
Pescadores en la costa Norte, Isla de Socotra (Yemen)
Canon EOS-1 Ds MkII, 17-40mm f/4L
© Oriol Alamany

Pináculos del Pico Mashanig asomando tras una duna, Socotra
En el interior de la isla se levantan picos que superan los 1500 metros de altitud.
Canon EOS-1 Ds MkII, 500mm f/4L IS, trípode
© Oriol Alamany
Dragos de Socotra (Dracaena cinnabari) de noche, Socotra
Canon EOS-1Ds MkII, 17-40 mm f:4L, trípode
© Oriol Alamany
(English summary at the end of the Post)
Hace un tiempo el amigo Xavi Bartrolí me habló de una isla yemení situada en el Mar de Arabia, a unos 230 km al Este de la costa de Somalia. Me habló de sus extraños árboles, de sus pájaros endémicos y de sus solitarias playas sin hoteles ni turistas. Y también de los vientos huracanados que impedían el acceso durante buena parte del año. Era la isla de Socotra.
Bautizada como Dioscórida por los antiguos griegos, es un lugar olvidado del mundo, aunque tremendamente rico en historia y que fuera punto de origen del incienso y de la mirra, productos que tanta importancia tuvieron para el comercio de la antigüedad. Se trata asimismo del territorio donde, según la leyenda, vivía la mitológica ave fénix, además de estar enclavada en un mar de piratas, aún en la actualidad. Por aquí pasaron el apóstol Santo Tomás, el viajero Marco Polo y, el ficticio héroe Simbad. El acceso a los extranjeros estuvo prohibido durante años y los vientos monzónicos y la falta de un aeropuerto hasta 1999 fomentaron su aislamiento. Socotra, Socotora, Soqotra, Suqotra, Sokotra, Suqutrah o Sukhatra (سقطرة) rebosa biodiversidad y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO hace menos de un año.
Interesado como estoy por las islas remotas, busqué información sobre este archipiélago y lo guardé en mi lista de destinos deseados, a la espera del momento adecuado para ir a fotografiar un lugar sin infraestructura para los viajeros, que se prometía logísticamente complicado y comercialmente arriesgado.
EL NACIMIENTO DE UN PROYECTO PERSONAL
Creo que esta tendencia nos aleja un tanto de la esencia del viaje como experiencia personal, así como del conocimiento y contacto con la naturaleza salvaje. Por ello, como fotógrafo y como persona, cada vez me apetece más trabajar temas poco conocidos y experimentar el placer de descubrirlos por mi mismo. Esta inquietud ya me llevó últimamente hasta el remoto archipiélago de las Pribilof en el Mar de Bering, a explorar la solitaria pista Dempster Highway en el Ártico Canadiense, o a andar durante un mes en el macizo de los Annapurna en plena época de los Monzones.
En noviembre de 2008, asistí al Festival International de la Photo Animaliere et de Nature de Montier-en-Der en Francia y allí vi imágenes maravillosas, pero muchas eran de los mismos destinos y especies. Allí se afianzó la idea de trabajar en un gran reportaje sobre algo distinto. Había llegado mi momento para Socotra: indagué a fondo en Internet, compré algunos libros y contacté con varias ONGs que desarrollan proyectos de conservación en la isla. Los e-mails comenzaron a fluir por la red: desde Barcelona a Madrid, a Londres, a Amman, a Sana'a, a Socotra... Mientras, mi compañera Eulàlia se enfrascaba en sus habituales tareas de producción: buscando los vuelos más adecuados, combinando fechas de llegadas y partidas, buscando enlaces, y organizando los complejos aspectos económicos del viaje.
A lo largo de los meses de diciembre y enero de 2009 todo fue encajando muy lentamente y a primeros de febrero, con todo preparado y ya cercana nuestra partida, los amigos Alex y Estefania decidieron unirse a nosotros durante la primera mitad de este viaje.
En los días previos a la partida, cuando conocidos, clientes y familiares nos preguntaban cual era nuestro próximo destino y, tras nuestra respuesta, respondían con un –¿Y donde está esto?–, supimos que habíamos acertado en la elección.
