma luminosidad y también una calidad óptica sobresaliente, pero a una cuarta parte del precio, la mitad de peso, permite montar filtros estándar de 77 mm y, como colofón, permite realizar fotografías a mano alzada a velocidades de obturación lentas debido a su estabilizador de imagen IS. La única ventaja del 11-24 mm se reduce a la gama focal de los 11 a los 15 mm, inexistente en el modelo 16-35 mm.

Eso si, si eres un fotógrafo de arquitectura o de interiorismo ya puedes empezar a poner euros en una hucha, ya que allí sí que vas a sacarle un buen partido al 11-24 mm.

Como colofón diré que es un placer constatar un hecho incuestionable: Canon ha hecho los deberes con sus nuevos objetivos gran angulares, que siempre habían sido el eslabón flojo de la marca. Los recientes 24-70 mm f:2.8L II, 24-70 mm f:4L IS, 16-35 mm f:4L IS y este 11-24 mm f:4L comparten una calidad altísima, ya que no cabe duda de que fueron diseñados pensando en los nuevos sensores de 51 MP de resolución y en quien sabe que futuros avances de la fotografía digital. Ojalá el 16-35 mm f:2.8L II y el polivalente pero algo añejo, 24-105 mm f:4L IS vean pronto nuevas versiones que les pongan también a la altura de sus hermanos y el círculo se habrá completado.



Amanecer en la isla de Formentera
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, EF 11-24 mm f:4L a 11 mm
© Oriol Alamany



Una imponente lente frontal domina el aspecto del nuevo 11-24mm f:4L
© Oriol Alamany


Amanecer en la isla de Formentera
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, EF 11-24 mm f:4L a 18 mm
© Oriol Alamany


13/5/15

• Viaje fotográfico a Kenia 2015


Una de nuestras furgonetas navegando por la sabana en busca de fauna al amanecer, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany

Desde bien pequeño devoré con pasión libros, revistas, álbumes de cromos y documentales sobre los animales salvajes de África oriental. Así que cuando a cierta edad empecé a viajar de verdad tenía la idea de que ya había visto suficientes imágenes del Serengeti, de sus leones, elefantes, guepardos, gacelas o jirafas sin haber visto tan siquiera ninguno de ellos en la vida real. 

Por ello, cuando en 1994 Eulàlia y yo realizamos nuestro primer viaje al África subsahariana, evitamos de manera consciente los clásicos destinos de safari como Kenia y Tanzania, y nos fuimos a Sudáfrica, un país aún poco visitado en aquellos tiempos. En los años siguientes vendrían otros viajes a Zimbabwe, a Botswana y a Namibia, países de África meridional donde la presencia de turistas y fotógrafos era aun escasa y podíamos movernos a nuestro antijo, algo que ambos valoramos en extremo.

No fue hasta 2006 (y ahora, sinceramente, no recuerdo cual fue el detonante), que finalmente decidimos visitar Kenia con unos amigos. Y fue un viaje revelador. Es cierto que en Masai Mara o en Samburu hay más gente y vehículos que en los parques de África meridional. Es cierto que aquí resulta prácticamente ineludible viajar con una agencia y un guía-conductor local. Es cierto que en algunos momentos desearías que no se reunieran diez automóviles a tu alrededor cuando estás ante un bellísimo leopardo. Pero también es cierto  que en Kenia la calidad y la cantidad de observaciones de fauna es superior a otros destinos africanos. Y dos hechos importantes para un fotógrafo: los animales se dejan fotografiar a distancias mucho más cercanas, y la vegetación suele ser más abierta, lo que redunda en imágenes de mayor impacto y calidad. 



Una leona con sus cachorros devora un ñu, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany

Además, la gran migración de millones de herbívoros a través de las sabanas de Kenia y Tanzania es uno de los espectáculos naturales más impresionantes del planeta y tan sólo puede verse aquí, en el Serengeti o en Masai Mara. No, por más fotografías o documentales que hayas visto de aquellas tierras, nada te prepara para la emoción que te recorre el cuerpo en un encuentro en la sabana con una manada de leones, un grupo de miles de ñus cruzando el río Mara, o encuadrar por el visor de la cámara a un esquivo leopardo acechando a su presa. Es algo que ningún fotógrafo de la naturaleza se puede perder. En Kenia aún puede vivirse el África primigenia.

