9/1/17

¿Porqué no me salen buenas fotos?


Amanecer en el Pico La Meije, Alpes, Francia, 1991
Canon T90 formato 135, FD 80-200 mm f:4L, Kodachrome 25 ISO, trípode.
© Oriol Alamany



COSAS QUE SE OYEN

Hoy en día es frecuente leer en las redes sociales, foros de fotografía, o también lo he oído en conversaciones o en algunos de mis cursos o viajes fotográfico, a alguien argumentando que la razón por la cual no hace mejores fotografías es por culpa de las carencias de su cámara. Por poneros unos ejemplos:

- No puedo hacer buenas fotos porque mi Cacon 3D Mark VII tiene un sensor digital de tan sólo 24 MP, por lo que no tiene la resolución ni puedo reencuadrar tanto las fotos para obtener el encuadre deseado, como sí hace mi amigo Luis con su Papasonic de 50 MP.


- No puedo hacer buenas fotos porque el enfoque automático de mi Cacon 3D Mark VII no es tan fulgurante como el de la Nifor D69 de mi compañero de piso y se me escasa alguna que otra gaviota.


- No puedo hacer buenas fotos porque a ISO 6400 mi Cacon 3D Mark VII da medio punto más de ruido que la Sopy A777 de mi primo Pepe.


- No puedo hacer buenas fotos porque mi Cacon 3D Mark VII tiene un sensor digital con un rango dinámico de tan sólo unos inaceptables 11 pasos, mientras que la Lony R4X de mi amigo Juanito tiene 13.


- No puedo hacer buenas fotos porque si con mi Cacon 3D Mark VII hago una foto cinco diafragmas subexpuesta, no puedo aclararla como si hace la Gentax R4X de mi hermano Pedro.


- No puedo hacer buenas fotos porque mi Cacon 3D Mark VII sólo dispara 8 fotos por segundo, por lo que se me escapan todas las oportunidades, mientras que la Popympus OM-L E-N833 de mi vecino dispara a 18 fotos por segundo.


- No puedo hacer buenas fotos porque mi Cacon 3D Mark VII tiene una pantalla LCD fija de tan sólo 180.000 pixeles, mientras que la Pugipilm XXX de mi novia tiene una abatible, basculable, incluyendo posición selfie, de 210.000 píxeles OLED SuperStress.


- No puedo hacer buenas fotos porque mi Cacon 3D Mark VII tiene una duración estimada del obturador de tan sólo 150.000 disparos, mientras que la Meica 9 tiene un obturador con una vida teórica de 300.000 disparos.


- No puedo hacer buenas fotos porque para mi Cacon 3D Mark VII sólo tengo dos tarjetas de memoria de 32 GB cada una que tan sólo me permiten hacer 2000 RAWS en un día, mientras que mi enemigo preferido en las redes sociales tiene cinco tarjetas de 128 GB.


- No puedo hacer buenas fotos porque mi Cacon 3D Mark VII tiene un estabilizador de imagen de 3 pasos en el objetivo, mientras que la Popympus OM-L E-N833 Mark 267 que acaba de salir tiene un estabilizador de 4 pasos en el sensor más 4 más en el objetivo que permiten hacer fotos a 2 segundos de exposición a mano alzada.


- No puedo hacer buenas fotos porque el visor óptico de mi Cacon 3D Mark VII sólo muestra el 98,5% de la imagen, mientras que la Maselpad de mi primo tiene un visor del 110%.



Sisales en flor al crepúsculo, Cabo de Gata, Andalucía, 1990
Canon T90 formato 135, FD 28 mm f:2.8, Kodachrome 64 ISO, trípode, Open-flash con una antorcha de flash Metz 45 CT4.
© Oriol Alamany



¿Y COMO HACÍAMOS FOTOGRAFíAS EN LOS AÑOS 70, 80 o 90, ANTES DE TANTA PARANOIA?

Las cámaras réflex AF de enfoque automático empezaron a ser utilizadas de manera generalizada hacia el año 1994, y las réflex digitales una década más tarde, alrededor de 2004. Así que ¿cómo hacíamos las fotografías de naturaleza antes de estos dos cambios tecnológicos que hoy en día parecen tan trascendentales e imprescindibles?