En los días previos a la partida, cuando conocidos, clientes y familiares nos preguntaban cual era nuestro próximo destino y, tras nuestra respuesta, respondían con un –¿Y donde está esto?–, supimos que habíamos acertado en la elección.
Crepúsculo en un cañón en el altiplano de Diksam, Socotra
Canon EOS-1Ds MkII, 70-200 mm f:2.8L IS, trípode
© Oriol Alamany
Alimoche bebiendo agua, Socotra
Canon EOS-1 Ds MkII, 500mm f/4L IS, trípode
© Oriol Alamany
Escribano de Socotra (Emberiza socotrana), Socotra
Una de las aves endémicas de Socotra de más difícil observación. Hasta el momento jamás se ha encontrado un nido de esta especie. Nosotros observamos a una pareja cebando un joven volandero.
Canon EOS-1Ds MkII, 500 mm f:4L
© Oriol Alamany
Rosa del Desierto de Socotra (Adenium obesum sokotranum) bajo un cielo estrelllado, Socotra
Canon EOS-1Ds MkII, 17-40 mm f:4L, trípode
© Oriol Alamany
Canon EOS-1Ds MkII, 17-40 mm f:4L, trípode
© Oriol Alamany
DEL SUEÑO A LA REALIDAD
A mediados de marzo volamos de Barcelona a Amman, en Jordania, y de allí a Sana'a, la capital de Yemen. Tras superar serios problemas con la burocracia y el equipaje fotográfico (¡un oficial quería requisar todo nuestro equipo!) logramos tomar un vuelo local hasta Socotra. No habíamos logrado comprar los vuelos de salida de la isla, pero pensamos que la providencia ya nos ayudaría una vez allí. Al escribir a las agencias de viaje de Sana'a para intentar comprar los billetes nos respondían, o bien que los vuelos deseados no existían aunque aparecieran en la web de la compañía aérea, o que ya estaban todas las plazas llenas, o que en realidad la compañía aún no había comprado el avión para poder operarlo. Ante nuestra sorpresa e insistencia la respuesta era: —This is Yemen!—.
A mediados de marzo volamos de Barcelona a Amman, en Jordania, y de allí a Sana'a, la capital de Yemen. Tras superar serios problemas con la burocracia y el equipaje fotográfico (¡un oficial quería requisar todo nuestro equipo!) logramos tomar un vuelo local hasta Socotra. No habíamos logrado comprar los vuelos de salida de la isla, pero pensamos que la providencia ya nos ayudaría una vez allí. Al escribir a las agencias de viaje de Sana'a para intentar comprar los billetes nos respondían, o bien que los vuelos deseados no existían aunque aparecieran en la web de la compañía aérea, o que ya estaban todas las plazas llenas, o que en realidad la compañía aún no había comprado el avión para poder operarlo. Ante nuestra sorpresa e insistencia la respuesta era: —This is Yemen!—.
En Socotra trabajamos intensamente durante tres semanas bajo un sol abrasador, durmiendo muchas noches al raso bajo las estrellas o en un espartano funduq con duchas de agua fría, y alimentándonos básicamente de pan árabe acompañado de miel, quesitos en porciones o latas de atún que los abundantes alimoches o las descaradas cabras nos quitaban en cuando podían. Algunos días pudimos comer arroz con algo de cordero o bien pescado fresco recién capturado en los arrecifes de coral. Cuando la comida faltaba las cabras se contentaban con papel y, al parecer, las páginas del libro que yo llevaba para leer, "Los árabes del mar" del periodista y fotógrafo Jordi Esteva, les parecieron especialmente apetitosas.
(P.D: Dos años después, en 2011, Jordi Esteva publicaría el libro "Socotra, la isla de los genios" precisamente sobre esta isla).
El Toyota Land-Cruiser que logramos alquilar —no sin dificultades—, tenía más de 700.000 kilómetros a sus espaldas, sus puertas no cerraban y, de vez en cuando, se negaba a arrancar si no era con la ayuda de unos golpes de piedra dados con precisión en cierta parte de su mecanismo.