Atascados entre animales salvajes en la sabana del Mara, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany

Predadores y herbívoros durante la gran migración

Así que una vez ya conocido el país, en 2010 y 2011 organizamos sendos viajes fotográficos a Kenia especialmente diseñados para aficionados a la fotografía. Ambos en la primera quincena de septiembre, el momento culminante para observar el fenómeno de la gran migración. Y la fortuna o quizás la buena planificación nos acompañó, pudiendo observar y fotografiar diversos cruces de herbívoros en el río Mara, el suceso culminante de esa migración, además de muchísimas otras cosas.

Para el verano de 2015, del 28 de agosto al 11 de septiembre, Eulàlia y yo hemos decidido ofrecer de nuevo este viaje a través de la agencia especializada Tabia Safaris. La salida ya está confirmada debido a que a fecha de hoy ya tenemos cubiertas las seis plazas del grupo mínimo. El número máximo de participantes es de doce.

Participantes en el viaje fotográfico entre cebras en la sabana del Mara, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


En este viaje fotografiaremos en Masai Mara Game Reserve, en Nakuru National Park y en Samburu National Reserve y su reserva hermana adyacente Buffalo Springs. 

¿Porqué esos sitios en concreto? Pues porque cada uno de ellos alberga unos paisajes y especies animales bien distintas para proporcionar variedad al trabajo fotográfico. Masai Mara es el genuino ejemplo de la sabana abierta con acacias dispersas y ofrece una enorme variedad de los animales clásicos de la fauna africana. Y es el escenario donde se desarrolla el fenómeno de la gran migración, con la posibilidad de ver los espectaculares cruces del río, conocidos como crossings. El interludio verde y azul de Nakuru nos permite variar por completo de registro y fotografiar a enormes grupos de flamencos, pelícanos y otras aves. Además tiene la mejor población del país de los tan amenazados rinocerontes. Y los más áridos Samburu y Buffalo Springs son el contrapunto ideal y fin de fiesta. Albergan especies distintas propias de zonas más cálidas como el Órice, el Antílope jirafa, la Cebra de Grevy, la Jirafa reticulada y el Avestruz somalí entre otras, siendo sin duda el mejor lugar de Kenia para la observación del elegante Leopardo y el esquivo Licaón.

Sin duda puedes hallar safaris fotográficos no especializados más económicos en agencias de viajes organizados. Pero este no es tan sólo un viaje, sino también un taller de fotografía donde contaras con mi asesoramiento como fotógrafo profesional. Y además te ofrecemos tres características destacadas. 

En primer lugar y de vital importancia: ponemos a tan sólo tres participantes en cada furgoneta de nueve plazas para que dispongas siempre de sitio para tener a mano tu mochila fotográfica y poder disparar hacia ambos lados del vehículo. Somos conscientes de que esto encarece el coste, pero cuando tienes a un leopardo a escasa distancia valoras el disponer de buenos ángulos de tiro y no tener que esperar turno para poder disparar.

En segundo lugar, siempre nos alojaremos en lodges en el interior de los parques y reservas. Nuestra experiencia nos dice que eso es primordial para empezar a fotografiar con las mejores luces al amanecer y al atardecer. Las agencias que te alojan en establecimientos en la periferia de los parques se ahorran dinero, pero cada día deben recorrer las distancias que les separan de los límites y, una vez realizados los trámites de entrada, desplazarse hasta los puntos clave en el interior que suelen estar a cierta distancia. Los lodges que hemos escogido están a escasos minutos de la acción. ¡O incluso la acción se produce en su interior!

Y por otra parte nuestro viaje no tiene costes añadidos. Nos gustan las cuentas claras de lo que está incluido y lo que no. Por ejemplo, en Kenia no vas a tener que pagar ninguna comida ya que todas ellas están incluidas.

Quienes nos conocen y han viajado con nosotros ya saben que tanto Eulàlia como yo ponemos todo nuestra experiencia personal, empeño y conocimientos para que quienes nos acompañen disfruten al máximo del viaje y regresen con buenas fotografías.