Fotografiando con una cámara Canon T90 y 300mm f:2.8L, desierto del Kalahari, Sudáfrica, 1994.
Canon EOS 100 formato 135, 28-80 mm f:3.5-5.6, Fujichrome Sensia 100 ISO.
© Eulàlia Vicens

- Los objetivos debían enfocarse a mano, incluso las aves en vuelo y otros sujetos de rápida acción. Eran necesarios dedos ágiles y buen ojo.

- Ni soñar con estabilizadores de imagen, ni en cámaras ni en ópticas. O mano firme o un sólido trípode (Por cierto, los ligeros de fibra de carbono aún no existían. Aparecieron en 1994).


- Las imágenes de naturaleza y viajes se captaban mayoritariamente sobre películas diapositivas, que eran de muy baja sensibilidad: 25, 50, 64 y 100 ISO, algunas veces 200, o excepcionalmente 400 ISO que era chungo, chungo, lleno de grano, penoso contraste y colores deslavados.



Azor (Accipiter gentilis) bajo una nevada, Pirineos, 1982
Canon A1 formato 135, FD 400 mm f:4.5 SSC, Kodachrome 64 ISO.
© Oriol Alamany


- El margen de error en la exposición que se tenía con este tipo de películas rondaba el 1/2 paso EV. El resto de fotos iban a la basura (Por cierto, diafragmas y velocidades de obturación se movían en pasos enteros o bien de medio en medio punto, no en tercios como ahora).

- El rango dinámico de las diapositivas era limitadísimo, tan sólo unos 5 pasos EV en contra de los 12-14 actuales. Y nada de HDR o levantar las sombras a posteriori.


- Los rollos de película del formato 135 o 24x36 (equivalente al actual "Full Frame", digamos) permitían hacer 20 o bien 36 fotografías. Los de formato medio 120, entre 8 y 15 fotografías, según el tipo de cámara. ¡Ah, y los rollos de película se almacenaban en la nevera, para desespero de nuestras parejas que siempre se encontraban cajas de Kodachrome en el cajón de las verduras!


- Tanto el avance como el rebobinado de la película en la cámara se hacía a mano, mediante palancas o manivelas, o bien ya más adelante con un motor a ráfagas de 3 o 4 fotos por segundo.




Tempestad al anochecer, Hluhluwe-Umfolozi Park, Sudáfrica, 1994
Bronica ETRsi formato 24 x 60 mm, 75 mm f:2.8, Fujichrome Provia 100 ISO, trípode.
© Oriol Alamany


- El único patrón de medición de la luz del fotómetro de la cámara era generalmente el Promediado. Algunas pocas cámaras de alta gama, como las Leicaflex, tenían Medición Puntual.

- La pantalla LCD era de 0“, es decir, no había. Las fotografías recién realizadas no las veías hasta el cabo de días, semanas o incluso meses si no terminabas el carrete al momento.


- Tampoco ninguna posibilidad de chequear la exposición mediante el histograma. Eso era pura ciencia ficción. Había que ser bueno midiendo la luz y compensando adecuadamente para obtener la exposición correcta.


- Con las dispositivas todos los encuadres eran siempre originales al 100%, sin posibilidad de recorte alguno. Había que currarse el encuadre en la cámara sobre el terreno.

- Para saber la exposición que proporcionaba un flash, antes del invento de la medición del flash TTL, medíamos la distancia del flash al sujeto mediante una cinta métrica y consultábamos una tabla.



Salamanquesa (Tarentola mauritanica) en Vacarisses, Catalunya, 1982
Canon A1 formato 135, FD 100 mm f:4 Macro, Kodachrome 25 ISO, dos flash manuales a distancias medidas con cinta métrica, trípode.
© Oriol Alamany


- Los obturadores tenían una vida estimada en torno a unos 100.000 disparos. Y eso no nos preocupaba en absoluto.

- La mayoría de visores réflex tenían una cobertura del 94-98%.

Y sí, a pesar de todo eso HACÍAMOS FOTOGRAFÍAS, CREÁBAMOS IMÁGENES.