Los habitantes de la isla, con contadas excepciones, no hablan más que socotrí, un antiguo idioma semítico del que nos esforzamos por aprender algunas frases, y árabe. Pero su amabilidad superaba todos los obstáculos, aunque hay que resaltar que son reticentes a ser fotografiados.
Los habitantes de la isla, con contadas excepciones, no hablan más que socotrí, un antiguo idioma semítico del que nos esforzamos por aprender algunas frases, y árabe. Pero su amabilidad superaba todos los obstáculos, aunque hay que resaltar que son reticentes a ser fotografiados.

Delfín rotador (Stenella longirostris) saltando, Socotra
Canon EOS-1Ds MkII, 70-200 mm f:2.8L IS
© Oriol Alamany
Pescadores de tiburones, Socotra
Canon EOS-1Ds MkII, 17-40 mm f:4L
© Oriol Alamany
Joven pescando con red, Socotra
Canon EOS-1 Ds MkII, 70-200mm f/2.8L IS
© Oriol Alamany
Socotra no nos defraudó y a pesar de las dificultades (¿o quizás debido a ellas?) nos dejó cautivados. Al ver alejarse la imagen de la isla por la ventanilla del avión a Eulàlia se le saltaban las lágrimas. Nuestra conversación ya giraba en torno a cuando regresaríamos a esta isla del Mar de Arabia. Ahora, de regreso a nuestra sociedad occidental sumergida en la crisis económica, la mediocridad y el color gris, nuestros ojos siguen repletos del increíble azul del mar de Arabia y del rosa vivo de las flores de los Desert Rose Tree.
En pleno proceso de edición del abundante material fotográfico obtenido, y a la espera de poder montar una galería en la web, de momento aquí os muestro algunas de las primeras fotografías de este trabajo.
(P.D.: Galería de fotografías de Socotra publicada luego en mi web)
Paisaje con peces en Dihamri, Socotra
Canon PowerShot G10, Caja estanca Canon WP-DC28
© Oriol Alamany
Corales Pocillopora sp. y Millepora sp., Socotra
Canon PowerShot G10, Caja estanca Canon WP-DC28
© Oriol Alamany
NOTAS FOTOGRÁFICAS
Un viaje como este, donde había posibilidades de fotografiar tanto grandes paisajes, como flora, fauna, personas y, además, seres marinos, requería de una compleja organización del equipo fotográfico. Llevaba mi mochila fotográfica Lowepro como equipaje de mano cargada a tope, además de facturar numerosos accesorios y ello complicó el embarque en el aeropuerto de Barcelona. En casos como estos es mejor no ponerse nervioso, no enfrentarse al personal de la compañía y buscar una solución razonable para ambas partes. Luego, en Yemen, el abultado equipo fotográfico no fue bien visto por las autoridades y ello nos ocasionó un serio problema en la aduana, que se solucionó con paciencia, buenos modos y algo de picardía.
Las cámaras y ópticas que utilicé fueron mis habituales de los últimos años: Canon EOS-1 Ds MkII y EOS 400D, 17-40 mm f:4L, 70-200 mm f/2.8L IS, 90 mm f:2.8 TS-E y 500 mm f/4L IS con teleconvertidores 1,4x y 2x. La única novedad en mi equipo era una caja estanca Canon WP-DC28 para la Canon Powershot G10, que me proporcionó algunas interesantes imágenes submarinas.
En Socotra tan sólo hay electricidad en la capital Hadiboh, y no durante todo el día. Además, los cortes de luz son muy frecuentes. Por ello era imprescindible el uso de un enchufe protector de sobretensiones o Surge Protector para proteger nuestros aparatos electrónicos. Para descargar las fotografías digitales llevaba mi Mac PowerBook portátil, teniendo siempre la precaución de hacer copias de seguridad en discos duros externos de 2,5". Uno de estos pequeños discos con todas las fotografías realizadas no se separaba jamás de mí.
La última noche, a oscuras debido a una avería en el generador eléctrico, pude mostrar una selección de fotografías en el restaurante del funduq. Hasta los camareros acabaron apiñados sobre la pantalla del ordenador portátil disfrutando de las imágenes de su isla. Al día siguiente un avión se nos llevó hacia Sana'a y luego a Jordania. Pero lo que hicimos en ese otro país ya es tema para otro artículo.