Fotografías de Masai Mara

 Composición de acacias, elefantes y cebras en la sabana, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


 Un León macho marca su territorio orinando sobre un arbusto, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


 Grupos de cebras y ñus enre acacias en la sabana, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


Árbol solitario bajo una tormenta de tarde, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


Guepardo con la cara ensangrentada, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


Manada de ñus durante uno e los dramáticos cruces del río Mara, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


Difícil de captar la imagen de un Impala a la carrera, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


Buitre sobrevolando el río Mara, Masai Mara, Kenia
© Oriol Alamany


Fotografías de Nakuru

Nubes de tormenta sobre grupos de flamencos y pelícanos, PN Nakuru, Kenia
© Oriol Alamany

Grupo de pelícanos a orillas del lago Nakuru, PN Nakuru, Kenia
© Oriol Alamany


Familia de leones entre la niebla matinal, PN Nakuru, Kenia
© Oriol Alamany



Rinocerontes blancos en el bosque del lago Nakuru, PN Nakuru, Kenia
© Oriol Alamany



Fotografías de Samburu-Buffalo Springs

Pelea ritual de jirafas reticuladas, Buffalo Springs, Kenia
© Oriol Alamany


Manada de elefantes dirigiéndose al río para beber, Samburu, Kenia
© Oriol Alamany


 La imponente Águila marcial con las últimas luces crepusculares, Samburu, Kenia
© Oriol Alamany


El esbelto Gerenuk o Antílope jirafa, especialidad de Samburu, Kenia
© Oriol Alamany


Leopardo cazando un antílope Dik-dik al crepúsculo, Samburu, Kenia
© Oriol Alamany


Arco iris sobre una manada de licaones, Samburu, Kenia
© Oriol Alamany


Así que si te interesa acompañarnos a nuestro catorceavo viaje a África, sentir el calor vibrante de la sabana, llenar tu cámara del polvo de las pistas africanas, aprender fotografía y estremecerte observando y fotografiando algunos de los animales más impresionantes del planeta, aprovecha esta oportunidad y únete a nuestro grupo:

VIAJE FOTOGRÁFICO A KENIA 2015

MÁS INFORMACIÓN



8/5/15

• Un año fotografiando la Heredad Segura Viudas





En otoño de 2013 la empresa vitivinícola Heredad Segura Viudas me encargó el proyecto de captar en fotografías la biodiversidad y el transcurrir de las estaciones en su propiedad a lo largo de la cosecha 2014.


Durante algo más de un año visité y recorrí este pequeño retazo de la comarca del Penedès acompañado de mi equipo fotográfico. No ha resultado un trabajo fácil dado lo reducido del espacio abarcado: una zona rural con viñedos, algo de bosque de pinos, algún barranco y un pequeño río con su bosque de ribera de chopos. Todo ello presidido en la lejanía por el impresionante telón de fondo de la montaña de Montserrat. 

Resulta mucho más fácil obtener un trabajo atractivo de nuestros grandes parques nacionales y su atractiva fauna salvaje, que no de un enclave rural y humanizado como ese.
Lo visité numerosas veces, escrutando el entorno con intensidad en busca de un detalle, de un motivo, de un brillo de luz. Ha sido un trabajo que me ha recordado algo mis inicios en la fotografía de la naturaleza en la década de los 70 y 80 en la cercana localidad de Vacarisses, justo al otro lado de la montaña de Montserrat.

En el video que abre esta entrada podéis ver una entrevista con mis comentarios sobre este trabajo. También os dejo unas fotografías de cómo realicé el trabajo allí, así como algunas imágenes que no aparecen en la selección final de un centenar de fotografías realizada por Segura Viudas.


Fotografiando la floración de las amapolas el 17 de mayo
Olympus OM-D E-M10 a ISO 400, M.Zuiko 17 mm f:1.8
© Eulàlia Vicens



Amanecer en los viñedos, 19 de mayo
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, Samyang 14 mm f:2.8
© Oriol Alamany


Agua y rocas, 22 de octubre
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, EF 70-200 mm f:2.8
© Oriol Alamany


Chycorium intybus, 22 de octubre
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, FD 28 mm f:2.8 con adaptador a EOS
© Oriol Alamany

Pinar al anochecer, 14 de abril
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, EF 70-200 mm f:2.8
© Oriol Alamany


Visión subacuática del río Bitlles, 29 de abril
GoPro Hero2
© Oriol Alamany


Luna llena sobre los viñedos, 10 de julio
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, EF 28 mm f:1.8
© Oriol Alamany