Yo empecé a tomar mis primeras fotografías hacia 1974, o sea que pasé buen número de años enfocando a mano y disparando con película fotográfica. 

A todo eso me viene a la memoria una frase de una conferencia que pronunció David Airob (fotoperiodista y antiguo editor gráfico del periódico "La Vanguardia") en el festival Formentera Fotográfica 2015: "Si volvieran las diapositivas, habría una limpieza étnica".

La única ventaja en aquellos tiempos era que los nuevos modelos de cámara salían una vez por década, no como ahora que se quedan anticuadas en 2-4 años. ¡Ah, y la batería no era recargable y se cambiaba una vez al año!


BASTA YA DE DARLE LA CULPA A TU QUERIDA CÁMARA

Así que os propongo un propósito de Año Nuevo (Tranquilos, no es ir al gimnasio a partir del 1 de enero ni apuntarse a la academia de inglés): Basta ya de quejarse, de escudriñar los datos EXIF de las fotografías de otros en las redes sociales, de darle la culpa a tu cámara, de envidiar sus glamurosos equipos fotográficos de última generación y precios de locura, de ponerse excusas por ser peor fotógrafo de lo que crees que serías con otra cámara... Menos mirar Internet y más paseos por el campo, por los bosques, con la mente abierta y el ojo buscando motivos y encuadres.

Todo ello en compañía de tu querida cámara, la que pudiste comprarte en su día, la que escogiste con esmero, la que fuiste a buscar a la tienda con aquella ilusión, la que te ha acompañado tantas horas de tu vida. En lugar de hacer depender la evolución de tus obras fotográficas del modelo en concreto de tu cámara, hazla depender de ti mismo.



Cascada bajo una intensa nevada en Parc National des Pyrenees, Francia, 1991
Canon T90 formato 135, FD 80-200 mm f:4L, Kodachrome 64 ISO, trípode.
© Oriol Alamany


Trazos de las estrellas, Gulf Country, Australia, 1992
Bronica ETRsi formato 4,5 x 6, 75 mm f:2.8, Fujichrome Provia 100 ISO, exposición de varias horas, trípode.
© Oriol Alamany




Pinguino del Cabo (Spheniscus demersus) saliendo del mar, Sudáfrica, 1994
Canon T90 formato 135, FD 300 mm f:2.8L, Fujichrome Velvia 50 ISO, trípode.
© Oriol Alamany


Ualabi Tammar (Macropus eugenii) en la isla Kangaroo, Australia, 1992
Canon T90 formato 135, FD 300 mm f:2.8L, Fujichrome Velvia 50 ISO.
© Oriol Alamany


Fotografiando hace 17 años, con una cámara Fuji GSW690III de formato 6x9, Alòs d'Isil, Pirineos, 2000
Con esta cámara se obtenían 8 fotografías en un rollo de formato 120.
Yashica T5 formato 135, Zeiss 35 mm f:3.5, Fujichrome Sensia 100.

1/1/17

Feliz año 2017 - Happy New Year






Un Halcón peregrino joven (Falco peregrinus) al crepúsculo, en su dormidero en un rascacielos, con la ciudad de Barcelona de fondo, 2016.


Os deseamos un Feliz Año Nuevo con una imagen de mi proyecto fotográfico sobre los halcones urbanos.


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A young Peregrine Falcon (Falco peregrinus) at dusk, roosting in a skyscrapper, with the city of Barcelona in the background, 2016.


We wish you a Happy New Year with an image from my photography project about urban falcons. 

21/12/16

Me gustan los mapas


Pintor realizando un mapa de Samburu en la entrada de la reserva, Kenia, 2011.
Canon EOS-1D MkIV, 17-40 mm f:4L
© Oriol Alamany

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“De noche, mientras todos dormían, me encaramaba a la biblioteca y escogía mis libros favoritos. Me gustaba viajar sobre el atlas y los tomos de geografía ilustrada”.

