18/12/17

OLYMPUS OM-D EM-1 MKII EN EL ÁRTICO, LA MAYORÍA DE EDAD DEL MIRRORLESS



Banquisa ártica en el Océano Glacial Ártico, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 200, 12-100 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany


Cuando hace tres años publiqué en este blog una serie de artículos sobre los sistemas de cámaras fotográficas "mirrorless" o “sin espejo”, poco me imaginaba el interés que aquellos escritos despertarían. Hoy en día tan sólo el primero de ellos ya acumula cerca de 45.000 visitas, demostrando el interés de los fotógrafos por ese novedoso tipo de herramientas fotográficas.

Aquellas cámaras aún adolecían de algunas graves carencias que destaqué en su momento. Pero los años pasan y este verano de 2017, justo terminada la labor de preparar el equipaje para una de nuestras expediciones fotográfica a las islas Svalbard, recibí una llamada de Olympus. Estaban interesados en que probara su producto estrella, la nueva cámara OM-D E-M1 Mark II, con el teleobjetivo de 300 mm f:4 IS Pro para que les diera mi opinión como  profesional sobre los progresos y faltas de su sistema fotográfico en la exigente disciplina de la fotografía de fauna salvaje.




La protagonista de la prueba, la Olympus OM-D E-M1 Mark II


Con un viaje al Ártico a las puertas pensé que esa era una buena ocasión y acepté la propuesta, pensando que ya me las apañaría para meter una cámara más y el 300 mm en mi equipaje.

Pero los chicos de Olympus se presentaron en mi estudio no solo con un cuerpo de cámara, si no con toda una panoplia de objetivos de la serie Pro para que realizara el test con fundamento: el nuevo 12-100 mm f:4 IS, el 40-150 mm f:2.8, el 300 mm f:4 IS y el teleconvertidor 1.4x. ¡Por Dios! ¡Yo ya había empaquetado todo mi equipo fotográfico Canon y, como siempre, mi equipaje de mano ya superaba el límite de peso impuesto por las compañías aéreas.

Haciendo filigranas, mi compañera Eulàlia y yo nos repartimos como pudimos todas aquellas ópticas y nos presentamos en el aeropuerto con cara de buenas personas y de llevar unos equipajes de mano dentro de los límites establecidos. Lo cual, evidentemente, no era cierto. Por fortuna, ni en Barcelona ni en Oslo comprobaron su peso, por lo todo el material llegó a las Svalbard sin más problemas que el dolor de nuestras espaldas, hundidas bajo el peso de tanto metal y cristal.


En septiembre 2016 ya escribí un artículo en este blog donde detallaba algunas de las características e innovaciones de la E-M1 Mark II. Por eso os remito a su lectura para no alargar este en exceso. No voy a volver a detallar ahora todas sus novedades y funciones. Las doy por explicadas. Y ya de paso os recuerdo que en julio de este año publiqué otro artículo un tanto inusual jugando con el modo Alta Resolución de esta cámara.


Montañas y glaciar entre la niebla, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 200, 40-150 mm f:2.8 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany



PRIMERAS IMPRESIONES

En mis libros y cursos de fotografía siempre recomiendo no irse jamás de viaje con una cámara nueva. Pero no sé cómo lo hago que yo mismo incumplo mi norma continuamente. Ahora me marchaba con la Olympus E-M1 Mark II sin haberla probado tan siquiera. Las horas de inactividad en el avión me sirvieron para familiarizarme algo con ella, aunque el complejo sistema de menús de las Olympus exige una buena capacidad de raciocinio por parte del fotógrafo. 


En un primer vistazo la E-M1 Mark II es casi un clon de la E-M1. Las diferencias externas son sutiles y se van descubriendo poco a poco. Para mi gusto personal y como usuario del modelo anterior, el aspecto es excesivamente similar a su predecesora, sin aportar una estética diferenciadora. 
Al igual que me sucede con mi M1, opino que la relación entre la cámara y el fotógrafo sigue siendo algo compleja. El pequeño cuerpo alberga gran cantidad de botones y diales distribuidos por todos lados, con múltiples opciones de personalización. Ello es bueno para diseñarte tu propia cámara, pero por otra parte alarga el tiempo necesario para hacerse con ella.