Amapola al atardecer, 17 de mayo
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, EF 70-200 mm f:2.8
© Oriol Alamany


Retama, 2 de junio
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, EF 70-200 mm f:2.8
© Oriol Alamany


Chinche, 19 de agosto
Olympus OM-D E-M1 a ISO 400, M.Zuiko 12-40 mm f:2.8 Pro
© Oriol Alamany


Zarzas heladas al amanecer, 23 de enero
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, EF 16-35 mm f:4L IS
© Oriol Alamany


Mosquitero común invernante, 4 de febrero
Canon EOS 5D MkIII a ISO 400, EF 500 mm f:4L IS + EF 1.4x-III
© Oriol Alamany


A lo largo de todo el año repetí este idéntico encuadre para mostrar el paso de las estaciones.
HTC Desire S a ISO 611
© Oriol Alamany


 GIF animado del paso de las estaciones
Canon EOS 5D MkIII, 70-200 mm f:2.8L IS II
© Oriol Alamany


Fotografiando la floración de los almendros, 26 de febrero
Canon Powershot G10 a ISO 80
© Oriol Alamany



Hide montado a orillas del río Bitlles para fotografiar aves, 11 marzo
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L
© Oriol Alamany


Segura Viudas ha publicado un álbum en su cuenta de Flickr "Un año con Oriol Alamany" con el centenar de fotografías que han seleccionado de mi trabajo. Allí os podéis hacer una idea de este proyecto fotográfico. Es muy de agradecer que empresas de nuestro país dediquen su atención tanto a la conservación de su patrimonio natural, como a fomentar el arte de la fotografía. Ojalá muchas otras comprendieran la importancia de ambas cosas.


27/4/15

• Las tumbas perdidas de Omán, en National Geographic


Doble página de entrada en la revista National Geographic de mi artículo sobre las misteriosas torres-tumba de 5.000 años de antigüedad en las montañas Al-Hajar ash-Sharqiyah, Omán
(La imagen es de un pdf previo a la publicación donde el título era "olvidadas". En la revista definitiva se cambió a "perdidas").
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, 17-40 mm f:4L, filtro polarizador, trípode
© Oriol Alamany


Las revistas National Geographic España y NG Portugal acaban de publicar en sus respectivos números de mayo 2015 mi reportaje (fotografías y texto) sobre las intrigantes torres tumbas que fueron descubiertas hace pocos años en las escarpadas montañas de Omán. Me gusta cuando una revista apuesta por la publicación de un proyecto personal complicado e inusual, y más si es del prestigio de National Geographic. En este caso se repite lo sucedido con mi trabajo fotográfico sobre la isla de Socotra (Yemen) que realicé en 2009 y dio como resultado dos reportajes en esa misma revista.

En esta entrada voy a relatar la trastienda de este proyecto personal, un poco al estilo "Así se hizo". Y aprovecho para mostraros otras fotografías que no aparecen en la revista.

A lo largo del año 2013, cuando me documentaba para nuestro viaje de mes y medio por Omán (Puedes leer el relato del viaje en este mismo blog), vi en un libro la fotografía de unas curiosas torres que se levantan en las montañas omaníes. Aficionado como soy a las culturas antiguas, investigué un poco y localicé al menos tres conjuntos de estas torres en distintas localidades de este país arábigo: una de ellas (Bat) es bien conocida, la segunda (Al-Ayn) lo es bastante menos, pero ambas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y la tercera (Shir) con más de sesenta torres, y que más me atrajo es remota, desconocida por la ciencia hasta los años 90 y enclavada en un paraje de difícil acceso. Lo más complicado en aquel primer momento fue descubrir cual era su situación exacta, pero ni nos imaginábamos las complicaciones que tendríamos para llegar al enclave.


