3/10/09

• El ataque de las cámaras compactas



M2
Barcelona-2009

Canon PowerShot G10
© Oriol Alamany

Desde la popularización de la fotografía digital las cámaras fotográficas se han clasificado básicamente en DSLR (cámaras de visión réflex con ópticas intercambiables), dotadas de unos sensores de un tamaño apreciable con los cuales pueden obtenerse magníficos resultados a altas sensibilidades ISO con niveles de luz inimaginables para las películas; y cámaras compactas, con o sin visor óptico equipadas con sensores minúsculos, con frecuencia incapaces de proporcionar unos resultados de calidad profesional ni siquiera a su sensibilidad ISO mínima.

Pero desde hace poco tiempo algunos modelos de compactas coquetean descaradamente con los fotógrafos profesionales o, al menos, con los aficionados expertos, ofreciendo en aparatos de reducido tamaño y poco peso, prestaciones y resultados que cada vez se acercan más a los obtenidos por las DSLR.


Y es que la fotografía digital ha tomado las calles, y una réflex pesa mucho y no cabe en un bolsillo. Cuando uno está de viaje, sacar una Canon EOS-1 D o una Nikon D3 para fotografiar en una calle de la India o en un mercado africano es la mejor manera de llamar la atención de todo el mundo, precisamente lo contrario que se suele pretender.


Old Sana'a
Yemen-2009
Canon PowerShot G10
© Oriol Alamany

Desde la aparición en el año 2006 de la Sigma DP1, la Leica M8 (ambas intentos fallidos de ofrecer una cámara pequeña de gran calidad de imagen) y la Ricoh GX100, y en 2008 con la Sigma DP2, la Panasonic Lumix LX-3 y la Canon PowerShot G10, todas ellas capaces de trabajar en formato RAW, los profesionales empezaron a recuperar el interés por este tipo de cámaras pequeñas que, en tiempos de la película, tanto uso tuvieron por parte de fotoperiodistas y aficionados cuando de pasar desapercibido se trataba.

Este verano ha sido pródigo en revolucionarias novedades en este sector. Todo empezó en junio con el anuncio de la Olympus PEN E-P1. Con un sensor de formato Micro 4/3 (mucho mayor que los habituales en las compactas), ofrece la novedad del uso de ópticas intercambiables. Además han aparecido adaptadores para poder montar en las Micro 4/3 gran número de ópticas del mercado (Leica, Canon FD, etc). Dada la inclusión de la estabilización de imagen en el mismo cuerpo de la cámara, cualquier óptica recibe los beneficios de la estabilización. ¡Me encantaría recuperar mi excelente Canon FD 300 mm f:2.8L que descansa en el fondo de un armario, montado con el correspondiente adaptador en una de estas cámaras! Lamentablemente, los primeros tests publicados de la Olympus no dejan en muy buen lugar las prestaciones de su enfoque automático.




En julio y agosto le siguieron los anuncios de la Ricoh GR Digital III, y las Canon G11 y S90, menos revolucionarias (usan el más habitual y diminuto sensor 1/1.7" y ópticas no intercambiables), pero prometiendo mejoras en la calidad de imagen a altas sensibilidades ISO que habrá que comprobar cuando estén disponibles las primeras unidades.



Y en septiembre les siguieron varios modelos más. Empezando por la impresionante Panasonic GF1, para mi gusto la más interesante de todas ellas. Esta cámara también usa un sensor Micro 4/3 y ópticas intercambiables igual que la Olympus, pero en un cuerpo mucho más atractivo y que, por las primeras tomas de contacto que he podido leer, parece que funciona bastante mejor. Lamentablemente no incluye estabilizador de imagen, excepto en alguno de sus objetivos.



La traca final la dió Leica que presentó a bombo y platillo la joya de la corona: la Leica M9 telemétrica con un sensor FX o Full Frame o 1X. Queda claro que a un precio de 5.500 euros sin óptica alguna esta cámara pertenece a otro nivel en el cual no vamos a entrar. Pero la sorpresa fue la nueva y más pequeña Leica X1, que utiliza un sensor del tipo DX (con factor de recorte 1,5X) igual a algunas réflex y a las Sigma DP. Lamentablemente la X1 viene limitada por su óptica de focal fija no intercambiable 24 mm f:2.8 y su delirante precio que ronda los 1.550 euros, casi 300 más si deseas el visor óptico supletorio para poder fotografiar sin parecer un turista con los brazos extendidos. A título comparativo, una Panasonic GF1 con una óptica fija (¡pero intercambiable y más luminosa!) como el 20mm f:1,7 cuesta 745 €, menos de la mitad).




La nueva tendencia se confirma con fuerza y, por lo tanto, en 2010 seguro que van a ser bastantes los aficionados e incluso profesionales quienes a veces dejen sus réflex en casa para salir más ligeros a obtener fotografías con estas pequeñas maravillas que intentan cambiar el modo en que hacemos fotografías.


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