Jordi Esteva, "Los árabes del mar"

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Si, lo sé, el título de esta entrada es una afirmación muy sucinta y sin elaborar. Pero qué queréis que os diga, es la pura verdad. ¡Me gustan los mapas! Esas hojas de papel impreso que muestran de manera tan peculiar el mundo visto en vertical. Me gustan los mapas de senderismo, los grandes atlas, las bolas del mundo, los mapas de carreteras, incluso los que regalan en las oficinas de turismo con sus dibujitos de monumentos y todo. Todos ellos atraen mi mirada por igual y me transportan de inmediato al lugar que representan.

Con deciros que en el pasillo de nuestra casa hay colgada en la pared, a modo de decoración, una enorme cortina de ducha de plástico con un mapamundi impreso en ella… No os podéis ni imaginar el éxito de esta cortina sacada de su entorno habitual. Todas las personas sin excepción que entran en casa se paran a admirar lo extenso que es nuestro planeta y a señalar con el dedo países donde han estado o a los que les apetecería ir. ¡Resulta tan fácil soñar ante un mapa!

El mapa-cortina de ducha colgado en nuestra casa, Barcelona.
Canon EOS 5D MkIII a ISO 800, 16-35 mm f:4L IS
© Oriol Alamany


Consultando un mapa excursionista Alpina, Francia, 1999.
Bronica ETRsi, 40 mm f:4, Fujichrome Velvia 50 ISO
© Oriol Alamany


Ya de pequeño recuerdo que en la biblioteca de mis padres había una estantería dedicada a los mapas excursionistas de la Editorial Alpina, con sus características cubiertas de cartulina color naranja, sus curvas de nivel dibujadas a mano. Estaban viejos y rasgados por el uso tras innumerables caminatas por las montañas de Catalunya. Luego los usaría yo en mi juventud, marcando con un rotulador los territorios de los animales salvajes que me dedicaba a estudiar: parejas de Águila real, de Águila perdicera, de Búho real, observaciones de rebecos, perdices nivales… 

Más adelante, como fotógrafo y viajero, los mapas han sido primordiales para mi. Y aunque hoy en día hay innumerables blogs con títulos del estilo "viajar sin mapas"(basándose en el libro de Graham Green “Viajar sin mapa”), eso es algo que yo jamás haría. El mapa es una de mis primeras compras al planear un viaje, una de mis posesiones más preciadas a lo largo del viaje y una fuente de consulta continua a mi regreso, cuando me dedico a identificar las fotografías realizadas.


Los mapas son elemento esencial en los preparativos de un viaje, Barcelona, 2014.
Olympus OM-D E-M10 a ISO 400, 17 mm f:1.8
© Oriol Alamany


Aún recuerdo la tarde en que, en el año 1989, Eulàlia y yo nos perdimos en la inmensa ciudad de El Cairo. Conducía yo nuestra furgoneta con la que habíamos venido desde Barcelona, cruzando media Europa, y por un momento nos despistamos por barrios desconocidos. El sol bajaba hacia el horizonte y se acercaba la noche y, sinceramente, no nos apetecía mucho rondar por allí en la oscuridad. Pero recordamos que el camping donde nos alojábamos se encontraba cerca de las pirámides (invisibles desde nuestra situación), y que el sol se ponía detrás de ellas. Así que como los antiguos navegantes nos guiámos por los astros e intenté conducir siempre en dirección al sol poniente, cosa no siempre posible por el extraordinariamente complejo diseño de las calles cairotas. Mientrastanto, Eulàlia se aferraba al pequeño mapa de la ciudad que nos habían dado en la oficina de turismo, ilustrado con dibujos de los principales edificios y monumentos. Al fin reconoció uno y a partir de allí pudimos salir de la vorágine justo cuando ya oscurecía. 

Hoy en día habríamos conectado el GPS del teléfono móvil y habríamos salido de allí sin dificultad alguna, pero no recordaríamos nuestra pequeña aventura. Aquel mapa sigue guardado en una caja en mi archivo.


Fragmento del mapa turístico del Cairo, 1989


Mosaico bizantino representando un mapa de Palestina en Madaba, Jordania, 2010.
Canon EOS-1Ds Mark II a ISO 400, 17-40 mm f:4L
© Oriol Alamany


Un buen mapa, repleto de toponímia, y una libreta de notas, la antítesis del viaje digital, trekking del Annapurna, 2010
Canon EOS-1Ds Mark II a ISO 400, 28 mm f:1.8
© Oriol Alamany


Como los mapas me gustan, toda la vida los he dibujado. No con ordenador, si no a mano, ensuciándome los dedos de pigmentos. Son mapas artesanales que uso luego en las conferencias y proyecciones de mis viajes. Lo que los anglosajones llaman Handmade maps. En ellos plasmo nuestro itinerario y lo más destacado de cada destino.