La MKII ha aumentado algo en tamaño y peso (un 15%), pero manteniendo las reducidas dimensiones del sistema Micro Cuatro Tercios, una de sus principales bazas. Hasta el momento todas las personas que conozco que se han cambiado de un sistema réflex tradicional a Olympus (¡y son unas cuantas ya!) lo han hecho para aligerar peso y volumen de su equipo. 

Los rediseños más bienvenidos respecto a la M1 son la empuñadura de mayor tamaño que ahora proporciona un agarre muy bueno, y los diales también de mayor tamaño. Los diales frontal y trasero giran de manera especialmente suave y al parecer ahora no acaban fallando, como no era raro que lo hicieran en la M1 original (a mí mismo me pasó en su momento). La empuñadura alberga ahora un nuevo modelo de batería de mayor duración. Otra bienvenida mejora, ya que las mirrorless son grandes consumidoras de energía. Sí, ya sé que los poseedores de una M1 y una M1 MkII tendrán que llevar ahora dos cargadores distintos y distintas baterías, pero de verdad que el cambio vale la pena. La nueva batería carga en un par de horas y aguanta en torno a un centenar de fotografías más que su antecesora.

Los menús de la M1 Mk II han visto remodelado su aspecto, que ahora resulta algo más claro. Siguen siendo complejos debido a la gran cantidad de funciones y opciones disponibles y, en ocasiones, son un tanto crípticos en su significado. Pero se ha hecho un loable esfuerzo de optimización. El árido manual de instrucciones digital que me había descargado de la web tampoco es que aportara muchas más explicaciones que citar escuetamente lo que hace un menú u otro, sin detallar su utilidad práctica real para el fotógrafo. ¡Suerte de las guías prácticas que luego elabora Martín Gallego para Olympus España! Por suerte el hecho de ser usuario de una E-M1 ya me tenía familiarizado con la mayoría de menús. Y con el resto le puse un poco de imaginación aderezada por mis 40 años de experiencia como fotógrafo. 


Lo que sí echo mucho en falta en el uso diario de las Olympus es un "Menú personal" donde guardar los 5-10 menús de más frecuente utilización y que permita olvidarse de aquellos parámetros que tocas una vez en la vida y que prácticamente jamás vas a utilizar. 


ENFOQUE MEJORADO

Como escribí en 2014, el enfoque automático era la mayor flaqueza de la E-M1 y es allí donde con muy buen tino los ingenieros de Olympus han puesto toda su sapiencia para mejorar, intentando crear un mecanismo capaz de competir con las réflex de alta gama. Y ese era el principal punto que yo debía testear en nuestro viaje a Svalbard. 

El número de puntos de enfoque ha aumentado de 81 a nada menos que 121, todos ellos del tipo en cruz, y cubren aproximadamente un 80% del encuadre de la fotografía. Esto es una gran ventaja de las cámaras mirrorless respecto a las réflex Full Frame, donde la cobertura de los puntos AF en el visor suele ser en torno del 12 al 18% (Aunque si pasamos al modo LiveView entonces la cobertura se iguala). Con el sistema réflex resulta difícil enfocar con precisión un sujeto situado en el extremo del encuadre, mientras que ello resulta fácil en una mirrorless (o en LiveView en una réflex). Y esos encuadres un tanto extremos es algo que yo tengo mucha tendencia a hacer.

Cobertura de los 121 puntos de enfoque en el visor de la Olympus OM-D E-M1 Mark II


A mi entender la ausencia más flagrante en la E-M1 MkII es la de un joystick para moverse con rapidez por todos esta retícula de puntos de enfoque. Creo que este pequeño detalle resulta absolutamente imprescindible para la fotografía de acción (en mi caso fauna salvaje), donde el animal suele cambiar continuamente de posición en el visor. Con nada menos que 121 puntos de enfoque a escoger, cambiar de uno a otro mediante los 4 botones traseros en forma de "trébol de cuatro hojas" es de una lentitud exasperante para una cámara de este nivel y supuesta rapidez. Primero hay que ir haciendo clics horizontales para mover el punto AF hacia el lado deseado. Luego más clics consecutivos con otro botón para desplazarlo hacia arriba o abajo hasta acertar en la altitud, luego un ligero retoque más en horizontal hasta llegar al punto requerido… y el animal ya ha girado la cabeza y hay que moverlo de nuevo. ¿Y habéis probado a iros desplazando por esos cuatro botoncitos con las manos enfundadas en unos guantes árticos?  ¡Entonces sí que no hay quien acierte! 
Distribución de los diversos botones y el "trébol de cuatro hojas"en la parte trasera de la Olympus OM-D E-M1 Mark II