Las torres cónicas de Shir

Un día, releyendo los capítulos dedicados a Omán en el libro Los árabes del mar (2006),  del fotógrafo y escritor Jordi Esteva identifiqué ese lugar en su evocativo relato:
          “Ascendimos lentamente con la marcha reductora por una pendiente de guijarros que acababa en un cielo donde evolucionaban las rapaces, Abajo, la aldea se hacía cada vez más pequeña y yo procuraba no entretener mi vista en el abismo. (…)           
          Y en el borde del precipicio, desde el que se dominaba una sucesión de cadenas montañosas sin fin, se elevaban alineadas una docena de torres de piedra de unos diez metros de altura, construidas en forma de cono. De lejos asemejaban la vanguardia de un ejército de gigantes que hubiera sido petrificado por el mismo dios vengativo que muy abajo, en el llano, había detenido aquel océano de magma. (…) 
          Aquél bien podía haber sido el escenario donde Yahvé detuvo en el aire el brazo de Abraham en el momento en que se disponía a sacrificar, puñal en alto, a su propio hijo. Por nada en el mundo, me dije, me quedaría solo en aquel lugar. Y no debí ser el único porque justo cuando se levantaba un repentino viento fresco que, al penetrar en las torres cónicas, producía un ulular disonante, todos se dirigieron hacia los coches para iniciar el lento descenso.”

En este pasaje Esteva se refería sin duda a las torres de Shir que yo pretendía visitar y fotografiar.


Bajo un silencio espectral, una inquietante sensación se adueñaba de mí mientras fotografiaba estas tumbas a la luz de las estrellas y la luna, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 3200, 14 mm f:2.8, trípode
© Oriol Alamany


Eulàlia y yo estuvimos en Omán de septiembre a diciembre de 2013. El 25 de noviembre nos llevó varias horas de 4x4 llegar a las torres cónicas de Shir, por unas pistas de piedras que ella y yo coincidimos en que fueron las más duras que jamás habíamos recorrido. En un momento dado el camino desapareció junto a unas casas construidas aprovechando unas cuevas y le preguntamos a un chico por donde seguía la ruta. Nos señaló el lecho de un barranco tapizado de grandes pedruscos. Yo no me lo podía creer. ¿Por allí podía pasar un coche? Luego descubrí que aquel trayecto tampoco sería el peor de los que recorreríamos.



Transitando por el fondo de un barranco en la montañas Al-Hajar, Omán
GoPro Hero2
© Eulàlia Vicens


Transcribo un segmento del texto de mi artículo en National Geographic".

          "Localizar el conjunto de tumbas-torre de Shir no era tarea fácil. La información de que disponíamos sobre ellas era escasa más allá de algunos artículos científicos. Debíamos recorrer el complejo entramado de pistas pedregosas que atraviesa el macizo Al-Hajar ash-Sharqiyah que se levanta al noroeste del país, unas montañas que cuya cima más elevada supera los 2.220 metros de altitud. Son pistas de vértigo no aptas para temerosos, sólo transitables con un buen vehículo 4x4 y experiencia en su conducción. 
          Dejamos atrás la luminosa costa del golfo de Omán armados con un mapa general, los artículos publicados en 1998 por el arqueólogos Paul Yule y Gerd Weisgerber y un GPS. Acompañados del vuelo de alimoches y buitres orejudos, nuestro vehículo superó unos vertiginosos zigzags que en escasos kilómetros nos elevaron del nivel del mar hasta un elevado altiplano de más de 1.000 metros de altitud. Allí empezó la aventura de recorrer las abruptas montañas en busca de las torres cónicas. (...).
          Después de varias horas de conducción arriesgada, muchos baches y bastantes sudores fríos, mi compañera y yo divisamos la primera de las torres, erguida en la cumbre de un altozano de piedra calcárea de 1.800 metros de altitud arropado por las nubes bajas. Ascendimos a pie hasta ella y nos acercamos con una mezcla de respeto y desasosiego. Su estado de conservación era extraordinario. Cerca de 5.000 años habían transcurrido desde que los habitantes de la tierra de Magan apilaran piedra sobre piedra hasta crear la imponente construcción en forma de cono truncado de más de 6 metros de altura y 5,75 de diámetro en honor a no sabemos quien. ¡Su origen, al parecer, es más arcaico que la más antigua de las pirámides de Egipto!"