Mapa de Omán con la ruta realizada en mi diario de viaje, 2013.
Rotulador y acuarela
© Oriol Alamany


Mapa de Vall d'Aran que realicé para una publicación, 2003.
Rotulador, lápices de colores y ordenador
© Oriol Alamany


Mapa de Pascua que realicé para el audiovisual sobre esta isla, 2009.
Rotulador, acuarela y ordenador
© Oriol Alamany


Mapa del Reino de Mustang que realicé para el audiovisual sobre este trekking, 2012.
Rotulador y acuarela
© Oriol Alamany



Mapa de Australia que realicé para el audiovisual sobre nuestros tres viajes allí, 2016.
Rotulador, acuarela y ordenador
© Oriol Alamany


Los GPS y los mapas electrónicos u online están muy bien y proporcionan un buen servicio. En nuestro viaje a Omán no creo que jamás hubiéramos encontrado sus desconocidas torres-tumba nosotros dos solos sin que Eulàlia me hubiera ido guiando con su teléfono con GPS por el entresijo de terribles pistas de las montañas Al-Hajar. Después de aquella experiencia, compramos una tablet y ahora cuando viajamos ella me guía usando una combinación de las apps Sigic, Maps Me y Google Maps. Para  mi teléfono móvil yo uso Orux Maps, Google Maps y Sun Surveyor (¡A la espera del ansiado Photo Pills para Android!) para situar mis fotos y orientarme sobre un mapa de los posiciones del Sol o la Luna.


El gran problema de muchos mapas online es su toponimia pésima, cuando no errónea. Los uso en mi trabajo para orientarme, pero me siguen gustando los mapas de papel, los que están repletos de nombres de ríos, barrancos y montañas, y en los que puedo hacer anotaciones con un rotulador.

Hoy en día mapas de todo tipo se acumulan en cajas en un armario de mi estudio. Algunos de ellos ya están caducos, pero, al igual que con los libros, me duele tirarlos. Cada uno de ellos tiene su pequeña historia. En ellos hay marcadas las rutas de nuestros viajes, los lugares destacados que fotografié o querría fotografiar, sitios a los que quiero volver… 
Su historia es mi historia.



16/12/16

Fotografías para ayudar a Socotra


Alimoches y barcas de pescadores en la playa, isla de Socotra, 2009
© Oriol Alamany


Muchos sabéis de mi pasión por la isla de Socotra (Yemen), una joya de nuestro planeta declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a sus excepcionales valores naturales y sobre la que ya he escrito otras veces en este blog. 

Eulàlia y yo viajamos allí el año 2009 para realizar un trabajo fotográfico que luego he divulgado a través de conferencias en diversas localidades de España y el extranjero, y que también me llevó a publicar dos reportajes en la revista National Geographic España.

Si durante años viajar a Socotra y fotografiarla fue uno de mis anhelos, luego su recuerdo quedó en nuestros corazones y siempre pensamos que en un futuro cercano íbamos a regresar allí de nuevo.


Acampados en las montañas al crepúsculo, bajo los Dragon Blood trees, isla de Socotra, 2009
© Oriol Alamany



AZOTADA POR CICLONES
Pero el mundo da muchas vueltas, y en 2015 una guerra cruel desatada en Yemen dejó aislada a Socotra del mundo exterior. Todos los vuelos fueron cancelados y la población local tiene serios problemas de abastecimiento para los productos más básicos ya que no llegan suministros a la isla. Ya no es posible viajar allí, por lo que el turismo ha dejado a muchos lugareños sin fuentes de ingresos.

Para agravarlo aún más, en noviembre de 2015 Socotra fue golpeada por dos ciclones consecutivos que causaron graves daños a los pueblos, a su singular patrimonio natural y dejando tres muertos y unos 200 heridos. Unas 117 casas fueron destruidas (y otras 612 dañadas), dejando a 18.000 personas sin vivienda. 203 botes de pesca también fueron destruidos.