Por suerte la pantalla LCD de esta cámara es táctil y también permite escoger el punto de enfoque con el dedo. Pero eso no funciona con muchos guantes y, de todos modos sólo es útil en fotografía con trípode, ya que fotografiando a mano alzada hay que ir apartando el ojo del visor una y otra vez.

Si, diseñadores de Olympus, ya sé que han incorporado una especie de “joystick virtual” a base de tocar el monitor LCD trasero con un dedo, como el que incorporan la Olympus M10 MkII o la Canon M5. El llamado "Teclado suejto AF". Pero prueben a usar este sistema con unos guantes o bien mirando por el visor con el ojo izquierdo tal y como hacemos muchos fotógrafos (En una reciente encuesta, más del 40% de nosotros, yo incluido). La nariz rozando la pantalla convierte eso en una pesadilla, con el punto AF desapareciendo del lugar deseado continuamente. No, los cuatro botoncitos en cruz típicos de las réflex de gama baja no resultan adecuados para manipular el AF de una cámara profesional de alto nivel que se vanagloria de su tremenda rapidez en otros campos (AF, ráfagas de vértigo…). Queremos el simple pero eficaz y rápido joystick al que nos tienen acostumbrados Canon, Nikon, Sony o Fujifilm en sus gamas medias y pro.



EN USO

Llegados al archipiélago de Svalbard me enfundé en mi anorak de plumón, me puse unos guantes y un gorro, y empecé a usar la E-M1 Mk II de inmediato. Fotografiando en la localidad de Longyearbyen, lo primero que me sorprendió fue la suavidad del botón disparador y la espectacular reducción de su sonido respecto a mi E-M1. Y eso sin recurrir al disparador electrónico, que entonces es absolutamente inaudible. Este es un gran avance que será bienvenido por los fotógrafos de fauna salvaje. El silencio es una de las características más deseadas cuando estamos a escasos metros de un animal inquieto. Y en este sentido las Olympus son espectaculares.




Edificios en la ciudad ártica de Longyearbyen, Svalbard, 2017
El Olympus M.Zuiko 12-100 mm f:4 Pro IS resulta ideal como objetivo todoterreno viajero. Ámplia gama focal equivalente a 24-200 mm f:4, excelente calidad de imagen y un estabilizador de imagen de vértigo.
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 12-100 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany

Charrán ártico incubando en su nido, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany


Lo primero que fotografié fueron unos charranes árticos y un pequeño y movedizo escribano nival, dos especies de aves características del Ártico. Con la ligera combinación del teleobjetivo de 300 mm f:4 Pro montado en la M1-II no tuve problema en acercarme sigilosamente a un charrán que estaba nidificando en el suelo, sin despertar su enfado, y disparar a mano alzada con una distancia focal equivalente a un 600 mm f:4. Y sin cargar el trípode, habitualmente imprescindible con estas distancias focales tan largas. 

En un sistema que me parece prodigioso, el estabilizador de imagen de este superteleobjetivo se combina con el que de por sí ya incorpora el sensor de la cámara, sumándose la acción estabilizadora de ambos. Eso permite disparar a mano alzada a velocidades de obturación bajísimas, del orden de hasta 1/8 o 1/15 de segundo para el 300 mm, algo inaudito para un aumento de ese calibre. Y gracias a este sistema de estabilización combinada, además del ahorro de peso al llevar un superteleobjetivo tan pequeño, en las excursiones de caza fotográfica también podemos ahorrarnos el peso del trípode entero, algo muy tentador.