 Las nubes se agarran a las montañas de Jebel Al-Hajar, vistas desde el altiplano donde se levantan las torres de la Edad de Bronce, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode
© Oriol Alamany



Fue para mi una sensación muy especial estar junto a las torres-tumba, como esta en ruinas en una cresta batida por el viento, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L
© Eulàlia Vicens


Tal y como relaté en mi artículo sobre el viaje a Omán en este blog, Eulàlia y yo viajábamos y dormíamos en un Nissan Pathfinder alquilado. Así que u
na vez alcanzado el núcleo principal de tumbas, instalamos nuestro campamento y luego pasé la tarde fotografiándolas, trípode en ristre. El viento desplazaba las abundantes nubes creando efectos de luz y sombra ideales para la fotografía. También lo hice por la noche, a veces pintándolas con una linterna. Reconozco que con el corazón en un puño, tal era la impresión que aquellas antiguas tumbas ejercían sobre mi a oscuras y en en aquella desolación absoluta. 

A la mañana siguiente me levanté muy temprano y, arropado por una gélida niebla, deambulé por el altiplano fotografiando estos antiquísimos monumentos de la Edad de Bronce, vestigios de la Tierra de Magan que vivió del comercio de cobre. ¿Cómo pudo existir una civilización tan floreciente en lo que hoy es un desolado altiplano rocoso?

Acampados en la meseta a 1.800 metros de altitud en las montañas Al Hajar, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode
© Oriol Alamany


Atardecer sobre el abrupto macizo de las montañas Al Hajar, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode
© Oriol Alamany


A las 6h de la madrugada me levanté para fotografiar las torres de Shir con las primeras luces y envueltas en la niebla, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode
© Oriol Alamany




Las misteriosas torres tumba envueltas por la bruma matinal, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, 17-40 mm f:4L, filtro degradado, trípode
© Oriol Alamany



Nubes de amanecer sobre una de las tumbas, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L, trípode
© Oriol Alamany



Eulàlia inspeccionado una de las torres tumba semiderruidas donde se aprecia su doble estructura interior, montañas Al Hajar, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L, filtro polarizador
© Oriol Alamany


Tras inspeccionar y fotografiar este núcleo de torres, pensamos que nos sería imposible retroceder por la intransitable ruta que habíamos llegado hasta ahí. Habíamos hecho algunos tramos de bajadas que me veía incapaz de subirlas de nuevo con el 4x4. El mapa señalaba que más adelante encontraríamos otra pista proveniente del interior del país que ya habíamos recorrido sin demasiados problemas unas semanas antes. Así que escogimos esa ruta para descender de las montañas. Pero las lluvias que habían azotado el país hacía pocos días habían destrozado las vías de comunicación y nos llevó buen número de horas y de baches descender hasta alcanzar con alivio la primera población en las llanuras interiores del país.



Las tumbas de Al-Ayn y Bat

En los días siguientes visitamos otros núcleos de torres, todos ellos de acceso mucho más fácil, aunque a veces tampoco fáciles de encontrar. Las de Al-Ayn destacan por la belleza del enclave, con el imponente macizo de Jebel Misht de 2.090 metros de altitud como decorado de fondo. Tras unos días el reportaje estaba completado y de regreso a casa y tras preparar y seleccionar el material tan sólo faltaba encontrar un editor a quien le atrajera el tema.

Ahora ya puedes leer el texto y ver las fotografías del reportaje en el número de mayo 2015 de las revistas National Geographic en sus ediciones española y portuguesa.




Dibujo del natural de las tumbas-torre de Al-Ayn en mi libreta de viaje, Omán
© Oriol Alamany



Alineación de tumbas de Qubur Juhhal o Al-Ayn frente al Jebel Misht bajo las estrellas, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 2500, 28 mm f:1.8, trípode
© Oriol Alamany


Puedes leer y ver más fotografías de este viaje en este artículo de marzo 2014 en el blog:

- Cuarenta y cinco noches en Omán

Y si entiendes el idioma catalán, en 2014 dedicamos cinco programas de radio de "Els viatgers de la Gran Anaconda"de Catalunya Radio al relato de nuestro viaje por Omán. El capítulo quinto corresponde a nuestra aventura en busca de las torres tumba (en idioma catalán):

PRIMER CAPITOL: De Muscat a l'oasi de Muntasar.
SEGÓN CAPÍTOL: De Muntasar a Salalah i el Jabal Samhar.
TERCER CAPÍTOL: De Jabal Samhar a l'illa de Masirah.
QUART CAPÍTOL: De Masirah a les Wahiba Sands i Ras al Jinz.
CINQUÈ CAPITOL: De Ras al Jinz a les muntanyes Al Hajar i la península de Musandam.