AYUDANDO A SOCOTRA
En aquel momento Eulàlia y yo decidimos implicarnos en una campaña de ayuda a la isla llevada a cabo por la ONG Solidarios sin Fronteras, junto al también fotógrafo y escritor Jordi Esteva y al cineasta y diseñador Albert Buendia. SSF es una pequeña organización humanitaria de cooperación internacional, con sede en Barcelona, formada por voluntarios sin ninguna retribución. En unos meses se recaudaron 13.751 € que se destinaron íntegramente a la reconstrucción de casi cien casas.

Este otoño de 2016, tras la visita a Socotra por parte de una persona de la ONG, se ha iniciado  una segunda campaña para seguir ayudando a través del grupo de Facebook Ayuda Socotra / Help Socotra y desde el portal Mi grano de arena donde se recogen las donaciones.

Solidarios sin Fronteras ya ofrece productos de merchandising para la obtención de fondos, como botes de té de Socotra, especias, incienso y mirra. En nuestro caso este año colaboramos ofreciendo una edición de tiraje limitado de tres obras fotográficas fruto de mi trabajo en la isla.



La edición consiste en tres fotografías que muestran elementos característicos de Socotra, impresas a 20x30 cm sobre papel fine art Canson Infinity Rag Photographique de 310 gramos. El tiraje está limitado a 50 ejemplares y cada copia está firmada en el anverso y numerada en el reverso. El precio de venta de cada una es de 60 €, entregándose en una carpeta acompañadas de su certificado de autenticidad. También se puede adquirir la colección completa de las tres imágenes por 150 €.

La recaudación por la venta de estas obras, a un precio más reducido del habitual, se destinará por completo a la segunda campaña de reconstrucción de casas destruidas por los huracanes y abastecimiento de agua a localidades remotas de las montañas.



LA COLECCIÓN PUESTA A LA VENTA PARA SOCOTRA


“Gaviotas cejiblancas en Qalansiyah”
muestra las estéticas formaciones arenosas que se producen al noroeste de la isla al vaciarse la laguna intermareal de Qalansiyah por causa de las mareas. Como referencia de su inmensidad puede verse un grupo de Gaviotas cejiblancas, una espécie propia de los países árabes.


“Dragon Blood Trees #2”
Un grupo de estos árboles endémicos de la isla iluminados por los primeros rayos del sol. Los dragos crecen tan sólo en las montañas del interior (aquí en el altiplano de Diksam) y son el símbolo más destacado de Socotra.


“Pescador tirando la red”
capta el momento en que un joven socotrí tira su red de mano en Di Heybaq para pescar peces en el rico litoral de la isla.



Tanto si queréis colaborar adquiriendo una de las fotografías, como la colección de tres, debéis solicitarlas a solidariosinfronteras@hotmail.comPueden recogerse en Barcelona, o bien recibirlas en casa por 6,80€ de gastos de envío por mensajero.














Pruebas y tiraje de copias en el laboratorio digital BCNfotos








15/12/16

Acentor alpino al anochecer, Alpes suizos, 2014


Acentor alpino al anochecer, Alpes suizos, 2014
Canon EOS-1D Mark IV a ISO 1600, 70-200 mm f:2.8L IS II, Extender 2x-II ( a 342 mm), 1/60 f:5.6, trípode.
© Oriol Alamany
(Haz clic en las fotografías para verlas a mayor tamaño)


UNA FOTOGRAFÍA, UN RELATO

EL MOMENTO
Finales de septiembre de 2014, Alpes suizos, 3150 metros de altitud, anochecer en un acantilado por encima del glaciar Gorner. Un Acentor alpino (Prunella collaris) se acicala el plumaje preparándose para dormir.

Es esta un ave característica de las grandes altitudes, picos y abruptas laderas rocosas, reproduciéndose desde la península Ibérica hasta Asia, habitualmente por encima de los 2.000 metros de altitud. Tienen un peculiar sistema de reproducción ya que tanto machos como hembras son polígamos.