Macho de escribano nival cantando en la tundra, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany



En otra zona de la localidad de Longyearbyen los charranes árticos crían cerca de la calle, por lo que cada vez que pasa alguien suelen salir a defender su territorio con agresividad, sobrevolando al intruso a pocos metros por encima de él. Allí intenté probar las cualidades del sistema AF-Continuo con el M.Zuiko 12-100 mm f:4 IS Pro y la cámara tuvo serias dificultades para captar el vuelo cercano, rápido y acrobático de estas aves (a decir verdad, como pasaría con bastantes cámaras del mercado). Creo que conseguí tan sólo un par de disparos a foco, lo cual fue un poco frustrante dado que ni tan siquiera estaba trabajando con una focal larga.



Charrán ártico defendiendo su nido, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 12-100 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany


Antigua mina cerca de Longyearbyen, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 800, 300 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany




Barnacla cariblanca en la tundra, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 800, 300 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany


En los subsiguientes días de navegación en barco alrededor del archipiélago de Svalbard pude realizar muchas fotografías de aves en vuelo, ya que estas aprovechan la estela del navío para pescar: gaviotas tridáctilas, fulmares, págalos, araos... Los osos polares son las estrellas de nuestros viajes fotográficos a Svalbard, pero durante las horas de navegación las aves marinas ofrecen magníficas oportunidades para para el fotógrafo de fauna. 


En esta expedición fotografié mucho a temperaturas bajas, en torno a los 0º C  o incluso nevando, por lo que agradecí que la cámara estuviera protegida contra la intemperie. De todos modos no está de más ponerle una funda impermeable en casos así y llevar una batería de recambio calentita en el bolsillo.

En nuestro viaje a Svalbard de 2016 había probado el 300 mm f:4 Pro con una E-M1 y me fue tremendamente difícil pillar enfocada algún ave en rápido movimiento. Con el nuevo cuerpo Mark II la mejora en el AF Continuo me pareció espectacular. El enfoque era mucho más instantáneo y una vez pillado se mantenía relativamente bien, casi como una réflex de alta gama a las que estoy acostumbrado. ¡Qué alegría constatar tan clara mejora en la fotografía de acción! 

Además ahora la cámara dispara ráfagas de hasta 18 fps en Raw en AF-C y hasta 60 fps en Raw en AF-S. Eso con obturador electrónico, en obturación mecánica hablamos de 10 y 15, lo que tampoco está nada mal.

Suerte que otra novedad de la cámara es la incorporación de doble ranura para usar dos tarjetas SD. A esas velocidades las tarjetas van a durar un santiamén.

En un primer momento intenté seguir el movimiento de las aves con el Focus-Tracking (C-AF+TR), un sistema en que la cámara localiza el sujeto y entonces el punto de enfoque va moviéndose por la pantalla de modo automático intentando seguirlo. Pero para las aves de vuelo rápido (un fulmar vuela a unos 75 km/h, y a veces en trayectoria irregular) este sistema me resultó inutilizable: una vez el punto AF pillaba el ave, no tardaba más de uno o dos segundos en perderla y luego resultaba imposible ya recuperarla por más que volviera a centrarla en el visor. 



Fulmar boreal en vuelo, Svalbard, 2017
Este es el tipo de fotografía en vuelo más fácil: con el ave volando sobre un cielo liso sin textura. Incluso seleccionando el área de 161 puntos de enfoque en modo AF-C la cámara no suele perderse.
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany






Gaviota hiperborea durante una nevada en la banquisa ártica, Svalbard, 2017
Aquí empiezan los problemas: un mar de fondo cercano, hielos con texturas que "llaman" al sistema AF, incluso copos de nieve... Aquí la diferencia con el modelo anterior es espectacular. 
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 320, 300 mm f:4 Pro + 1,4x (Focal equivalente de 840 mm) a mano alzada.
© Oriol Alamany





Fulmar boreal en vuelo, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany






Gaviotas tridáctilas en vuelo acrobático en la banquisa ártica, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro (Focal equivalente de 600 mm) a mano alzada.
© Oriol Alamany



Gaviotas tridáctilas en vuelo acrobático en la banquisa ártica, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro (Focal equivalente de 600 mm) a mano alzada.
© Oriol Alamany