Oriol fotografiando delfines desde una barca de pescadores. Los teleobjetivos dotados de estabilizador de imagen son tremendamente útiles en situaciones como esta.
Canon G10, © Eulàlia Vicens
Acampados en el fondo de un wadi en el abrupto centro de la isla.
Canon EOS-1 Ds MkII, © Oriol Alamany
Eulàlia y Estefania ayudándome a fotografiar los endémicos Aloe perryi, que crecen en el árido altiplano rocoso que se extiende por el interior de la isla, bajo la atenta mirada de Ahmed. Los reflectores plateados ayudan a suavizar las sombras producidas por el intenso sol.
Canon Ixus 870 IS, © Alex Martin
Oriol recechando aves marinas en una playa solitaria con el teleobjetivo de 500 mm f:4L.
Canon Ixus 870 IS, © Eulàlia Vicens
I have been working for three weeks in the yemeni island of Socotra, near Somalia's coast, a not so much known destination in the Indian Ocean. Declared UNESCO World Heritage Area less than a year ago it is a place with lonely beaches, strange looking trees and many endemic plants and birds.
We flew from Barcelona in Spain to Amman in Jordan, and then to Sana'a in Yemen. After some problems with our photographic equipment at the airport, we took a local flight to Socotra. The life was not easy there, but we fall in love with the island. I am now in the process of editing the many pictures we took there, and before uploading a new Gallery to my website, I show you now some first images.
Socotra Soqotra Suqotra Socotora Sokotra Island Yemen Indian Ocean Travel Nature Wildlife Photography Dragon Blood Tree














El relato; impresionante y las fotografías me imagino que espectaculares. Parece que todavía quedan paraísos inexplorados en este planeta. Imagino que pronto darás salida a ese material, estamos ansiosos por verlo...
ResponderEliminarRealmente impresionante el relato...Magnificas las imágenes !
ResponderEliminarParece increible que, pese a todo, queden lugares como éste, en que el tiempo parece se haya detenido y tanta belleza concentrada hace estallar los sentidos.
Gracias por encontrar este reducto y trasladarlo a nuestro alcance!
Gracias por compartir tus experiencias y por mostrar imágenes de estos rincones espectaculares.
ResponderEliminarNos desvelaras pronto el nombre de la persona que esta sentada contemplando un paisaje maravilloso de catalunya en un anuncio televisivo ??? ;-)
Salutacions,
David
Ha sido mágico ver todo ésto. Y además, la más que completa explicación que acompaña estas fotografías. Le agradezco que nos muestre todo ello, y cómo es habitual, sigo quedándome más que asombrada, ya no sólo por su trabajo, el de todos ustedes, sino por mostrarnos estos lugares de los que jamás había oído. Muchas gracias . Saludos
ResponderEliminarTu relato me hecho adentrarme en este indómito lugar. Las imágenes acompañan magnificamente esta aventura mostrando el sello del autor!
ResponderEliminarGran reportatge d'un país desconegut. Les fotos són magnífiques.
ResponderEliminarFelicitats
Oriol, quines fotos més espectaculars. Les nocturnes amb un gran imaginació artistica. Ja sé que sempre vas ben acompanyat, però de ben segur que un dia si vols et porto la motxila.... felicitats per ser feliç.
ResponderEliminarRealment vivim en un món, que encara que globalitzat, conserva petits racons que convindria esborrar dels mapes per guardar-los per sempre del turisme massiu. Gràcies per mostrar-nos aquestes meravelles.
ResponderEliminarSergi
Maravilloso viaje y bellísimas imágenes. Jamás dejo de sorprenderme de cuánto tiene la naturaleza para ofrecernos. Como aficionada a la fotografía de naturaleza me gustaría mucho conocer Socotra. Muchas gracias por compartir esta experiencia y regalarnos este viaje virtual. Saludos desde Argentina. Raquel S Morales
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