Para mí es uno de los seres más emblemáticos de la alta montaña. Suelen ser confiados respecto al hombre y me hace feliz encontrármelos en mis excursiones por los Pirineos. El lugar en que los he fotografiado a mayor altitud fue a 4.950 metros en el Thorong High Camp, durante mi trabajo en el Himalaya en busca de la Amapola azul.

Siempre me sorprende ver a estos pequeños pájaros de unos pocos gramos de peso sobrevivir a la intemperie en estos lugares del planeta. En el momento de hacer esta fotografía yo vestía diversas prendas de abrigo para no tiritar de frío, mientras que él estaba "como Pedro por su casa" como se dice coloquialmente.

El Monte Rosa o Dufourspitze (4.634 m) al atardecer, Alpes Suizos, 2014
Esta es la imagen que estaba haciendo cuando el Acentor alpino vino a mi encuentro.
Canon EOS 5D Mark III a ISO 200, 70-200 mm f:2.8L IS II (a 102 mm), 1/40 f:11, filtro polarizador, trípode.
© Oriol Alamany


LA TÉCNICA
En lo concerniente a la fotografía en sí, yo no había ascendido a la montaña con mi teleobjetivo de 500 mm f:4, el que uso habitualmente para fotografiar fauna salvaje, debido a su gran peso y tamaño. En esos casos pongo en la mochila un duplicador 2x con el que convierto el objetivo 70-200 mm f:2.8 en un pseudo 140-400 mm f:5.6. Es una solución que me permite salir del paso si me presenta alguna inesperada oportunidad de fotografiar animales.

Ese crepúsculo me encontraba fotografiando los últimos rayos de luz sobre los picos de más de 4.000 metros del entorno cuando el Acentor alpino vino volando y se posó cerca de mi, en una roca del acantilado sobre el que me encontraba. Rápidamente cogí el teleconvertidor de mi mochila, se lo puse al zoom, ajusté el encuadre y le disparé algunas fotografías. El pájaro estaba muy activo, acicalándose, pero la luz era escasa y dado que los duplicadores de focal absorben dos EV o pasos enteros de luz (EV=Exposure Value) eso me obligó a ascender la sensibilidad hasta ISO 1600. Ese es mi límite superior habitual para fotografía de fauna. A veces subo hasta 3200 o incluso 6400 ISO, pero tiene que ser una fotografía excepcional, ya que el resultado es una imagen donde el ruido o grano digital se hace ya bastante patente.

Para trabajar con la máxima rapidez puse el modo semiautomático Av, la máxima abertura de diafragma (f:5.6) y así la cámara me proporcionaba la máxima velocidad de obturación posible a ISO 1600: el fotómetro (en patrón de medición Evaluativa) marcaba tan sólo 1/60 de segundo, una velocidad baja para fotografiar con un teleobjetivo a mano alzada. Pero como podía usar el trípode con el que estaba fotografiando el paisaje eso no afectaba a la estabilidad de la cámara.

La gran diferencia de distancia entre el sujeto y el fondo, así como es hecho de utilizar la máxima abertura del objetivo permitió que el ave enfocada resaltara sobre el fondo muy desenfocado.

Sin embargo, los rápidos movimientos del pájaro no podían ser detenidos mediante esta velocidad de 1/60. De la veintena de fotografías que disparé, en varias de ellas el ave estaba movida. Esta es una de ellas, pero la plasmación del movimiento de la cabeza me gusta, no todas las fotografías fallidas resultan fallidas.


En el procesado del archivo Raw cambié el balance de blancos del original (Luz de día) a Nublado para eliminar la dominante azulada por estar hecha la fotografía al anochecer. Y le di algo más de Saturación dado que al ser la foto hecha con muy poco luz resultaba apagada de color. Aunque no suelo reencuadrar mis fotografías, en este caso recorté algo el encuadre, tal y como puede verse en estos "contactos" para lograr una imagen más equilibrada.


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8/12/16

Canon EOS 5D Mark III firmware 1.3.4: La actualización más triste




Aparecida en la primavera de 2012, la Canon EOS 5D Mark III es una de las cámaras que más satisfacciones me ha dado a lo largo de mi dilatada carrera de fotógrafo. En estos últimos cuatro años ha sido mi herramienta principal y me ha acompañado por innumerables países enfrentándose a todo tipo de trabajos y situaciones. Y aún sigue haciéndolo.