En cambio el modo más tradicional C-AF (Contínuo) sí que me funcionó relativamente bien. Lo mejor me pareció que era usar el grupo de puntos AF reducido a un grupo de 5, e intentar mantener al ave allí dentro. Eso resulta muy difícil con un único punto, y si usas los 121 a la vez con selección automática las posibilidades de error son muy grandes. Un pájaro de vuelo caótico encima de una superficie como las olas del mar situada a pocos metros tras él es un test infernal para cualquier sistema AF, incluso para muchas cámaras réflex de alta gama. Me he dedicado a contar el número de fotografías de este tipo (Aves rápidas sobre mar o cielo) que logré enfocar con la E-M1 Mark II, versus mi equipo habitual, la Canon 5D Mark IV. En este viaje, en la Olympus el porcentaje de aciertos fue de un 45%, mientras que en la réflex fue algo superior, de un 52%. Es de suponer que con el modelo alto de gama (Canon EOS-1DX Mark II) el número de aciertos habría sido algo más elevado y la diferencia más clara. 

Pero también es cierto que la Olympus la tengo menos por la mano. Por ejemplo, unos meses después Eulàlia y yo lideramos otro viaje fotográfico, esta vez a la isla South Georgia, en el extremo contrario del planeta, y uno de los participantes de nuestro grupo utilizaba una Olympus E-M1 Mark II con el 300 mm Pro. Esta persona me comentó que para fotografiar a los grandes albatros y petreles que también seguían ese barco, el C-AF+TR (Focus-Tracking) le funcionaba bastante bien, lo cual me sorprendió tras mi mala experiencia en Svalbard. Creo que también ayudaba el movimiento mucho más lineal de estas grandes aves marinas del Atlántico Sur.

Mi conclusión personal para ajustar el AF de esta cámara con aves en rápido vuelo sobre un fondo como el mar o montañas es: 

— Utilizar el modo C-AF. A mí me funcionó mucho mejor que el C-AF+TR.

— Usar el área de 9, 5 o incluso 1 sólo punto de enfoque si somos capaces de aguantar la cabeza del ave allí. Eso es bastante difícil y requiere cierta práctica en realizar el seguimiento, yo usé más los 5 puntos.

— En el caso de un ave límpiamente destacada sobre un cielo liso y distante, utilizar el área de selección automática de 121 puntos AF suele funcionar bien y facilita el seguimiento del sujeto.

— Aunque a priori lo lógico sería utilizar el estabilizador en modo S-IS2 (Estabilización en vertical, permite barridos horizontales) Olympus recomienda desconectar el estabilizador de imagen. Al parecer esta sorprendente recomendación permite al procesador de la cámara destinar todos sus recursos al AF. En este caso hay que procurar usar una velocidad elevada para contrarrestar la vibración producida al usar el teleobjetivo de 300 mm a mano alzada, de 1/1000 hacia arriba.

— Huir de las ráfagas excesivamente rápidas. Con 10 fps en obturación mecánica (Ráfaga de motor en L) hay más que suficiente y el AF de la cámara trabaja mejor.

— Según el fondo y tipo de vuelo, jugar con el menú Bloqueo C-AF. Este parámetro de significado un tanto oscuro parece ser algo similar al "Sensibilidad de seguimiento" de las Canon EOS. Es el que hace que el foco se aguante en el ave o bien tenga una mayor tendencia a saltar inesperadamente al fondo o si se cruza un obstáculo como unas ramas. En las posiciones -1 o -2 tardará más en cambiar, "pegándose" más al sujeto. 

— Y, por supuesto, usar siempre el limitador de enfoque del teleobjetivo para reducir la escala de distancia en la que el AF debe buscar.

Sea como sea, el enfoque resulta hoy en día mucho mejor que con el modelo anterior y ahora proporciona unos resultados más que aceptables si los comparamos con los de una buena cámara réflex. Y hay que añadir que manejar el equivalente a un 600 mm f:4 de 23 cm de largo y que tan sólo pesa 1,5 kilos es una maravilla para seguir sujetos veloces (Ver test del 300 mm en este mismo blog).

Con un sujeto de movimiento más pausado como un oso polar andando, o bien aves posadas, la diferencia con una réflex ya es inapreciable. En casos como esos la cámara suele responder perfectamente bien a poco que uno sepa manejarla.



Oso polar en la banquisa ártica , Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro (Focal equivalente de 600 mm).
© Oriol Alamany






Oso polar en la banquisa ártica , Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro + 1.4X (Focal equivalente de 840 mm).
© Oriol Alamany



Gaviota tridácila posada en la banquisa ártica , Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro + 1.4X (Focal equivalente de 840 mm).
© Oriol Alamany


Ya que hablamos del enfoque, voy a hacer un comentario-recomendación a los diseñadores de Olympus: Me parece fantástico y muy práctico que en los objetivos de la serie Pro uno pueda pasar de enfoque automático a manual mediante un simple clic del aro de enfoque. Pero este clic mecánico es tan flojo, ofrece tan poca resistencia, que el aro de enfoque se pasa el día cambiándose de un modo a otro de manera inadvertida. Eso sorprende desagradablemente al estar trabajando. Bastantes veces me encontré intentando fotografiar a un pájaro en acción sin éxito, hasta descubrir que el aro del 300 mm se había pasado él solo a enfoque manual. El menú interno de la cámara permite inutilizar por completo este aro, pero es una lástima hacerlo ya que precisamente lo encuentro muy útil para retocar el foco en ciertos casos. Con hacer que ese clic requiriera una mayor fuerza y no tuviera la molesta tendencia a moverse simplemente llevando la cámara colgando al hombro, ya sería suficiente. O bien añadir un botón físico de bloqueo, aunque lo encontraría menos práctico.



Fulmares boreales al pie de un témpano de hielo, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 40-150 mm f:2.8 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany



La E-M1 Mark II ofrece un cúmulo de funciones que no tuve tiempo de explorar a fondo en mis días en el Ártico dadas las peculiares condiciones de una expedición de este tipo: El Live Composite y Live Bulb para foto nocturna, el apilado de imágenes automático para macrofotografía, el fantástico modo Pro Capture ideal para captar acciones imprevisibles, ya que permite guardar hasta 14 imágenes de ANTES de haber pulsado el botón disparador... Todo ello la hace una cámara muy completa, ideal para captar la naturaleza salvaje en todas sus disciplinas: acción, macro, nocturnas, incluso paisaje.


NUEVO SENSOR


A este respecto, la fotografía de paisaje, es bienvenido el ligero aumento de resolución: de 16 a 20,4 MPEl sensor Micro 4/3 de la nueva Olympus OM-D E-M1 Mark II (parece que fabricado por Sony) tiene un buen rango dinámico y ofrece una resolución más que suficiente para la mayoría de aficionados o para un profesional del mundo editorial. 

Y eso se ha logrado sin aumentar el ruido de las imágenes sino todo lo contrario, lo cual es de agradecer. Creo que la mejora respecto al modelo anterior podría ser de en torno a medio punto. Siendo un usuario habitual de cámaras Full Frame (es decir, acostumbrado a las imágenes con muy poco ruido, o a disparar fauna salvaje a 1600, 3200 o incluso 6400 ISO),  mi límite de uso habitual con esta Olympus lo situaría en los 1600 ISO. Más arriba el pelo o el plumaje de los animales se desdibuja, en especial si usamos un programa de reducción de ruido para paliar la aparición del grano. Para fotografía de retrato, viaje u otras disciplinas seguro que puede usarse hasta 1600 o 3200 ISO, pero a costa de sacrificar nitidez en las texturas finas.

Una vez de regreso al estudio, al trabajar luego en el ordenador con los archivos RAW que hice con la Olympus y con los de mi cámara Full Frame, apreció una mayor flexibilidad de los archivos de sensor completo respecto a similares imágenes obtenidas con la Micro 4/3. Pero estamos hablando de un sensor de una cuarta parte del tamaño, con pixeles mucho más pequeños (1 pixel=11.02 µm² en la Olympus E-M1 MkII contra 28.73 µm² en la Canon 5D MkIV, casi tres veces mayor). En la mayoría de fotografías eso no afecta el resultado final, pero en algunas con luces o contrastes extremos al jugar con las curvas o niveles constato algo de diferencia en el rendimiento.