La reciente comercialización de la 5D Mark IV marca el fin de su ciclo vital. Y doy por sentado que también el fin de las posibles actualizaciones de su firmware, este programa informático interno de las cámaras que controla sus funciones y que mientras algunos fabricantes se dedican a mejorarlo de manera continuada a lo largo de la vida comercial de una cámara, (mejorando sus prestaciones o incluso añadiendo nuevas funcionalidades), otros no.


Así que cual ha sido mi sorpresa al descubrir que, tras dos años sin darnos ninguna alegría al respecto, Canon anunciaba hace pocos días la aparición de un nuevo firmware versión 1.3.4 para este modelo recién caduco. Con ilusión he ido a la página oficial de Canon para actualizar mi cámara y averiguar las mejoras incorporadas, para descubrir con total desmayo el siguiente texto:


La versión de firmware 1.3.4 incorpora el siguiente arreglo:

1. Corrige el fenómeno por el cual cuando se utiliza la cámara con los objetivos EF 70-300 mm f/4-5.6 IS II USM, la corrección aberración obj. no se aplica.

¿De verdad que eso es lo único que han hecho los ingenieros tras dos años enteros sin sacar ninguna actualización para unos de sus modelos profesionales punteros? El modelo más usado por los fotoperiodistas galardonados en el World Press Photo y en otros afamados certámenes.


Y hay que decir que lo que hicieron hace dos años, en enero de 2015, con el firmware 1.3.3 tampoco fue muy excitante:


1. Mejora la capacidad de control de enfoque automático (AF) al disparar en el modo Live View con un objetivo gran angular.2. Se han corregido algunas indicaciones incorrectas visualizadas en las pantallas de menú "Inglés" y "Ruso".


Hay que remontarse a casi cuatro años atrás, a abril de 2013 para encontrar una mejora digna de agradecer. En concreto fueron dos muy importantes y demandadas por los fotógrafos y cineastas:


Cambios de la versión 1.2.1:

1. La salida HDMI no comprimida está ahora habilitada.
2. Permite que el punto AF central enfoque automáticamente al utilizar la cámara con combinaciones objetivo/extensor Canon EF cuyo diafragma máximo combinado sea f/8. 

Además de incorporar esas dos nuevas funcionalidades, aquel firmware 1.2.1 corregía nada menos doce fallos distintos de la cámara, lo cual era de agradecer. Eso me hizo escribir un artículo sobre él en este mismo blog, alabándolo.





Ahora algunos dirán que la 5D III ya será retirada del catálogo Canon, y que era una muy buena cámara. Y eso es cierto, yo pienso seguir utilizándola unos años más. Pero también es cierto que se podía mejorar bastante echándole un poco de ganas. De hecho, unas cuantas de las mejoras que incorpora su sustituta, la 5D IV, se podrían haber implantado por firmware en la 5D III (Temporizador Bulb, intervalómetro, personalización del botón Q, compensación de exposición en Manual con ISO Auto (algo que sí añadieron a la 1DX por firmware), etc.

En fin, tengo claro que voy a comprarme la 5D IV, una excelente cámara que incorpora diversas mejoras. Pero también tengo claro que voy a seguir usando la 5D III como segundo cuerpo. Y una última "puesta a punto" habría sido una alegría para los usuarios fieles a la marca. 


Sorprende constatar que mientras otros fabricantes sacan mejoras cada pocos meses y ya van por firmwares versiones 3.x. o 4.x, incluso añadiendo nuevas funciones a modelos que ya no se fabrican, las marcas tradicionalmente líderes del sector como Nikon, Canon o Pentax no han comprendido que sus cámaras son hoy en día como los ordenadores o como los smartphones, dispositivos que pueden actualizarse y mejorarse de manera continuada a lo largo de su vida comercial, dando así un buen servicio y un valor añadido a sus usuarios.


Queridos fabricantes de cámaras, ha llegado el momento de cambiar la filosofía. Es posible y deseable.