Banquisa ártica en el Océano Glacial Ártico, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 200, 12-100 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany



Iceberg azul en el Océano Glacial Ártico, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 300 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany


Si a alguien le parecieran insuficientes los 20,4 MP, Olympus ofrece el ingenioso Disparo de Alta Resolución, en que la cámara combina ocho imágenes consecutivas desplazando micrométricamente el sensor entre cada una, para obtener una espectacular resolución de 50 MP en cámara, u 80 MP en el archivo RAW. Eso si, debiendo recurrir al uso de un trípode y sólo con sujetos estáticos.


En Svalbard no tuve ocasión de probar este tipo de fotografía de alta resolución, por lo que tras el viaje pedí a Olympus quedarme la cámara un par de semanas más. Entonces fui al Pirineo navarro y allí pude probarlo con tranquilidad, estudiando sus ventajas e inconvenientes. Para no alargar este artículo, os prometo una segunda parte tan sólo centrada en este modo de alta resolución.

Acantilados de Alkhornet, Svalbard, 2017
Olympus OM-D E-M1 Mark II, a ISO 400, 12-100 mm f:4 Pro a mano alzada
© Oriol Alamany


Al igual que con todas las Olympus, el sensor de imagen es estabilizado, lo que permite reducir las vibraciones en cualquier tipo de óptica que montemos, sea o no de marca Olympus, tenga o no estabilizador. Dado que en Svalbard se fotografía mucho paisaje a mano alzada desde la cubierta del barco o, en las excursiones en grupo a veces resulta engorroso montar el trípode, muchos paisajes los realicé recurriendo al estabilizador de imagen.


Algunos nuevos objetivos que Olympus empieza a sacar incorporan un segundo estabilizador en la óptica (como el 300 mm f:4 IS Pro y el 12-100 mm f:4 IS Pro). En estos casos ambos estabilizadores suman sus efectos lográndose resultados inimaginables hace pocos años. Según Olympus se puede disparar a mano alzada a velocidades 6,5 pasos menos de lo habitual. Yo diría que en torno a los 5 es más realista. Con el 12-100 mm, y dependiendo de la focal, pueden obtenerse fotografías inmóviles disparando a mano alzada a velocidades de obturación 1 o 1/2 segundo. Y como he comentado antes, he hecho fotografías a 1/8 de segundo con la focal equivalente de 600 mm. Eso sí son innovaciones útiles para quienes trasteamos los equipos fotográficos en condiciones difíciles.


EPÍLOGO

El viaje a Svalbard 2017 finalizó y tras unos días más relajados en Navarra probando el modo Alta Resolución (¡Queda pendiente el artículo sobre ello!), llegó el triste momento de devolver el equipo a Olympus. 

Mi sensación final es que el salto tecnológico que han dado las mirrorless de gama alta en esta última generación, aparecida tras mis primeros artículos al respecto, es notable. Los diseñadores han trabajado duro y han conseguido grandes logros. Y no tan sólo con las cámaras, si no que las gamas ópticas (algo en que Nikon o Canon aún resultan insuperables) van creciendo lentamente. Ahora Olympus, Panasonic, Fujifilm y Sony ya ofrecen unos pocos teleobjetivos, pero se rumorean más, algo que necesitamos los fotógrafos de naturaleza. Recientemente Olympus ha sacado tres ópticas Pro ultraluminosas f:1.2 (17, 25 y 45 mm) y espero que el siguiente paso sea algún teleobjetivo zoom o bien luminoso f:2.8. Y también queremos un teleconvertidor 2x de calidad que funcione bien con el 300 mm f:4 Pro.

A las cámaras sin espejo aún les queda algo de camino por recorrer para alcanzar a las réflex de gama alta más prestigiosas, pero la Olympus OM-D E-M1 Mark II ya está muy muy cerca y hoy en día es una opción plenamente válida para realizar fotografía de naturaleza.


(Si quieres ver las fotografías a mayor tamaño, haz clic en ellas)



Del 13 al 24 de julio de 2018 volveremos a las islas Svalbard en un viaje conmemorativo del 30 aniversario del comercio Foto K en el que precisamente colaborará Olympus, aportando algunos equipos de préstamo para los participantes que lo deseen y otras ventajas. Si quieres venir con nosotros, apresúrate porque las plazas en el barco vuelan.





15 comentarios:

  1. Gracias Oriol por tomarte tu tiempo en este magnífico artículo! Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues un buen tiempo me ha llevado, desde que empecé a escribirlo en verano :-) pero al fin he encontrado unos días para terminarlo.

      Eliminar
    2. Jajaja, queria decir el tiempo que has dedicado a hacerlo! Otro abrazo!

      Eliminar
  2. Gràcies per compartir la teva experiència i la teva sinceritat. Un magnífic article

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Celebro que te guste, me cuesta mucho mentir en mis escritos, por lo que lo que escribo es sinceramente lo que pienso.

      Eliminar
  3. Quan he vist l'anunci del article en el lector de feeds m'ha picat la curiositat de veure si coincidíem i m'alegro llegir opinions que no s'allunyen gaire de les que vaig poder constatar quan la vaig provar. Per mi era la opció ideal per volar junt amb el 12-100 (24-200) que em permetria tenir-ho tot en un kg aprox però la realitat és que per fotografia aèria li falta rapidesa d'enfoc, les bateries continuen durant molt poc, el macro no desenfoca prou a F/2.8, diria que aquesta obertura equival a un f/5.6 o més en una FF , trobo el bokeh no tant maco o artístic com el del format complert i els raws son molt tous en comparació a una reflex mitjana (la meva és del 6-2012).
    Em feia molta il·lusió aquesta càmera i tot el sistema, que entenc que deu ser totalment vàlid per fotografia street, arquitectònica o inclús de natura però no portada a extrems... encara.
    Suposo que tindré que esperar a una MKIII o a un nou model d'una altra marca similar per alleugerar el meu equip i no castigar tant la meva esquena.
    Bon article i gràcies per la sinceritat!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Pere, respecto a la profundidad de campo, a distancia focal equivalente y mismo encuadre, el M 4/3 da unos desenfoques similares a los que obtendrías en FF a dos aberturas menores. Es decir, lo que dices de f:2.8 en M4/3 = a f:5.6 en FF, es cierto, tal y como lo explicaba con detalle y fotos de muestra hacia la parte final de un artículo de este mismo blog en 2015: http://blog.alamany.com/2015/03/test-teleobjetivo-olympus-m-zuiko-40-150mm-f2.8-pro.html Esta es una de las razones por las que Olympus ha sacado este año nada menos que 3 ópticas f:1,2.

      Eliminar
    2. En lo que respecta a la rapidez de enfoque en fotografía aérea me sorprende lo que dices, ya que la cámara tiene un AF fulgurante y desde el aire casi todo está a Infinito, por lo que el motor de enfoque no debe recorrer grandes trayectos. Está bien conocer la experiencia directa de un especialista en este campo como tú.
      Como veras en el texto coincido contigo que los Raws no son muy flexibles, acostumbrados como estamos ambos a los de los sensores FF.

      Eliminar
  4. Respuestas
    1. Disculpa, pero no entiendo tu pregunta: ¿Poner detrás una Pen F? ¿Detrás de qué?

      Eliminar
  5. Perdona, estaba enfrascado en la lectura y centrado en el 300.
    En estas fechas me voy a hacer con una penf para poder callejear "capricho" pues uso Nikon y no me va ir con ellas por la calle sobretodo por el ruido que meten. En un futuro me gustaria ponerle un tele y por eso la pregunta.

    ResponderEliminar
  6. Interesante artículo para saber un poco más sobre olympus, yo hago interiores y arquitectura y de momento no se si es una disciplina para las olympus

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con la gama de ópticas actual, y trabajando con trípode y a ISOS bajos, la serie OM-D puede servir perfectamente bien para fotografía de interiores y arquitectura. Todo depende de tus necesidades finales de resolución. Lo único que no tendrás son los objetivos Tilt&Shift para variación de perspectiva que sí que ofrece Canon y Nikon. Pero `puedes corregir la perspectiva durante el postprocesado.

      Eliminar
  7. Muy buen articulo, fotos y demas demostraciones de los objetivos varios que probastes, tengo la EM1 y es una bestia parda para aprender a echarla a andar muchos menus y controles todo a su tiempo, gracias por tu sinceridad y forma de tratar el contenido, indiscutiblemente profesional, saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, a los que venimos de otras marcas se nos hace difícil dominar estos complejos menús de Olympus. Pero con el uso te vas acostumbrando a ellos.

      Eliminar